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Muy lento pero
progresivo fue le
adelanto urbanístico de
la población de Rivas,
desde la visita de Morel
de Santa Cruz en 1752 a
la época de su erección
en ciudad -La Asamblea
Legislativa del Estado
de Nicaragua, emitió en
la ciudad de León en
1835 el decreto que
expresaba:«La Villa de
Nicaragua es declarada
CIUDAD, con su propio y
antiguo nombre de
RI-VAS»-, pues apenas
ofrecía una población de
treinta , al me-dio
siglo XVIII, con calles
irregulares y de
persistente mal trazado.
El pequeño rectángulo de
seisceintas varas
cuadradas de Oriente a
Poniente por quinientas
de Norte a Sur, estaba
estrechando o
comprimiendo por la
hacienda llamada de «Mongalo»
por el O-riente; por la
de don Indalecio Maliaño
por el Occidente,
llamada «Guadalupe» y
por la hacienda «Santa
Ursula» por el Norte.
Posibilidad de
ex-tenderse el perímetro
no existía síno por el
rumbo Sur.
Las construcciones eran
generalmente de
horcones, con paredes de
caña brava y embarro.
Algunas eran de adobes y
de vieja estructura y
muy pocas las de
construcción firme,
sólida y resistente.
En cuanto a edificios
públicos solamente
subsistían, muy
deteriorados algunos, el
templo, la Casa Cural,
el Cuartel de las Armas
y las ermitas.
La gente de los barrios
o caseríos vecinos a la
población y aún los
vecinos de ella, acudían
en la madrugada, al
mercado y Rastro -local
donde se destazan
animales para consumo de
la población- para hacer
sus compras de carne y
provisiones, regresando
a sus respectivos
domicilios. El Mercado
era particular y
provisional, hasta la
construcción del primero
que tuvo la ciudad.
Habían en la ciudad tres
estancos o cantinas de
expendio de licores. El
principal, visitado por
gente del pueblo, estaba
situado en el barrio de
Punta Caliente, frente a
la antigua casa que fue
de don Nemesio Martínez.
Frente a los estancos o
cantinas se efectuaban
todos los sábados por
las tardes y hasta la
diez de la noche, hora
de rondas, bailes
populares, con marimba y
guitarra (instrumento
musical introducido por
los árabes a España, y
traído por estos a las
indias americanas).
Las canciones y música
de modas eran el
Zopilote, La Federecha y
el Tallito de Ajonjolí.
Era frecuente el canto
con la música y, como
moda de forasteros el de
las «bombas».
La clase social se
reunía para tertulias de
distración, en
determinadas casas y en
do-mingos señalados.
Tomaban refrescos y
bailaban alegre-mente,
sin faltar desde luego
el consabido ejercicio
de los «tijera»-
chismes- contra el
prójimo.
Las damas y señoritas de
la «sociedad», vestían,
vestían túnico de mangas
largas; y la clase media
y obrera, de camisa y
güipil, con golillas
vistosas y de
extravagante colorido y
la enagua o saya.
División
Cantonal en 1858
El primero de Noviembre
de 1858 el Municipio
dividió su jurisdicción
local y rural en doce
Cantones: Cantón
Oriental Urbano; Cantón
Occidental Urbano; Las
Piedras; La Puebla;
Veracruz; Cerros; Los
Horcones; El Rosario;
Popoyuapa; San Isidro;
Tortuga y las Salinas de
Nagualapa.
En sesión municipal del
primero de marzo de 1862
se dieron nombres a las
principales calles de la
ciudad, designándoseles:
Los Leoneses; Chaflán
Grande; Santa Ursula;
Calle Chiquita y Pancha
Sarrias.
El flagelo del polvo
durante la estación del
verano y la época de
fuertes vientos,
determinaron a los
munícipes de 1866, a
solicitar de don Enrique
Gottel, la elaboración
de un plan de riego de
las villas públicas
urbanas.
El Tolodrón
Contiguo a la casa de
don Pilar Cubero y en el
patio del costado norte
de la casa comercial de
don Francisco Tórrez, se
levantaba el histórico
como antiguo Tolodrón,
formado por una calle
prominencia o loma de
cascajo, en plena Calle
Real.
El Tolodrón fue lugar de
gran presencia
histórica. Le sirvió al
Gral. Bosque de muro de
defensa a sus tropas,
durante la batalla del
29 de Junio de 1856
contra la filibusteros
de Walker, que habían
ocupado la casa de don
Máximo Espinosa, frente
al mismo Tolodrón.
Fue, precisamente de
Tolodrón donde salió con
la tea encendida en la
mano, el héroe inmortal
Manuel Mongalo y Rubio,
para realizar la
“que-ma” del llamado
Mesón de Es-pinosa, que
provocó la derrota de
los mercenarios
norteamericanos.
