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Su
profesión: Periodista, Su pasión: La Poesía.

Ciclo Dariano 1991
Darío: Poesía y Política
Poemas de Adolescencia
(1878-1881)
Sollozos del Laud
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El Poeta
En medio del concierto de los mundos se escucha del poeta el célico laúd,
que canta en dulces trovas palceres y venturas, y en triste elegías y en
fúnebres endechas consagra sus canciones también al ataúd.
Él tiene por su numen las olas de los mares que su rizada espuma derraman
por doquier; las brisas que, besando las hojas de las flores, en dulce
movimiento y en blando devaneo se van en el en vacío confusas de a perder.
Los púdicos amores de vírgenes hermosas como la luna plácida, como el
naciente sol, que pasan por el mundo, fugaces y sonrientes, cual bellas
mariposas, cual cándidas palomas, que embriagan con su arrullo, que matan
con su voz.
Las nubecillas de oro
que en Occidente giran
cuando se oculta triste
tras el ocaso el sol;
los plácidos murmullos
de la callada selva;
las quejumbrosas tórtolas
que anidan en los sauces
y cantan saludando
la aurora de su amor.
Y el mundo a carcajadas se ríe del poeta y le apellida loco, demente,
soñador , y por el mundo vaga cantando solitario, sin sueños en la mente,
sin goces en el alma,
llorando entre el recuerdo de su perdido amor...
Prosigue, triste poeta,
cantando tus pesares;
con tu celeste numen
sé siempre bueno y fiel.
prosigue por el mundo
llorando tus dolencias...
Has de mirar tu nombre
tan alto como el cielo!
Has de mirar tu frente,
ceñida de laurel!
Romance
Era una tarde de enero;
el sol casi se ocultaba,
y las brisas dulcemente
gemían entre las ramas...
Murmuraban los arroyos,
y sus mil ondas de plata
parecía que reían...
Parecía que lloraban!...
Yo estaba junto a una fuente
viendo sus espumas blancas
y oyendo cómo los cantos
del jilguero en la enramada
se iban, confusos y tristes,
del céfiro entre las alas;
y estuve así contemplando
que no es mi desdicha tanta,
pues que poseo una musa,
una inspiración y una arpa.
Esa musa, tú eres, niña
De mejillas sonrosadas
De ojos bellos que enamoran,
Y que inspiran, y que encantan.
Esa inspiración es fuego
de tu amorosa mirada,
y el arpa es un don que le hizo
Naturaleza a mi alma.
Con ese arpa, ¡prenda mía!,
yo te cantaré baladas
dulces cual los blandos ecos
de la brisa entre las palmas...
Y te dormirás tranquila
en las fibras de tu hamaca,
mientras te canto yo trovas
Con las cuerdas de mi arpa.
La Tristeza
Me preguntastes, María,
qué es la tristeza , una vez...
ay, amiga!,
que la doliente armonía
de las auras del ciprés
te lo diga.
Pregúntale, al arroyuelo
que entre las praderas gime
con ternura,
y preguntáselo al vuelo
del aura leve que oprime
la espesura...
que te responda el quejido
de la onda de la laguna
que se mueve,
y el acento repetido
del ave que al ver su nido
se conmueve...
Que te diga el arpa eólica
que entre las ramas se mece rumurosa...
la armonía melancólica
que en el aire desaparece
misteriosa...
Que te lo revele el giro
de los mil velos de brumas,
allá en la noche serena,
que al morir dan las espumas
en la arena...
que te responda el lamento
del poeta desgraciado,
que delira
al mirar que lleva el viento
el cantar enamorado
de su lira...
Pues todo eso, amiga mía,
que esparce melancolía,
y toda esa
vqguedad que inspira tanto,
es, con su divino encanto,
la tristeza.
Las Tres
A Belisario Calderón
I
La primera es la hurí del paraíso
que en sus ensueños contempló Mahoma;
el fuego de los trópicos ardientes; el brillo animador de las auroras;
el espíritu vivo que palpita
en la sin par americana hermosa;
La rosa de esta selva que cautiva
con el perfume
de su corola.
Y es tan ardiente!
Y es tan graciosa!
Y es tan amable
y encantadora!
II
La segunda es la tímida violeta
que tiembla al beso del callado alisio;
celaje misterioso de la tarde;
melancólico ensueño de Murillo.
