Es indudable que el
presidente Ortega está
irritado, y posiblemente
muy celoso, del evidente
acercamiento del
Ejército de Nicaragua
con el gobierno y las
fuerzas armadas de
Estados Unidos,
especialmente con el
Jefe del Ejército, Gral.
Omar Hallesleven, que es
un invitado frecuente a
Washington. Y con el
programa que ha
concedido becas para
graduar a cadetes de la
Academia Militar General
José Dolores Estrada, de
Nicaragua, en la
Academia Militar de
Estados Unidos en West
Point.
El Gral. Hallesleven ha
sido conferencista
invitado a la Escuela
Militar de las Américas,
en Estados Unidos. Esta
escuela es
frecuentemente atacada
por los medios de
comunicación
sandinistas, que no se
ven ni se escuchan ni se
leen fuera de Nicaragua,
pero donde califican a
este centro de
entrenamiento militar
para oficiales de
América Latina como
«escuela de asesinos».
Esta intensa relación del Ejército de Nicaragua con el gobierno y las
fuerzas armadas norteamericanas, motivó que el presidente Ortega haya
incluido en sus cotidianos discursos expresiones que literalmente
manifiestan su temor: «Es posible que estén preparando un “pinochetazo”»,
dijo Ortega. Y en otra ocasión reciente, denunció que «una contrarrevolución
está siendo montada por las fuerzas de la derecha con ayuda del imperialismo
yankee...» .
Los evidentes temores de Ortega, al hablar de que se
le está preprando un posible pinochetazo, indican que está señalando al
Gral. Omar Hallesleven como el posible futuro Gral. Pinochet de Nicaragua.
El Presidente Salvador Allende fue derrocado por el Jefe del Ejército de
Chile, Gral. Augusto Pinochet, el 11 de Septiembre de 1973 y después
permaneció 17 años como Presidente de Chile.
Extrañamente, Ortega denunció que se está preparando una
«contrarrevolución», lo cual es difícil de entenderle, pues en Nicaragua no
existe revolución, sino que Ortega fue electo presidente mediante una serie
de artilugios y pactos oscuros que dividieron a los liberales para
desembocar en unas elecciones en las que apenas obtuvo el 38% de los votos
de sus partidarios, e-levándolo a la presidencia, y esto --a todas luces--
no tiene nada de revolución, sino de compro-miso con la ciudadanía y debiera
ser su obligación cumplir con los mandatos constitucionales que rigieron
esas elecciones, principalmente con la democracia, pero Ortega no sabe
actuar de otra forma que aplicar su costumbre totalitaria.
En diversas ocasiones, desde que tomó posesión del Poder Ejecutivo ha
tratado de someter, subyugar y controlar al Ejército de Nicaragua, pero no
lo ha logrado, y el Ejército y sus Oficiales han mantenido un silencio que
se escucha muy fuerte.
Sin embargo, Ortega exuda miedo a su denunciado posible pinochetazo y a su
mencionada contrarrevolución. No obstante sigue intentando perpetuarse en el
poder manipulando y violando la Constitución, creando crisis políticas con
sus acciones y su lenguaje de guerrillero arcaico y desfasado. Y esto está
creando la inconformidad del pueblo nicaragüense, que cada vez está más
sometido a la miseria, sin esperanzas de alcanzar una mínima mejoría con el
régimen de Ortega. Al contrario, las inversiones extranjeras y nacionales se
están paralizando; la ayuda de los países cooperantes se apagó, la inflación
sube y la calidad de vida, empeora.