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La Foto Histórica.

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ED-407.- Barrio e
Iglesia San Antonio de
Managua, Siglo XX. El
90% de la información de
esta crónica histórica,
procede de artículos
escritos por don Aldo
Guerra Duarte y por el
Dr. Armando Arce Páiz (q.e.p.d.),
ambos publicados por La
Estrella de Nicaragua en
1997 con motivo del 25
Aniversario del
Terremoto que destruyó a
Managua en Diciembre de
1972. Estos mismos
artículos han sido
publicado desde entonces
por varios medios. Las
Fotos Históricas que
ilustran arriba, fueron
tomadas y son propiedad
intelectual del Lic.
Nicolás López Maltez y
publicadas en su libro
«Managua-1972», primera
edición, de 1997
conmemorando el 25
Aniversario del
Terremoto del 23 de
Diciembre de 1972. Estas
y muchas otras Fotos
Históricas de Nicolás
López Maltez, han sido
pirateadas por una
legión de individuos que
las publican en sus
páginas web, sin
mencionar el libro de
donde las han copiado ni
el nombre del legítimo
propietario y autor.
Combinando las crónicas
de don Aldo Guerra y del
Dr. Arce Páiz, referimos
que el tradicional
barrio de San Antonio,
uno de los más antiguos
de Managua, estuvo
ubicado en el centro de
la capital.
También en la Iglesia de
San Antonio tenía su altar permanente la Sagrada Imagen de La Sangre de
Cristo, traída de Guate-mala en 1638, venerada en la Iglesia de Veracruz de
la entonces Villa de Managua. Iglesia prístina que estuvo situada donde hoy
es el Parque Darío de Managua, única que entonces existía en la ciudad, pero
la Iglesia de Veracruz fue derribada en el terremoto de 1885 (en el siglo
XIX Managua sufrió dos grandes terremotos: 1844 y 1885) y La Sangre de
Cristo fue recuperada y trasladada a la Iglesia San Miguel, construida en
terrenos que pertenecían al barrio Santo Domingo. Los devotos y feligreses
hacían ricas ofrendas a La Sangre de Cristo, y entre sus adornos se
destacaban coronas y pectorales de oro y miles de medallas y crucifijos
igualmente de oro, clavos de plata y otras reliquias en gratitud de milagros
recibidos.
En en su devoción, incluían a La Sangre de Cristo en
sus testamentos, otorgándole propiedades como terrenos, casas, fincas y
valiosas haciendas de ganado, entre ellas El Charco, en la penísula de
Chiltepe, El Laurel, El Caimito, El Hato y otras. La Constitución del
gobierno del Gral. Zelaya de 1894 llamada La Libérrima, prohibió estas
herencias a los santos y a la iglesia. Se organizaron cofradías y
congregaciones para atender la devoción: Los Caballeros de la Sangre de
Cristo y la Congregación de las Camareras. Pero la posesión de La Sangre de
Cristo creó una seria controversia que se convirtió en una verdadera
«guerra» entre los barrios San Antonio y Santo Domingo.
El conflicto surgió en 1906, cuando el Obispo Simeón
Pereira y Castellón decidió vender por 80,000 pesos oro, el templo San
Miguel (barrio Santo Domingo), a la corporación de Mercados de Managua para
construir el Mercado San Miguel (destruido por el incendio del terremoto de
1972). 80,000 pesos oro era entonces una cuantiosa fortuna (el nombre pesos
oro era el nombre que se la daban a la moneda nicaragüense en 1906, durante
el gobierno del Gral. José Santos Zelaya. Se bautizó a la moneda con el
nombre Córdoba en 1912 por el gobierno de Adolfo Díaz). Como la imagen de La
Sangre de Cristo quedaría sin hogar, los habitantes del barrio San Antonio
ofrecieron construirle un templo. Los pobladores del barrio Santo Domingo
pro-testaron y también ofrecieron construirle un templo.
