Al Mar
A Francisco Castro.
I
Cómo te ostentas, orgulloso, ufano, y en ímpetu violento corres y corres, te
alabanzas y huyes cuando el soplo del viento, en raudo vuelo, tus espumas
blancas furibundo arrebata! Cuál extiendes tu manto azul de perlas
guarnecido, y te retuerces sin cesar! Detente!... Cambia el furor de tus
soberbias olas, y escucha ahora, la canción ferviente de un ignorado bardo,
que hoy se acerca a tus márgenes, humilde, y te entona un cantar!
Cuando rugiendo la tempestad, sobre la faz del Orbe llenando de pavor tiende
sus alas, y el retumbante trueno hace que se entremezca el alto monte con su
hórrido silbar...
Cuando el relámpago cual ígnea sierpe devorando pasa las negras nubes que
doquier se exienden como fantasmas que callados cruzan por la región inmensa
del vacío, entonces yo recuerdo que tú también con tu pujante aliento
estremeces la tierra, y que tu ronco acento es el eco tremendo de la voz del
Señor que son tus olas hidras inmensas de cerúlea escama; que en tu seno
profundo, fuerte palpita el corazón del mundo, y que arde en viva llama; que
por tu ser espléndido derrama un torrente de mágica poesía que arrastra y
que conmueve el alma mía, y me da inspiración...
Cual en tus olas que tronantes se yerguen hasta el cielo, del pescador la
frágil navecilla se mira combatida por el recio huracán, y lejos, lejos del
puerto venturoso, entre las rocas por fin se despedaza, así en los rudos y
tormentosos mares de la vida, boga sin descansar la débil barca de mi pobre
existencia, y quiera el cielo de mi pobre existencia, y quiera el cielo que
no sucumba y sea vil juguete del rudo vendaval de las pasiones... Pero no te
detengas, que el estruendo de tus olas gigantes se siga sin cesar
repercutiendo; las moles arrogantes de los volcanes, tiemblen temerosas al
oír su clamor.. Truenen cien rayos, y relámpagos cien surquen la esfera, que
soberbia, altanera al compás de tus hórridos rugidos, en medio del frafor de
tempestades, mi lira te dará también sonidos. Entonces mi alma, elvaráse al
cielo para cantarte: y como se condensan las nieblas vaporosas que con un
manto lúgubre, cubriendo la faz inmensa, osténtase oscilantes, así los
cantos mío, en acordes vibrantes, vaguen sobre tu ser, mientras retumbe tu
horrísono bramar, el viento zumbe!
II
Los ejes de diamante
en que rápido el Orbe en el abismo voltea rechinando... El ancho cielo con
sus lámparas bellas coronadas de soles y de estrellas.
Y la risueña aurora que los espacios dora con el dulce reflejo de su inmensa
diadema de arreboles, no me conmueve tanto y me domina como tú, cuando el
vértigo incensante mugiendo te revuelves, y en rauda confusión, y en ruido
eterno, tus olas rebramantes ora se elevan hasta el cielo y en cóncavas y
crespas espirales, cual colosal ruidosa catarata, se desmayan y caen, y
revientan formando oscuras, tenebrosas simas, donde vagan inciertas tenues
brumas,
Y donde vagan inciertas tenues brumas, y donde se hunden, en tropel confuso,
onda sobre onda , espumas sobre espumas.
Más tú también, ¡oh mar! Te muestras manso en esas noches plácidas, serenas,
en que la luna furtiva lumbre, argentando tus ondas se ostenta en el
espacio!
Entonces las sirenas que moran en tu seno cristalino, con acento divino
modulan un cantar; brindan sonrisas a las flores que adornan tus riberas, y
repiten con eco moribundo las pasajeras brisas ... Sus notas plañideras, y
sus callados sones.
En la tarde, cuando en su carro diamante y oro Febo camina hasta su ocaso, y
se hunde allá en la lontananza, cual tras funesto y triste desengaño, con su
bello cortejo de ilusiones, el Iris celestial de la esperanza... Tú,
murmuras... y el viento lleva lejos tus ecos que resuenan como un quejido
lleno de amargura, de las selvas allá entre la espesura.
III
Ya escuchaste mi canto, oh mar! Ahora, yo mi arpa cargaré: queden mis voces
en las grutas oscuras de tus peñas, entre la blanca espuma de tus olas,
mientras camino a solas por una senda amarga, do no hay flores ... No se
oyen los rumores de las auras dolientes!
Do sólo espinas hay; crueles abrojos...
Solo espinosos cardos!...
Y donde brotan lágrimas los ojos !...
Donde en vez de cantar dulces amores al ver nacer la aurora de los días...
Sólo entonan los bardos cantos de muerte, y tristes alegrías!
Desengaño
Amanecía! La lumbre
meláncolica del sol,
doraba con su arrebol
de la colina la cumbre.
Las aves sus dulces trinos
iban alegres cantando,
y blandamente saltando,
de rama en rama, en los pinos
Las palmas, con sus rumores,
bello concierto formaban, y mil torrentes cruzaban
por entre alfombras de flores.
