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       Año XVI, Edición 407           Fundada el 1 de Mayo de 1986        12 páginas         Miami-Dade, FL, Marzo,  2010
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La Foto Histórica.

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           ED-407.- Barrio e Iglesia San Antonio de Managua, Siglo XX. El 90% de la información de esta crónica histórica, procede de artículos escritos por don Aldo Guerra Duarte y por el Dr. Armando Arce Páiz (q.e.p.d.), ambos publicados por La Estrella de Nicaragua en 1997 con motivo del 25 Aniversario del Terremoto que destruyó a Managua en Diciembre de 1972. Estos mismos artículos han sido publicado desde entonces por varios medios. Las Fotos Históricas que ilustran arriba, fueron tomadas y son propiedad intelectual del Lic. Nicolás López Maltez y publicadas en su libro «Managua-1972», primera edición, de 1997 conmemorando el 25 Aniversario del Terremoto del 23 de Diciembre de 1972. Estas y muchas otras Fotos Históricas de Nicolás López Maltez, han sido pirateadas por una legión de individuos que las publican en sus páginas web, sin mencionar el libro de donde las han copiado ni el nombre del legítimo propietario y autor. Combinando las crónicas de don Aldo Guerra y del Dr. Arce Páiz, referimos que el tradicional barrio de San Antonio, uno de los más antiguos de Managua, estuvo ubicado en el centro de la capital.

También en la Iglesia de San Antonio tenía su altar permanente la Sagrada Imagen de La Sangre de Cristo, traída de Guate-mala en 1638, venerada en la Iglesia de Veracruz de la entonces Villa de Managua. Iglesia prístina que estuvo situada donde hoy es el Parque Darío de Managua, única que entonces existía en la ciudad, pero la Iglesia de Veracruz fue derribada en el terremoto de 1885 (en el siglo XIX Managua sufrió dos grandes terremotos: 1844 y 1885) y La Sangre de Cristo fue recuperada y trasladada a la Iglesia San Miguel, construida en terrenos que pertenecían al barrio Santo Domingo. Los devotos y feligreses hacían ricas ofrendas a La Sangre de Cristo, y entre sus adornos se destacaban coronas y pectorales de oro y miles de medallas y crucifijos igualmente de oro, clavos de plata y otras reliquias en gratitud de milagros recibidos.

En en su devoción, incluían a La Sangre de Cristo en sus testamentos, otorgándole propiedades como terrenos, casas, fincas y valiosas haciendas de ganado, entre ellas El Charco, en la penísula de Chiltepe, El Laurel, El Caimito, El Hato y otras. La Constitución del gobierno del Gral. Zelaya de 1894 llamada La Libérrima, prohibió estas herencias a los santos y a la iglesia. Se organizaron cofradías y congregaciones para atender la devoción: Los Caballeros de la Sangre de Cristo y la Congregación de las Camareras. Pero la posesión de La Sangre de Cristo creó una seria controversia que se convirtió en una verdadera «guerra» entre los barrios San Antonio y Santo Domingo.

El conflicto surgió en 1906, cuando el Obispo Simeón Pereira y Castellón decidió vender por 80,000 pesos oro, el templo San Miguel (barrio Santo Domingo), a la corporación de Mercados de Managua para construir el Mercado San Miguel (destruido por el incendio del terremoto de 1972). 80,000 pesos oro era entonces una cuantiosa fortuna (el nombre pesos oro era el nombre que se la daban a la moneda nicaragüense en 1906, durante el gobierno del Gral. José Santos Zelaya. Se bautizó a la moneda con el nombre Córdoba en 1912 por el gobierno de Adolfo Díaz). Como la imagen de La Sangre de Cristo quedaría sin hogar, los habitantes del barrio San Antonio ofrecieron construirle un templo. Los pobladores del barrio Santo Domingo pro-testaron y también ofrecieron construirle un templo.