En el predio del Mesón
de Espinosa construyó
más tarde una casa don
Indalecio Maliaño, que
habitó después su hijo
el Dr. Donoso Maliaño y
sirvió posteriormente
para mercadito, conocido
en los anales de la
localidad como el
Mercado Viejo.
El Tolodrón desapareció
en el año 1858, cuando
el Alcalde don Indalecio
Maliaño, mandó abrir la
calle que se conoció
popularmente como Calle
del Tolodrón.
El Protocolo
Municipal
El juramento prestado
por los munícipies, al
entrar en el ejercicio
de sus funciones, era
realizado ante una
imagen del Cristo
Crucificado, puestos de
rodillas y con una mano
en un ejemplar impreso
de los Evangelios y la
autoridad que tomaba el
juramento, concluía con
esta significativa como
nobílisama profesión de
democracia: «... Y si
vuestro comportamiento
fuere contrario a la
ley, Os haga responsable
el pueblo, vuestro
comitente»
En el artículo quinto
del Reglamento de la
Corporación Municipal,
conforme mandato
expresado en el Acta de
25 de junio de 1860, se
ordena a los miembros de
la Comuna: «Los
individuos que componen
este Honorable Cuerpo,
asistirán a sus sesiones
ordinarias o
extraordinarias de frac,
leva o saco y a ;as de
Tabla, en traje de
ceremonia».
«Voy Bien, Voy Mal»
Este
cuento que publicamos es
extraído de la obra
«Relatos y Cuentos y
Leyendas de Rivas»,
compilación de
testimonios y relatos
orales de su autor Jaime
Marenco Monterrey,
auténtico y apasionado
de la región rivense.
Este dicho se origina
por los años 30, cuan-do
Nicaragua, y
principalmente Rivas
exportaba ganado en pie
a Costa Rica, que
padecía gran escasez, y
para remediar esta
situación, el Presidente
de Costa Rica, don
Ricardo Jiménez Oreamuno,
egresado de la
Universidad Media
Meridional de la ciudad
de Rivas, publica el
decreto siguiente: «Por
cada vaca, el Gobierno
pagaría, además del
valor real, un premio de
40 dólares» con esto el
Gobierno pretendía
formar su hato ganadero,
para no padecer en el
futuro de este problema.
Rivas, gran productor de
ganado, comienza a
exportar reses, y solo
el hacendado don Juan de
Dios Pastora, puso en
Costa Rica 30,000
vientres, además
llevaban reses Los
Maliaños, Barrios,
Urcuyos, Talavera,
Sacasa, etc, con la
cantidad de reses que
Rivas exportó, se formó
prácticamente el hato
ganadero de Costa Rica.
El ganado era llevado a
Alajuela, que era el
principal mercado y los
ganaderos fuertes de
Rivas, tenían agentes en
esa cuidad para que
comercializaran el
ganado, las ganancias
por venta era del 3%.
En una ocasión, don
Constantino Urcuyo envía
una buena manada de
reses con destino a
Alajuela, recomendándole
encarecida-mente al
arreador del ganado, que
lo cuide como a su vida,
y que al llegar a
Bebederos (pueblo
intermedio en el
trayecto), le haga
llegar un telegrama,
avisándole como le va en
el viaje, pero que el
telegrama fuera lo más
corto para economizar,
pues don Constantino era
extremadamente metódico.
El Ganado sale de Rivas,
en una madrugada y a los
6 días estaban en
Bebederos. El arriero,
hombre diligente y fiel
servidor, lo primero que
hace al llegar al
caserío es dirigirse al
telégrafo para cumplir
con el encargo, el
tele-grama es recibido
en Rivas al término de
la distancia y don
Constantino al leerlo se
sorprende y se rasca la
cabeza, porque al
mentado telegrama, no le
entendía nada, fue tan
corto que en realidad
estaba confuso, el
telegrama decía: «Voy
Bien, Voy Mal». Don
Tino, preocupado
consultaba con su esposa
que significaría eso de:
«Voy Mal», consultaba
también a los amigos y
cada uno de ellos
opinaba diferente y don
Tino , más preocupado,
hasta llegar al extremo
de no dormir teniendo a
la pobre esposa al borde
de la locura, hasta que
se aparecen en Rivas los
arrieros y don Tino pide
que le expliquen eso del
telegrama, porque no
entendían nada y
suficientes de
preocupaciones todo este
tiempo del arreo.
El Mozo del arreo
explica; -Mire patrón,
eso es bien sencillo, el
telegrama lo puse corto,
porque usted me dijo que
fuera económico y cuando
le digo «Voy Bien» era
porque el ganado iba
completo, iba bien, y le
pongo «Voy Mal», porque
llevaba una diarrhea
incontenible. |