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CREAR Y MANEJAR CRISIS, ES LA
FÓRMULA SEGURA PARA REVENTAR A NICARAGUA Y NO FUE ELECTO PARA ESO
Con
la crisis creada por Ortega,
Nicaragua va por mal camino.

Ortega condecorando a Manuel Marulanda de las FARC. |

Mahamud Ahmadinejad, presidente de Irán, con Ortega. |

Hugo Chávez, presidente de Venezuela abraza a Ortega. |
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Por:
Francisco
Xavier Aguirre
Sacasa,
Diputado
y Presidente
de la Comisión
de Producción,
Economía y
Presupuesto
de la Asamblea
Nacional de
Nicaragua. |
NOTA: El título original del artículo escrito por el Diputado Francisco
Xavier Aguirre Sacasa, simplemente es Vamos mal, títular que hemos
modificado tomando los mismos conceptos expresados por el autor, para
adaptarlo al formato de La Estrella de Nicaragua Newspaper.
Vamos mal
Los últimos tres meses han sido pésimos para el gobierno de Nicaragua y le
han aportado un enorme y creciente desgaste político, aún dentro de la
militancia sandinista. El Presidente Ortega ha creado una nueva crisis de
gobernabilidad al tomar la inexplicable e indefendible decisión de suspender
las elecciones en tres municipios de la Región Autónoma Atlántica Norte,
RAAN.
Esta acción ha creado zozobra innecesaria y dañina, ha paralizado la
Asamblea Nacional y ha manchado la imagen de su Administración a nivel
nacional e internacional al poner en duda su compromiso con la democracia.
Pero este no ha sido el único error del presidente Ortega. Nombró tres
comisiones diferentes para renegociar los certificados CENIS’s con dos
bancos. Sin embargo, la fecha límite para efectuar los pagos de los CENI’s
--el 15 de abril-- pasó, y los CENI’s no se han pagado. Es decir, las
negociaciones que tenían meses de estar llevándose a cabo no han llegado a
feliz término. Este fracaso socava la confianza de inversionistas en
Nicaragua.
Me pregunto, ¿cómo podrá Nicaragua colocar US$45 millones en nuevos bonos en
el mercado este año, como tiene previsto el Programa Económico y Financiero
del gobierno, si el gobierno no honra las obligaciones que ya tiene? Además,
el no pago de los CENI’s ha puesto en peligro el acuerdo que nuestro país
tiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Tampoco se ha aprobado la ley antifraude en el Asamblea Nacional, condición
para continuar dentro del programa con el FMI. Esta demora, producto directo
de la incapacidad del gobierno de saber manejarse dentro de un marco
democrático, podría tener consecuencias catastróficas para Nicaragua. Sin
ley antifraude --por falta de gobernabilidad-- no habrá pro-grama con el
FMI. Y sin acuerdo con el FMI, los US$110 millones en apoyo presupuestario
previstos para 2008 --o al menos buena parte de esos fondos-- no se
desembolsarán.
Siguiendo con los errores, el presidente --a través del Poder Judicial que
claramente con-trola-- condenó a Jaime Chamorro y Eduardo Enríquez de La
Prensa por injurias. Este «logro» fue una victoria pírrica para el
mandatario, ya que desenmascaró su deseo de callar a los medios de
comunicación independientes. Además, de nuevo perjudica la imagen de la
administración y su compromiso para con la gobernabilidad y un estado de
derecho en Nicaragua.
Y sin estos elementos, esenciales para la democracia, una nación pequeña y
empobrecida como la nuestra, no podrá ganarse el respaldo financiero
internacional, al menos de los donantes tradicionales. Y sin ese apoyo no
puede ser viable.
Al «convencer» a la distribuidora de electricidad, Unión Fenosa, a cederle
aproximada-mente el 15% de las acciones de DisNorte y Dis Sur, el gobierno
se anotó otro cero. Demostró --a como lo hizo en el caso de la ESSO el año
pasado--, que puede imponérsele a algunas gran-des y medianas
transnacionales. Pero esto contribuye a ahuyentar la inversión internacional
que Nicaragua necesita para dejar de ser la segunda nación más pobre del
hemisferio. Y, ¿qué beneficios logró el presidente al adquirir esas
acciones? Muy poco. Ahora el pueblo maldecirá al gobierno y no sólo a Unión
Fenosa cada vez que se dé un alza de tarifas o haya un apagón.
La lista de reveses sigue y sigue. La falta de transparencia del gobierno,
el creciente rosario de escándalos, el espectro de un retorno al
racionamiento de energía, una inflación que amenaza superar el nivel
alcanzado en 2007 y que está muy por encima de las metas acordadas con el
FMI, el raquítico desempeño económico que está pulverizando a la población,
especialmente la urbana; la subejecución del programa de inversiones
públicas en el primer trimestre.
Todo esto --y más-- apuntan a un gobierno que no solamente no tiene un
compromiso para con la democracia representativa sino que no está
resolviendo los múltiples problemas económicos y sociales que son su
principal preocupación y que los están ahogando.
Como si todo esto fuese poco, las relaciones de Nicaragua y Estados Unidos
están entrando en una nueva fase. Cualquiera que está atento a este tema,
nota este cambio de actitud. Se «lee» en las declaraciones recientes del
futuro embajador Callahan en su confirmación por el Senado de EE.UU. en que
exterioriza inquietudes en cuanto a las políticas del presidente Ortega en
repuesta a preguntas de senadores Demócratas y Republicanos. Lo señala
también lo dicho por el Sub Secretario de Comercio de EE.UU., Padilla,
durante su reciente visita a Managua, al igual que en las declaraciones del
embajador Trivelli criticando la postergación de las elecciones en la RAAN.
El pragmatismo podrá seguir siendo la base de las relaciones de Washington
con Nicaragua, pero claramente la luna de miel, que duró 15 meses, se acabó.
Es cada día más obvio que Estados Unidos no le dará un «pase» o carta blanca
a todo lo que hace y/o dice el presidente Ortega.
Entretanto, los donantes que integran el grupo de apoyo presupuestario --y
cuyo número, por cierto, está mermando-- analizan lo que está pasando. Y no
han desembolsado ni un centavo de esta ayuda de rápido desembolso a
Nicaragua este año. ¡Ni uno!
Estas tendencias no son buenas para el gobierno de Ortega y son devastadoras
para la población nicaragüense. Se pueden, sin embargo, revertir. Pero la
responsabilidad primordial para efectuar un cambio de rumbo, para dar un
golpe de timón, la tiene el propio comandante Ortega, quien preside loa
nación (de allí viene el título de presidente que ostenta). Ortega tiene dos
opciones. Puede dedicarse a mandar creando e intentando manejar crisis, pero
esta es una fórmula segura para reventar a Nicaragua. O se dedica a gobernar
buscando el consenso y respetando el marco institucional y democrático que
tenemos. Este es el mandato que obtuvo en 2006, y ojalá sea el camino que
siga. |