Ante esa disyuntiva, el Obispo Pereira y Castellón pretendió darle una solución salomónica: el barrio que primero construyera el templo, se convertiría en la sede de la imagen de La Sangre de Cristo. La feligresía del barrio San Antonio se movilizó con energía y generosidad, encabezados por un grupo de personalidades entre quienes estuvieron don Telémaco Castillo, doña Ceferina Zelaya de Estrada, doña Ignacia Rodríguez, don Alejandro Espinoza, don Agustín Cerna, don Cayetano Lugo, don Domingo Calero, doña Rosa Cardoza y otros. El templo inició su construcción el 4 de Agosto de 1913 y era muy modesto. Esta prístina parroquia de San Antonio era de adobe y tuvo como campanario una torre de madera con una escalera donde el sacristán subía a hacer los repiques. La regentó hasta su muerte, en 1937, el franciscano español Fray Luis de Villafranca, un cura alto, blanco, de barba, nariz aguileña y espejuelos a travez de los cuales miraban sus penetrantes ojos grises. La iglesia fue también hogar de la imagen de San Antonio de Padua encontrada en 1640 en un solar montoso (en el mismo solar se construyó un pequeño templo hace 370 años, destruido por los terremotos). Una solemne ceremonia se realizó cerca de 1916, con el oficio de misas y procesiones, cuando fue instalada La Sangre de Cristo en una capilla interior del recien construido templo de San Antonio, en vista de que los feligreses del barrio Santo Domingo no construyeron nada, pero alegaron airada-mente que «los toñeños les habían “robado” La Sangre de Cristo». Esto desató un serio e irracional conflicto entre los pobladores de ambos barrios, hasta el punto que un habitante de uno de esos barrios no podía visitar ni pasar por el otro barrio porque era agredido.

Ese conflicto --una verdadera guerra de barrios-- por la posesión de La Sangre de Cristo, que gozaba de prestigio y fama de milagrosa desde que en Junio de 1863, durante el gobierno del Gral. Tomás Martínez, vecinos de Tipitapa fueron a Managua a solicitar al Gobernador Militar que autorizara trasladar a la Banda de los Supremos Poderes para amenizar con conciertos musicales la fiesta patronal de Tipitapa. La jefatura militar accedió a la petición y envió un conjunto de 8 filarmónicos de la Banda, comandados por don Santiago Reyes. Los músicos militares se embarcaron en una piragua grande poniendo proa hacia la bocana de Tipitapa. Llegaron sin novedad y a eso de las siete de la noche dispusieron regresar. Cuando la piragua navegaba de noche en el Xolotlán, comenzaron a soplar vientos de galerna presagiando una tempestad que no tardó en llegar. Las aguas del lago se agitaron de manera horrorosa y la embarcación comenzó a inundarse con la lluvia torrencial que caía en la oscuridad sobre los músicos, sus instrumentos y los tripulantes. La piragua con el timón roto no obedecía al control del piloto y el naufragio era inminente. Los músicos y tripulantes en peligro de ahogarse, clamaron a La Sangre de Cristo, y le ofrecieron la promesa de rendir tributo musical mientras vivieran, en las celebraciones de la bajada, la vela y procesión. Como escuchando y respondiendo a las clamantes oraciones, el lago prontamente se fue tranquilizando y los músicos arribaron a Managua sanos y salvos a las 5 de la mañana. El milagro había ocurrido.

En gratitud, los integrantes de la Banda de los Supremos Poderes no solamente cumplieron su promesa a La Sangre de Cristo, sino que iniciaron una piadosa tradición que continuaron cumpliendo todas las bandas militares desde entonces. De eso ya hace 147 años en este 2010. don Gratus Halftermayer en su Historia de Managua destaca el acontecimiento y revela los nombres de dos músicos salvados en el milagro: Ezequiel Rivera, a quien le decían “Tetey” y Juan Cano, clarinetista del grupo de los ocho, además del director del grupo, don Santiago Reyes. La Banda de la Guardia Nacional de Nicaragua continuó cumpliendo la promesa de sus antecesores hasta el terremoto de 1972 que destruyó la iglesia y el barrio San Antonio, de la misma forma como había caido colapsada la primera iglesia San Antonio en el terremoto de 1931, pero en ese terremoto la imagen de La Sangre de Cristo resultó intacta y fue trasladada a la iglesia San Sebastián (La orden religiosa de Frailes Menores Capuchinos regentaban el templo de San Antonio y también las de San Sebastián y Monte Tabor en el Km. 11 de la Carretera Sur de Managua).

Los pobladores del barrio San Antonio con la misma energía conque construyeron la iglesia de adobe en 1916, volvieron a construir la hermosa iglesia San Antonio que vemos en esta Foto Histórica, pero la pequeña plaza frente a la iglesia se convirtió en un bonito parque. El Parque de la Basílica Parroquial de San Antonio, de forma ovalada, construido al norte del edificio, fue obra de don Samuel Portocarrero Cardenal, de León, hijo del ex-Alcalde de Managua (1911), don Fernando Portocarrero y doña Marcela Cardenal, destacados devotos de La Sangre de Cristo. Había una placa conmemorativa a la inauguración del parque; en ella figuraban los nombres del Comité Ejecutivo de la Alcaldía: Don Edmundo Bernheim, don Constantino Pereira y don Jonás Álvarez. Al centro del jardín se colocó la estatua al Maestro Gabriel Morales, promovida por su alumno, diputado, jurista, ex-alcalde de Managua, don Luis E. López.