Ante esa disyuntiva, el Obispo Pereira y Castellón
pretendió darle una solución salomónica: el barrio que primero construyera
el templo, se convertiría en la sede de la imagen de La Sangre de Cristo. La
feligresía del barrio San Antonio se movilizó con energía y generosidad,
encabezados por un grupo de personalidades entre quienes estuvieron don
Telémaco Castillo, doña Ceferina Zelaya de Estrada, doña Ignacia Rodríguez,
don Alejandro Espinoza, don Agustín Cerna, don Cayetano Lugo, don Domingo
Calero, doña Rosa Cardoza y otros. El templo inició su construcción el 4 de
Agosto de 1913 y era muy modesto. Esta prístina parroquia de San Antonio era
de adobe y tuvo como campanario una torre de madera con una escalera donde
el sacristán subía a hacer los repiques. La regentó hasta su muerte, en
1937, el franciscano español Fray Luis de Villafranca, un cura alto, blanco,
de barba, nariz aguileña y espejuelos a travez de los cuales miraban sus
penetrantes ojos grises. La iglesia fue también hogar de la imagen de San
Antonio de Padua encontrada en 1640 en un solar montoso (en el mismo solar
se construyó un pequeño templo hace 370 años, destruido por los terremotos).
Una solemne ceremonia se realizó cerca de 1916, con el oficio de misas y
procesiones, cuando fue instalada La Sangre de Cristo en una capilla
interior del recien construido templo de San Antonio, en vista de que los
feligreses del barrio Santo Domingo no construyeron nada, pero alegaron
airada-mente que «los toñeños les habían “robado” La Sangre de Cristo». Esto
desató un serio e irracional conflicto entre los pobladores de ambos
barrios, hasta el punto que un habitante de uno de esos barrios no podía
visitar ni pasar por el otro barrio porque era agredido.
Ese conflicto --una verdadera guerra de barrios-- por
la posesión de La Sangre de Cristo, que gozaba de prestigio y fama de
milagrosa desde que en Junio de 1863, durante el gobierno del Gral. Tomás
Martínez, vecinos de Tipitapa fueron a Managua a solicitar al Gobernador
Militar que autorizara trasladar a la Banda de los Supremos Poderes para
amenizar con conciertos musicales la fiesta patronal de Tipitapa. La
jefatura militar accedió a la petición y envió un conjunto de 8 filarmónicos
de la Banda, comandados por don Santiago Reyes. Los músicos militares se
embarcaron en una piragua grande poniendo proa hacia la bocana de Tipitapa.
Llegaron sin novedad y a eso de las siete de la noche dispusieron regresar.
Cuando la piragua navegaba de noche en el Xolotlán, comenzaron a soplar
vientos de galerna presagiando una tempestad que no tardó en llegar. Las
aguas del lago se agitaron de manera horrorosa y la embarcación comenzó a
inundarse con la lluvia torrencial que caía en la oscuridad sobre los
músicos, sus instrumentos y los tripulantes. La piragua con el timón roto no
obedecía al control del piloto y el naufragio era inminente. Los músicos y
tripulantes en peligro de ahogarse, clamaron a La Sangre de Cristo, y le
ofrecieron la promesa de rendir tributo musical mientras vivieran, en las
celebraciones de la bajada, la vela y procesión. Como escuchando y
respondiendo a las clamantes oraciones, el lago prontamente se fue
tranquilizando y los músicos arribaron a Managua sanos y salvos a las 5 de
la mañana. El milagro había ocurrido.
En gratitud, los integrantes de la Banda de los
Supremos Poderes no solamente cumplieron su promesa a La Sangre de Cristo,
sino que iniciaron una piadosa tradición que continuaron cumpliendo todas
las bandas militares desde entonces. De eso ya hace 147 años en este 2010.
don Gratus Halftermayer en su Historia de Managua destaca el acontecimiento
y revela los nombres de dos músicos salvados en el milagro: Ezequiel Rivera,
a quien le decían “Tetey” y Juan Cano, clarinetista del grupo de los ocho,
además del director del grupo, don Santiago Reyes. La Banda de la Guardia
Nacional de Nicaragua continuó cumpliendo la promesa de sus antecesores
hasta el terremoto de 1972 que destruyó la iglesia y el barrio San Antonio,
de la misma forma como había caido colapsada la primera iglesia San Antonio
en el terremoto de 1931, pero en ese terremoto la imagen de La Sangre de
Cristo resultó intacta y fue trasladada a la iglesia San Sebastián (La orden
religiosa de Frailes Menores Capuchinos regentaban el templo de San Antonio
y también las de San Sebastián y Monte Tabor en el Km. 11 de la Carretera
Sur de Managua).
