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       Año XVI, Edición 378           Fundada el 1 de Mayo de 1986        16 páginas         Miami-Dade, FL, Mayo 1-15,  2008
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LA INSURRECCIÓN DE UN SOLO HOMBRE: LÓPEZ PÉREZ, QUIEN NO PIDIÓ NADA A CAMBIO

1956: La ejecución de
Somoza hace medio siglo.

Cuadragésima Segunda parte de una serie.
 

El Gral. Anastasio Somoza García entrando a la ciudad de León en un automóvil descapotado el 20 de Septiembre de 1956, dirigiéndose hacia el atrio de la Catedral de León donde le espera una multitud que le aclamará en apoyo de su reelección presidencial para el período que concluiría en 1962.
El 20 de Septiembre, el Gral. Somoza, ya vestido de traje, se dirige a pie al Teatro González de León para estar presente en la Gran Convención del Partido Liberal Nacionalista que le proclamará como candidato de ese partido gubernamental para la presidencia de Nicaragua..
Como siempre ocurre con los gobernantes del pasado, del presente y del futuro, las plazas se llenan de partidarios más falsos que verdaderos, en busca de exportar la imagen de apoyo popular. Esta multitud fue congregada para vitorear al Gral. Somoza el 20 de Septiembre de 1956 en el atrio-plaza de la Catedral de León.
Aspecto general de la Gran Convención del Partido Liberal Nacionalista, PLN, en el interior del Teatro González. Entre esta concurrencia estuvo Rigoberto López Pérez buscando oportunidad para disparar su Smith & Wesson .38 contra el Gral. Somoza, pero no le permitieron acercarse al escenario donde estaba Somoza. No obstante el periodista y abogado Rafaél Corrales Rojas (Raf), lo identificó y se lo señaló al Dr. Oscar Sevilla Sacasa como opositor y hombre peligroso, pero Sevilla Sacasa no le hizo caso.
Ya proclamado candidato presidencial por la Gran Convención del Partido Liberal Nacionalista, PLN, el Gral. Somoza lee su discurso de aceptación y su plataforma de gobierno. Al terminar la Conven-ción, salió a celebrar al Club Social de León y al día siguiente, 21 de Septiembre, la celebración estaba programa en el Club de Obreros de León. Rigoberto López Pérez llegó puntual a esta fiesta...
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      Equivocado o acertado, este joven poeta Liberal Independiente, no fue parte de una conspiración de grupos tradicionales opositores, al contrario, los «opositores oficiales» le dieron la espalda y hasta le juzgaron de embaucador.
Había entonces eminencias que eran «dueños» de la oposición al somocismo, con la única intención de eliminar una dictadura para instaurar otra nueva tiranía, como ha ocurrido.

Rigoberto López Pérez actuó solo. Encarnó la insurrección de un solo hombre. Mató, pero también entregó su vida a cambio de nada. Y muy consciente de que solamente obtendría la muerte, incluso si le capturaban vivo (ya herido Somoza dijo «no lo maten», pero ya era muy tarde). López Pérez iba preparado para envenenarse con cianuro.

Solamente obtuvo apoyo de algunos Oficiales de la Guardia Nacional de Nicaragua exiliados en El Salvador, que le suplieron entrenamiento y el arma. Nadie más le ayudó, ni los conservadores ni los liberales, mucho menos los comunistas que hoy lo abusan como bandera. Continuamos con los antecedentes:

Sigue exponiendo su testimonio el Teniente G.N. Guillermo Marenco Lacayo, el militar exiliado que entrenó a Rigoberto López Pérez en San Salvador, El Salvador:

--«Insistí en que Rigoberto portara el revólver con sus cinco tiros, en su viaje a Nicaragua, porque un arma es un arma, si se la encontraban, con balas o sin balas igualmente lo iban a capturar, sin oportunidad de defenderse. También argumenté que si, por una casualidad, se encontraba a Somoza en el aeropuerto, por cualquier motivo o ceremonia, se perdería la oportunidad si la pistola iba descargada. Mi opinión prevaleció y Rigoberto viajó con la pistola Smith & Wesson .38 con su carga de tiros en el tambor».

La cápsula de cianuro

«Le hice otra sugerencia a Rigoberto que él aceptó muy conscientemente y la puso en práctica, y fue que llevara una cápsula de cianuro. Mi argumento fue que si lo capturaban vivo, lo iban a torturar cruel-mente hasta matarlo despedazado. Yo trabajaba para entonces como visitador médico de la “Droguería Cuscatlán” del empresario salvadoreño Manuel Efraím López. Por esta razón yo conocía a muchos médicos y estudiantes de medicina nicaragüenses que estaban en el Hospital Rosales».
«Con estos médicos y estudiantes de medicina tenía mucha confianza, especialmente con dos de ellos: Ricardo Maya y Gerardo Godoy Reyes, este último hermano del Dr. Virgilio Godoy Reyes. Estos estudiantes me consiguieron una pastilla de cianuro grande color negro, del tamaño de una alkaseltzer. Yo le entregué a Rigoberto la tableta oscura y él la guardó en una cajita de cartón. Me dijo que como él trabajaba en el laboratorio del hospital, iba a conseguir cápsulas vacías de gelatina, rasparía la pastilla de cianuro para meter el polvo en las cápsulas y llevarlas a Nicaragua...»
«Rigoberto estaba familiarizado con estas cosas de laboratorio. De este punto se derivó el rumor que las balas disparadas estaban envenenadas con cianuro. Eso es totalmente falso y absurdo, porque el cianuro hubiese matado a Somoza instantáneamente, y no ocho días
después, como ocurrió».