Es la tórtola dulce de estos valles;
La cristalina gota de rocío;
es idealización tan bella y pura
como un querube,
como un suspiro.
Y es tan sensible
su casto espíritu!
Y es tan modesta
Su alma de niño!
III
La tercera es ardor y al par ternura;
hurí del mulsulmán; virgen hebrea;
el fulgurar del alba, cuando nace,
y el rayo de la luna, que se quiebra;
luz, armonías y pudor, y gracia,
Y encantos, y sonrisas... Tal es ella:
ardores del estío, y vida y lumbre
de las mañanas
de primavera.
Y ella es tan cándida!
Y es tan poética es tan sublime!
Tan hechicera!
IV
Quién no abandona
Gloria y creencia
Por las sonrisas
De la primavera?...
Quién no suspira,
con honda pena,
de la segunda
por las ternezas?...
Y qué alma joven,
y qué poeta,
qué peregrino.
que ansía y sueña,
no canta amores
y llora quejas
si ve las gracias
De la tercera?...
Del Trópico
Qué alegre y fresca la mañanita!
Me agarra el aire por la nariz:
los perros ladran, un chico grita y una muchacha gorda y bonita, junto a una
piedra muele maíz.
Un mozo trae por un sendero
sus herramientas y su morral:
otro con caites y sin sombrero
busca una vaca con su ternero
para ordeñarla junto al corral.
Sonriendo a veces a la muchacha,
que de la piedra pasa al fogón,
un sabanero de buena facha,
casi en cuclillas afila el hacha
sobre una orilla del mollejón.
Por las colinas la luz se pierde
bajo el cielo claro y sin fin;
ahí el ganado las hojas muerde,
y hay en los tallos del pasto verde,
Escarabajos de oro y carmín.
Sonando un cuerno corvo y sonoro,
pasa un vaquero, y a plena luz
vienen las vacas y un blanco toro,
con unas manchas color de oro
por la barriga y en testuz.
Y la patrona bate que bate,
me regocija con la ilusión
de una gran taza de chocolate,
que ha de pasarme por el gaznate
Con la tostada y el requesón.
IN MEMORIAM
A mi querido amigo Victoriano Argüello.
En la muerte de su padre.
Brilla como el firmamento
la existencia del mortal,
sin que las nubes del mal
la empañen de sufrimiento.
Se desliza como embalsamada brisa,
cual de la flor el aliento,
en alas del blando viento.
Pero vienen impetuosas
las olas de los pesares,
y la sumergen en mares
de tinieblas espantosas.
Y cuánto!... Cuántos sentimos
cuando extinguido miramos
al ser que más adoramos!
En el alma,
ya no anida dulce calma!
Brotan llanto nuestro ojos...
Por doquiera, sólo abrojos...
Y en tremenda confusión
sentimos, hechos jirones
nuestro pobre corazón!
Murió tu padre, es verdad!
Lo llorás?... Tienes razón!
Pero ten resignación,
que existe una eternidad
donde no hay penas...
Y en un lecho de azucenas
moran los justos gozando,
sus venturanzas cantando;
y allí viven inmortales,
en deleites y alegrías,
oyendo las armonías
de las liras celestiales.
Qué es este mundo? Tristeza!
Y qué es aquél? Dicha y
Gloria!
Aquí, terrenal escoria!
Allá, Poesía... Belleza!
Blancas nubes,
y mil aéreos querubes
con aureolas en la frente,
cantan al Omnipotente,
y con guirnaldas hermosas,
en nubecillas de espumas,
de claveles y de rosas.
El hombre, ser afligido,
viene aquí a a llorar;
Mas su destino es tornar
Al «Paraíso perdido».
El camino que le ha trazado el Destino
Es, amigo, corto, corto!
Él es alondra que vuela
de su nido muy distante,
que pasa su vida errante
cual en los mares la estela.
Por eso, pues, se llanto,
que ahora miro en tus ojos,
sécale presto, y, de hinojos,
al Eterno eleva un canto,
que en el cielo
pide para ti un consuelo,
con su piadoso fervor,
Tu padre y tu bienhechor.
No llores, amigo, no
que goza en el infinito
el generoso proscrito
que la existencia te dió.. |