De la fuente las espumas
se miraban blanquear
y en los espacios cruzar
pájaros de airosas plumas.
Albo rocío guardaba
entre su cáliz la rosa,
y a la azucena olorosa
Céfiro blando besaba.
Era, en fin, todo armonía;
era todo allí grandeza;
sonreía Naturaleza
al contemplar aquel día...
Y derramó los fulgores
De su lámpara esplendente,
Dando vida a la simiente
Y fecundando las flores...
Y se ostentó en el espacio
grande, esbelto, majestuoso,
cual monarca poderoso
en su soberbio palacio.
Más después, con triste velo,
en las brumas de Occidente,
Hundió su faz refulgente
El soberano del cielo.
Las avecillas volvieron
a reposar en sus nidos,
y sus cantares sentidos
también desaprecieron.
Así el amor de un poeta
nació, bello, seducto,
y daba vida y calor
a su fantasía inquieta...
Mas acabó la ilusión
de su volcánico amor,
y la musa del dolor
se posó en su corazón.
La Fe
En medio del abismo de la duda, lleno de oscuridad, de sombra vana,
Hay una estrella que reflejos mana...
Sublime, sí; mas silenciosa y muda.
Bajo sus rayos se escuda,
Alienta y guía a la conciencia humana, cuando el genio del mal con su furia
insana golpéala feroz, con mano ruda.
Esa estrella brotó del germen puro de la humana creación? Bajó del cielo a
iluminar el porvernir oscuro?
A servir al que llora de consuelo?
No sé: mas eso que a nuestra alma inflama,
Ya sabéis... Ya sabéis... La Fe se llama!
Cámara Oscura
La calle de la Amargura
nos ve llevar nuestra cruz;
pero en la cámara oscura,
penetra un rayo de luz.
En la mía, no da el cielo
un solo rayo feliz;
la mía tiene un tapiz
de fúnebre terciopelo
Tiene la tuya del día,
el espléndido irradiar;
de la noche al sollozar
es lo que tiene la mía.
Bajo mi cámara oscura,
Cristo gime en un madero;
Bajo ella, un sepulturero
Cava una honda sepultura.
Bajo la tuya, su historia
pinta el ángel del trabajo;
y las coronas que trajo,
muestra el ángel de la gloria.
Neurótico y visionario
Gózome yo en tu labor:
cuando vas a tu Tabor,
voy subiendo mi calvario.
...Ve cómo es la suerte rara:
Junta dicha y desventura;
la tuya, cámara clara:
la mía, cámara oscura.
La Canción
De la Noche en el Mar
¿Qué barco viene allá?
¿Es un farol o una estrella?
¿Qué barco viene allá?
¿Es una linterna tan bella...
¡Y no se sabe adónde va!
¡Es Venus, es venus la bella!
¿Es una alma o es una estrella?
¿Qué barco viene allá?
Es una linterna tan bella..
¡Y no se sabe adónde va!
¡Es Venus, es venus, es Ella!
es un fanal y es una estrella
que nos indica el más allá,
y es tan misteriosa y tan bella,
que ni en la noche deja su huella
¡y no se sabe adónde va!r...
Poemas de
Juventud
(1881-1885)
El Libro
Dios creó al hombre a su imagen y semejanza; y para que así fuera, lo hizo
creador como Él. La creación del hombre es el Libro; el Libro, está hecho a
imagen y semejanza del hombre; el Libro tiene vida; el Libro es un ser.
I. De Castro y Serrano
Ven a mí, musa querida;
mi lira dame: levanta
y únete a mi voz, y canta
la humanidad redimida.
redimida con la vida;
no con Gólgota ni Cruz,
ni martirios de Jesús;
sino con la fuerza inmensa...
Fuerza que bulle y que piensa.
¡Con el libro, que es la luz!...
II
¡La luz! La luz infinita,
que en sus misterios comprende el espíritu que asciende,
el átomo que se agita.
a cuya influencia bendita,
a cuyo celeste nombre,
aunque mi palabra asombre,
envuelto en su esencia pura,
baja Dios desde su altura
a divinizar al hombre.
III
La luz: el germen perfecto,
que, cual un sagrado emblema,
ciñe en forma de diadema
la sien del gran Arquitecto...
que alumbra, desde el insecto
que de polvo pareciera,
hasta el sol que reverbera
su luz en iris radiantes,
y forma anillos brillantes
al ir girando en la esfera.
IV
Y ¿qué es el libro? Es la luz;
es el bien, la redención,
La brújula de Colón,
La palabra de Jesús.
Base y sostén de la Cruz;
Las frases de Cormenín,
Acentos de Giradín
Las comedias de Moliére
Carcajadas de Voltaire,
Consejos de Aimé-Martín.
V
Principio que alienta ufano;
destello del ser divino;
ley eterna del destino
que gobierna al ser humano
Guía al mortal soberano
en alas de la razón;
quien volando a otra región
contempla a Dios frente a frente con la pupila y la lente
de Camilo Flamarión..Continuará
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