El viaje sin retorno

 «Sería como a finales de Agosto de 1956, cuando López Pérez se preparó para su tercer viaje a Managua. Ni él ni nadie sabía que sería el último viaje, y éste sin retorno. Antes del viaje me regaló una foto-grafía suya con una dedicatoria. Esta foto yo se la dí a guardar a doña Laura Reyes de Alfaro, esposa del Capitán Alfaro y creo que ella aún la conserva».
«Rigoberto López Pérez partió de El Salvador a su tercer viaje, iba solo a su destino. Una vez rumbo a Nicaragua, mi papel y el de los demás Oficia-les de la Guardia Nacional exiliados, finalizó. No recuerdo exactamente la fecha, pero era a finales de Agosto de 1956, como dije antes, que comenzó a preparar su viaje a Nicaragua. Un poco menos de un mes antes de ejecutar su acción».

Rigoberto López regresó a Managua en el vuelo 401 de TA-CA entrando por el Aeropuerto Las Mercedes, exactamente el 5 de Septiembre de 1956. La Di-rección de Migración de El Sal-vador le había la tarjeta de sa-lida número 17950, el día 28 de Agosto de 1956, con validez de 15 días, pero López Pérez salió ocho días después, el 5 de Sep-tiembre, a encontrarse con su destino.
Lo demás es historia conocida, aunque distorsionada por quienes se amparan en heroísmos ajenos para sacarle partido político a la hazaña de otros, agregando falsedades o callando parte o toda la verdad de algunos episodios, o simplemente por protagonismo o figureo, como dice el Dr. León Núñez.

López Pérez estuvo bus-cando la oportunidad de disparar contra Somoza García. Le buscó en la hacienda San Jacinto el 14 de Septiembre de 1956, pero no pudo ni acercarse porque el círculo de seguridad era impenetrable.
Volvió a presentarse otra oportunidad seis días después, el jueves 20 de Septiembre de 1956 en el Teatro González de la ciudad de León, mientras se realizaba la Gran Convención del Partido Liberal Nacionalista (PLN) que volvió a proclamar a Somoza García como candidato del partido para un nuevo período presidencial que finalizaría en 1962, fecha que nunca llegó para Somoza ni para López Pérez. Tampoco en el Teatro González tuvo oportunidad de acercarse a su objetivo el joven poeta liberal.
En el interior del Teatro González se encontraba el mismo Director del periódico El Cronista, Dr. Rafaél Corrales Rojas, «Raf», que estaba conversando con uno de los Convencionales Liberales Nacionalistas, el Dr. Oscar Sevilla Sacasa, cuando el abogado y periodista vió a Rigoberto López Pérez, sentado tranquilamente en el Teatro. Inmediatamente le indicó al Dr. Sevilla Sacasa:
--«Ese hombre que está ahí sentado es muy peligroso, es enemigo acérrimo del gobierno».
Sevilla Sacasa se limitó a no hacerle caso e indiferentemente exclamó:
--«Bueno pues, hombre, ya lo ví».
Y acto seguido dirigió su mirada en dirección opuesta.

21 de Septiembre:
El Día del Juicio

Ignacio Briones Torres, periodista e historiador, frecuente colaborador de La Estrella de Nicaragua, se reunió en Managua con López Pérez el 17 de Septiembre de 1956, cuatro días antes del atentado y se fueron platicando hasta la estación del Ferrocarril, pero no le reveló sus planes; sin embargo, por ello fué capturado Briones Torres cuando Luis y Anastasio Somoza Debayle desataron una enorme ola de represión contra todos los opositores al régimen.
Cuando llevaron a Briones Tórres a la recién organizada Oficina de Seguridad Nacional, le mostraron la fotografía de un grupo de personas y le preguntaron:
--«¿Cuál de estos es Rigoberto López Pérez?», Nacho Briones respondió después de ver las fotos:

--«Ninguno».

Se tomó aquella respuesta como una confesión de que conocía a López Pérez y además le imputaron encubrimiento del atentado.
Briones Torres investigó para la historia los pormenores del atentado, y entre otros detalles nos dijo que:
--«Durante el día 21 de Septiembre de 1956, Rigoberto López Pérez anduvo con Arman-do Zelaya Castro «Zelayita», invitando públicamente en un carro con altoparlantes a la fiesta del Club de Obreros de León en honor del Gral. Somoza. Al finalizar la tarde, Zelaya dejó a Rigoberto en la propia puerta del Club de Obreros, y es muy seguro que en ese momento introdujo el revólver al recinto».
En la entrevista para La Estrella de Nicaragua, el Teniente G.N. Guillermo Marenco Lacayo, nos dijo:
--«No me cabe duda que durante ese mismo día discutió con Edwin Castro Rodríguez el  «El plan de distracción consistía en que Ausberto Narváez Argüello, joven de 27 años, liberal independiente y recién casado, debía ubicarse cerca del Club de Obreros y al escuchar los disparos, debía hacer señales con las luces de un automóvil estacionado cerca del Club. Estas señales serían vistas por Edwin Castro Rodríguez quien asaltaría la planta eléctrica de León en compañía de Cornelio Silva Argüello, para desconectar el fluido eléctrico. También deberían provocar un incendio...»     Continuará.
 

 

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