Los pobladores del barrio San Antonio con la misma
energía conque construyeron la iglesia de adobe en 1916, volvieron a
construir la hermosa iglesia San Antonio que vemos en esta Foto Histórica,
pero la pequeña plaza frente a la iglesia se convirtió en un bonito parque.
El Parque de la Basílica Parroquial de San Antonio, de forma ovalada,
construido al norte del edificio, fue obra de don Samuel Portocarrero
Cardenal, de León, hijo del ex-Alcalde de Managua (1911), don Fernando
Portocarrero y doña Marcela Cardenal, destacados devotos de La Sangre de
Cristo. Había una placa conmemorativa a la inauguración del parque; en ella
figuraban los nombres del Comité Ejecutivo de la Alcaldía: Don Edmundo
Bernheim, don Constantino Pereira y don Jonás Álvarez. Al centro del jardín
se colocó la estatua al Maestro Gabriel Morales, promovida por su alumno,
diputado, jurista, ex-alcalde de Managua, don Luis E. López.
La estatua de marmol fue esculpida en Italia y
originalmente colocada en la tumba del maestro Gabriel Morales en el
cementerio San Pedro, después trasladada al parque San Antonio, el monumento
resultó dañado en el terremoto de 1972 y hasta recientemente el historiador
Roberto Sánchez Ramírez promovió la reparación y restauración de la estatua
por Arq. Giorgio Pascualini y la instaló en la tumba del Maestro Gabriel en
el cementerio San Pedro, también restaurado por Sanchez Ramírez. Ante la
destruccion de los tem-plos San Antonio (en la Foto Histórica) y San
Sebastián, La Sangre de Cristo fue trasladada a la iglesia de Monte Tabor y
estuvo ahí hasta la construcción de la actual Catedral de Managua,
diseñándose en su interior una capilla especial para La Sangre de Cristo, y
ahí está actualmente en este 2010. La tradición de tributo musical a la
Sagre de Cristo iniciada por la Banda de los Supremos Poderes en 1863
finalizó con el terremoto de 1972. El actual Cuerpo de Música Militar del
Ejército de Nicaragua inició otra tradición de conciertos a la Inmaculada
Concepción en la ciudad de Granada.
El Dr. Armando Arce Paiz, médico salubrista graduado
en la universidad de Sao Paulo, Brasil, que realizó una inmensa y
beneficiosa labor en Salud Pública, falleció recientemente, pero nos dejó
sus escritos y entrevistas. De aquellos tiempos y vivencias personales, el
Dr. Armando Arce Páz escribió: «La gente acudía a la “bajada” de la imagen,
llevando palmas y flores de pacaya, y catorce niñas entraban al templo
portando las lujosas almohadas sobre las que se acostaba al Redentor;
después se procedía a la limpieza de la imagen, utilizando algodones
perfumados. Por la noche, a las siete, comenzaba la vela que se prolongaba
hasta las doce, los devotos y cofrades obsequiaban a los presentes con café,
rosquillas y bizcochos. A las seis de la mañana se cantaba una misa solemne
acompañada de cohetes y morteros, y un orador notable se encargaba del
sermón alusivo a la fiesta.