La estatua de marmol fue esculpida en Italia y originalmente colocada en la tumba del maestro Gabriel Morales en el cementerio San Pedro, después trasladada al parque San Antonio, el monumento resultó dañado en el terremoto de 1972 y hasta recientemente el historiador Roberto Sánchez Ramírez promovió la reparación y restauración de la estatua por Arq. Giorgio Pascualini y la instaló en la tumba del Maestro Gabriel en el cementerio San Pedro, también restaurado por Sanchez Ramírez. Ante la destruccion de los tem-plos San Antonio (en la Foto Histórica) y San Sebastián, La Sangre de Cristo fue trasladada a la iglesia de Monte Tabor y estuvo ahí hasta la construcción de la actual Catedral de Managua, diseñándose en su interior una capilla especial para La Sangre de Cristo, y ahí está actualmente en este 2010. La tradición de tributo musical a la Sagre de Cristo iniciada por la Banda de los Supremos Poderes en 1863 finalizó con el terremoto de 1972. El actual Cuerpo de Música Militar del Ejército de Nicaragua inició otra tradición de conciertos a la Inmaculada Concepción en la ciudad de Granada.

El Dr. Armando Arce Paiz, médico salubrista graduado en la universidad de Sao Paulo, Brasil, que realizó una inmensa y beneficiosa labor en Salud Pública, falleció recientemente, pero nos dejó sus escritos y entrevistas. De aquellos tiempos y vivencias personales, el Dr. Armando Arce Páz escribió: «La gente acudía a la “bajada” de la imagen, llevando palmas y flores de pacaya, y catorce niñas entraban al templo portando las lujosas almohadas sobre las que se acostaba al Redentor; después se procedía a la limpieza de la imagen, utilizando algodones perfumados. Por la noche, a las siete, comenzaba la vela que se prolongaba hasta las doce, los devotos y cofrades obsequiaban a los presentes con café, rosquillas y bizcochos. A las seis de la mañana se cantaba una misa solemne acompañada de cohetes y morteros, y un orador notable se encargaba del sermón alusivo a la fiesta.

Mi padre el médico Dr. José Luis Arce Fonseca y mi madre Aurora Paiz Avilés, vivían frente al costado oriental de la Iglesia de San Antonio, en esa casa vine al mundo el 25 de Diciembre de 1921. Mis hermanas: Edelma, Aurora y Martha Alicia, ahí vivimos juntos hasta el terremoto del 31 de Marzo de 1931, nos trasladamos a otro lugar siempre en Managua. Recuerdo el vecindario de esas familias autóctonas de Managua, algunas con antecedentes históricos de siglo y medio (XIX y XX), Doña Petronila Silva de Fonseca (Mama Nila), mi bisabuela; frente a la parroquia, el Doctor médico Alejandro Espinoza, el Doctor Modesto Emilio Barrios y Doña Rosemilia Olivares, padres del Doctor Raúl Barrios Olivares; Doctor José María Castrillo, Director y Editor del Diario «El Comercio»; Doctor Emilio Pallais, el Doctor Julio Medal médico, hermano del gran pianista Arturo José Medal pianista egresado de la Scala de Milán, Italia; el Profesor Ignacio Fonseca, maestro, Ministro de Educación y Ex-Director de la Escuela Normal Central de Varones; el Dr. Carlos Cuadra, don Jonás Alvarez, la Familia Báez-Díaz, ahí se crearon Carlos y William Báez; el Dr. David Sthadtagen, el Dr. Francisco Baltodano casado con doña Rosita Castellón; la familia de don Pedro Belli; don José María Páiz, mi abuelo, descendiente del General Ignacio Páiz (General Pellota). Hacia la esquina abajo de la Iglesia estaba la comidería y pulpería de La Panchota; a la vuelta de la esquina la escuelita de párvulos Las Osorito, también en ese sector la familia del Dr. Arnoldo Alemán Sandoval, los Borge, la familia de don Cástulo Hernández, dueño de la conocida barbería de su nombre, padre de los Ingenieros Armando Hernández Aburto y Rolando, su hermano. Frente a la Iglesia, al lado de abajo, estaba la Chichería París, el Colegio Divina Pastora, el abogado Dr. Heliodoro Moreira (a su hijo le decían Marañón); el escritor Octavio Rivas Ortiz, “ORO”, su seudónimo; la familia del Dr. Andrés Zúniga Castillo, en las familias Castillo a Edmundo Castillo le decían “Papamón”; los Ramírez y a Jacoby, los muchachos le decíamos “el loco Jacoby”. En frente estaba la casa de doña Victoria Chamberlain de Cuadra (Mamá Toya), madre de Raúl y Vicente Cuadra Chamberlain y demás descendientes. Don Abraham Narváez Fortis, casado en segundas nupcias con doña Soledad Páiz Avilés, mi tía; la Relojería Borge; en la esquina de abajo tenía su consultorio médico el Dr. Gerardo Peralta y en frente el Dr. Marcelino Delgado Juárez, mi profesor de medicina en la Universidad Central. La Optica Santa Lucía del Dr. Ernesto Correa Reyes. Siempre dentro de ese vecindario estaba el abogado Antonio Cerna, el consultorio médico del Doctor Dagoberto Zeledon Torres y el Laboratorio clínico de Luis Castillo, cariñosamente llamado “el trompudo Castillo”.

Del Cine Victoria media cuadra arriba, vivía doña Amalia Delgadillo de Solórzano casada con don Orlando Solórzano, ella murió con su nietecita en la tragedia del terremoto de 1972, fue la madre del economista Orlando Solórzano Delgadillo. En los cuarenta y un años que transcurrieron entre los terremotos de 1931 y 1972, el Barrio San Antonio, tuvo su apogeo o auge en progre-so y modernización. Se establecieron clínicas medicas como la el radiólogo Dr. Ro-berto Calderón Gutiérrez; Gilberto Suáres, Julio Gómez, Dr. Elvir, Dr. Enrique Lacayo Farfán, Dr. Luis Jacinto Espinoza, radiólogo-pediatra; Dr. Alejandro Sequeira Rivas, cirujano; Dr. Orlando Castillo, Dr. Carlos Osorio, Dr. Armando Benard, Dr. Abel Medina H., Dr. José Ferrey Robleto, Clínica Especializada de los doctores Edmundo Miranda, odontólogo; José Argüello Meza, O.R.L. y Ricardo Lacayo, oftalmólogo. Estaban las Oficinas de Leyes de los abogados Dr. Andrés Vega Bolaños, Dr. Félix Esteban Guandique, Dr. Guadalupe Sevilla, Dr. Carlos Collado Arce, Dr. Guillermo Areas Rojas y Dr. León Barrios Boquín.

En el barrio San Antonio se construyó el moderno Hotel Balmoral, el Edificio Guerrero Montalván, el Palacio de Cristal de don Fifo Bermúdez, con especialidad en lámparas austríacas y cristalería; la zapatería de don Francisco Quiñónez, esquina opuesta la Ferretería Lang de don Eugenio Lang; media cuadra arriba estaba el Templo Masónico, Logia Progreso No. 1, con el busto de Leonard a la entrada, pionero de la masonería en Nicaragua y al sur, los Laboratorios Solka. La Casa Caligaris, tenía amplios negocios, situada de la Iglesia dos cuadras abajo. Recuerdo al Dr. Encarnación (Chón) Fletes, abogado representante de la vindicta pública y a la familia de doña Graciela Blandón que hacían puros chilcagre de calidad, y enfrente vivían los Cuevas. Doña Rosaura «Mama Chagua» de Fonseca, progenitora de familias autóctonas de Managua, vivía a la vuelta del parque San Antonio, era abuela del Dr. Jaime Bengoechea Delgadillo. La Escuela Normal Central de Varones, fue fundada en 1938 en la esquina sur-occidental de la avenida que, viniendo del lago, topaba con el parque San Antonio. De esta escuela Normal, egresaron prestigiosos educadores como el Dr. Pedro J. Quintanilla, que llegó a ser Ministro de la Presidencia de la República; su hermano Raúl; el Prof. Francisco López Collado, el Prof. Guillermo Rothschuh Tablada, el Prof. César Núñez Sánchez, el Prof. Justo Pérez Mora, el Lic. Julio Hernández Solórzano, y otros. En San Antonio había importantes farmacias: la de Tránsito Escobar, frente al Cine Victoria; esquina opuesta al Cine América la Farmacia Urroz y el salón Cervecero América de don Luis Muñoz, la Farmacia San Antonio de la Dra. Mary Saino de Caldera, frente al edificio del Hotel Balmoral, y la sastrería de Gil Caldera y del maestro Guardado. Al tope del Callejón Aurora, la casa Cabrera, Distribuidora de productos farmacéuticos de México y otros países. En la esquina la Casa de la Familia de don Gustavo Raskosky Páez, ex-Ministro del Distrito Nacional; Dr. Germán Castillo, médico pediatra; don Domingo Calero Blandino y la mansión de don Carlos Cano. Punto de referencia era la Panadería La Rosa Blanca, su dueña y fundadora, doña Rosa Murillo, vecina de su hermana Rosario Murillo, casada con el gran panida Rubén Darío, y hermana del Gral. Andrés Murillo, ex-Alcalde del viejo Managua. La familia de los Dres. René y Gustavo Adolfo Vargas López; los músicos Luis Urroz, delicado pianista; Tomás Urroz, clásico violinista que estudió música en Bélgica; don Víctor Urroz, virtuoso del violoncelo y todos los Urroz, músicos por antonomasia. En el área central del barrio estaba la imprenta del diario «La Nueva Prensa» de Gabry Rivas y el diario «Flecha» de don Hernán Robleto y don Heliodoro Cuadra historiador managüense. De la Iglesia San Antonio media cuadra arriba estaba el Salón Cervecero Rigo, después la sastrería del maestro Humberto Guardado; del Hotel Balmoral una cuadra al lago estaban los Trajes Gómez, de ahí hacia abajo, en una de las esquinas del Callejón Aurora se fundó en 1961 el Instituto Maestro Gabriel por los educadores: Dr. René Schick, Dr. Pedro J. Quintanilla, Dr. Ulises Fonseca Talavera, Prof. Francisco López Collado, Prof. Nassere Habed López y el Prof. Fidel Coloma González. En la década de los 40, detrás de la Iglesia se instaló el Juzgado 2° Civil del Distrito siendo Juez el Dr. Ramiro Sacasa Guerrero; la Dry Cleaning de los Noguera. En la misma cuadra la carpintería de Francisco Grijalva y todos sus hijos. En la esquina sur vivió la familia del Dr. Efrén Saballos, abogado capitalino, casado con la Doctora Olga Núñez Abaúnza. A poca distancia el edificio de la Universidad Central de Nicaragua, inaugurado en 1941.

Las calles del barrio San Antonio las recorrían personajes populares: Santirilo, Mano de punche, la Cocoroca, Chonchinga, Peyeque, Papa Chepe, que era sorteador de toros en las barreras de abajo; Agustín Duarte (a) Tat-Tin, era cochero, carpintero, chofer, albañil, niñero, por sus múltiples oficios le decían: “Llave Universal”. El barrio San Antonio gozaba de gran actividad social, entre otras, el «Club de los 11», que se ubicaba media cuadra al norte del parque; seguidamente la cantina popular «El Mango» y enseguida el Club Social de Obreros. En la vecindad del Cine América vivía el boerista y deportista don Alfredo Castillo, fue Jefe Político de Managua, dueño de la cantina «La Gran Jugada», sus hermanos Moisés Castillo, de oficio sastre y don Fran-cisco Castillo, joyero, les apodaban “Los Lapas”. Era muy nocido el sacristán y monaguillo de San Antonio, José Esteban Alemán, pantagruélico para comer.

Las familias de don Manuel Villavicencio y doña Luz; don Juan Manuel Morales, fundadores de la Unión Deportiva América y su equipo de Football; los Zúniga, hijos de don Gilberto y doña Macedonia, y el sacerdote Pedro K. Siero. La primera Iglesia San Anotnio y muchas viviendas sucumbieron en el terremoto de 1931. pero los “toñeños” tercos volvieron a edificar ahí mismo sus viviendas. El otro terremoto, de 1972, arrasó el templo y el barrio y no volvieron a reconstruirse». Por su parte, don Aldo Guerra Duarte, que actualmente reside en Anthem, Arizona, nos ofrece sus memorias: «Mis recuerdos se fijan en atención a la Sagrada Imagen de la Sangre de Cristo, memorias imperdurables, en esa parte del tiempo de mi vida en la comunidad de mi niñez y adolescencia. Los oficios se realizaban con gran pompa y festividad. Los fieles acudían a la “bajada” de la Imagen, llevando palmas y flores de pacaya y catorce niñas entraban al templo portando lujosas almohadas sobre las que se recostaba el Redentor, después se procedía a la limpieza de la imagen, utilizando algodones perfumados.

En el atrio de la parroquia hacían fiesta en la tarde de la bajada de Cristo Crucificado con marchas musicales y fuegos pirotécnicos y, los asistentes regalaban refrescos y golosinas. Por la noche, a las siete, comenzaba la vela que se prolongaba hasta las doce, los creyentes y cofrades obsequiaban a los presentes café, rosquillas y bizcochos. Uno de los homenajes más solemnes que se han ofrendado a la Sagrada Imagen de la Sangre de Cristo, lo llevó a efecto en 1925 el gobierno del Presidente Carlos José Solórzano, cuando la Banda de los Supremos Poderes ejecutó, durante la solemne procesión, el himno dedicado en honor a la sagrada imagen, obra musical del maestro Arturo Picado.

Entre las personas más devotas de mi cuadra, en la Tercera Avenida Sur Oes-te, esquina con la Botica Central de don Paco Castro, acudían en constante devoción doña Francisca de Quiñónez y su sobrina la niña Adilita Quiñónez; Aminta y Lily Mayorga Flores, esta última ahora señora de Karembinsk; doña Esther de Lacayo y sus hijas Guillermina, Adilia, Olguita y Margot Lacayo; doña Flor de Liz Castellón de Gurdián y la señorita Yolandita Castellón y, en especial, Doña Rosalina Urroz de Estrada Cabrera, dilecta hija de una de las más famosas familias de músicos de Managua; su ferviente devoción sería una tradición religiosa familiar, motivada quizá por ser alguno de sus ancestros sobrevivientes del milagro del Lago. Poseo una estampa, una litografía que se conser-va, a pesar de los años, la forma espléndida, elegante y piadosa con que los devotos, congregaciones y cofrades, entre ellos la de los Caballeros de la Sangre de Cristo y la Congregación de Camareras, atendían el culto de la Sagrada Imagen de la Sangre de Cristo, reproducción en mis archivos por amable obsequio del Dr. Jorge Eduardo Arellano. Si advertimos la corona de espinas en su frente, notamos en forma sobresaliente la diadema de oro fulgurante como símbolo, ambas, de su sufrimiento humano y de su divinidad.

El rostro pálido, con la serena faz de la muerte. Sobre su piel blanca lacerada surge la sangre de las heridas abiertas arriba de su frontal por las desgarraduras de las filosas y rígidas puntas agudas de las púas, dramáticas gotas que se confunden en el cabello y la barba del Redentor. El pelo de su cabellera, negrísimo y de hermosos bucles que se desgajan hasta la cintura, fue un obsequio de sus fieles cofrades, se des-taca además, en la piel tersa, la profunda herida en su costado derecho. Con pudor lo cubren con rico manto anudado a su cintura. Todo su tirante cuerpo se apoya en el acero atravesado sobre el empeine de ambos pies, colocados el derecho sobre el iz-quierdo y sostenido por sus brazos extendidos y clavados en las palmas de sus manos. El entorno lo recuerdo, profusamente perfumado de incienso y aceite de las velas encendidas, a su alrededor, el sutil aroma de las trenzas de flores que se desgajan de sus manos y los olorosos racimos de botones en los tiestos de magníficos jarrones de plata.

A sus pies un blando lecho de cojines finos, elaborados con las mejores telas y decorados con bordados preciosos, con pedrerías y diseños con símbolos propios de la Santa Madre Iglesia Apostólica y Romana. No tengo ni la menor duda que algunas de estas obras de arte serían confeccionados personalmente por doña Rosalina, diseñadora profesional que todas las tardes, después de atenuarse con la brisa del Lago el bochorno del medio día, recibía en el fresco corredor, con jardín interior de su casa de habitación, al grupo de alumnas a quienes doña Rosalina impartía clases de alta costura. La litografía no tiene fecha, ni imprenta, pudiera ser de los años cincuenta; en el anverso, debajo de la fotografía, está escrito: “SANGRE DE CRISTO, SALVANOS. Piadosa y antiquísima Imagen venerada en Managua desde el año de 1638. Tal como se venera en la Basílica Parroquial de San Antonio.”, en el reverso, está impresa la Oración de las Letanías de la Sangre de Cristo». Todo ese caudal de memorables recuerdos revive en las mentes de los pobladores del barrio San Antonio ante la imagen de estas Fotos Históricas de La Estrella de Nicaragua, aunque en el terreno ya no quedan ni los cimientos de la Iglesia San Antonio de las casas que por cientos de manzanas conformaron el barrio San Antonio de Managua.

 
 

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