Mi padre el médico Dr. José Luis Arce Fonseca y mi
madre Aurora Paiz Avilés, vivían frente al costado oriental de la Iglesia de
San Antonio, en esa casa vine al mundo el 25 de Diciembre de 1921. Mis
hermanas: Edelma, Aurora y Martha Alicia, ahí vivimos juntos hasta el
terremoto del 31 de Marzo de 1931, nos trasladamos a otro lugar siempre en
Managua. Recuerdo el vecindario de esas familias autóctonas de Managua,
algunas con antecedentes históricos de siglo y medio (XIX y XX), Doña
Petronila Silva de Fonseca (Mama Nila), mi bisabuela; frente a la parroquia,
el Doctor médico Alejandro Espinoza, el Doctor Modesto Emilio Barrios y Doña
Rosemilia Olivares, padres del Doctor Raúl Barrios Olivares; Doctor José
María Castrillo, Director y Editor del Diario «El Comercio»; Doctor Emilio
Pallais, el Doctor Julio Medal médico, hermano del gran pianista Arturo José
Medal pianista egresado de la Scala de Milán, Italia; el
Profesor Ignacio Fonseca, maestro, Ministro de Educación y Ex-Director de la
Escuela Normal Central de Varones; el Dr. Carlos Cuadra, don Jonás Alvarez,
la Familia Báez-Díaz, ahí se crearon Carlos y William Báez; el Dr. David
Sthadtagen, el Dr. Francisco Baltodano casado con doña Rosita Castellón; la
familia de don Pedro Belli; don José María Páiz, mi abuelo, descendiente del
General Ignacio Páiz (General Pellota). Hacia la esquina abajo de la Iglesia
estaba la comidería y pulpería de La Panchota; a la vuelta de la esquina la
escuelita de párvulos Las Osorito, también en ese sector la familia del Dr.
Arnoldo Alemán Sandoval, los Borge, la familia de don Cástulo Hernández,
dueño de la conocida barbería de su nombre, padre de los Ingenieros Armando
Hernández Aburto y Rolando, su hermano. Frente a la Iglesia, al lado de
abajo, estaba la Chichería París, el Colegio Divina Pastora, el abogado Dr.
Heliodoro Moreira (a su hijo le decían Marañón); el escritor Octavio Rivas
Ortiz, “ORO”, su seudónimo; la familia del Dr. Andrés Zúniga Castillo, en
las familias Castillo a Edmundo Castillo le decían “Papamón”; los Ramírez y
a Jacoby, los muchachos le decíamos “el loco Jacoby”. En frente estaba la
casa de doña Victoria Chamberlain de Cuadra (Mamá Toya), madre de Raúl y
Vicente Cuadra Chamberlain y demás descendientes. Don Abraham Narváez
Fortis, casado en segundas nupcias con doña Soledad Páiz Avilés, mi tía; la
Relojería Borge; en la esquina de abajo tenía su consultorio médico el Dr.
Gerardo Peralta y en frente el Dr. Marcelino Delgado Juárez, mi profesor de
medicina en la Universidad Central. La Optica Santa Lucía del Dr. Ernesto
Correa Reyes. Siempre dentro de ese vecindario estaba el abogado Antonio
Cerna, el consultorio médico del Doctor Dagoberto Zeledon Torres y el
Laboratorio clínico de Luis Castillo, cariñosamente llamado “el trompudo
Castillo”.
Del Cine Victoria media cuadra
arriba, vivía doña Amalia Delgadillo de Solórzano casada con don Orlando
Solórzano, ella murió con su nietecita en la tragedia del terremoto de 1972,
fue la madre del economista Orlando Solórzano Delgadillo. En los cuarenta y
un años que transcurrieron entre los terremotos de 1931 y 1972, el Barrio
San Antonio, tuvo su apogeo o auge en progre-so y modernización. Se
establecieron clínicas medicas como la el radiólogo Dr. Ro-berto Calderón
Gutiérrez; Gilberto Suáres, Julio Gómez, Dr. Elvir, Dr. Enrique Lacayo
Farfán, Dr. Luis Jacinto Espinoza, radiólogo-pediatra; Dr. Alejandro
Sequeira Rivas, cirujano; Dr. Orlando Castillo, Dr. Carlos Osorio, Dr.
Armando Benard, Dr. Abel Medina H., Dr. José Ferrey Robleto, Clínica
Especializada de los doctores Edmundo Miranda, odontólogo; José Argüello
Meza, O.R.L. y Ricardo Lacayo, oftalmólogo. Estaban las Oficinas de Leyes de
los abogados Dr. Andrés Vega Bolaños, Dr. Félix Esteban Guandique, Dr.
Guadalupe Sevilla, Dr. Carlos Collado Arce, Dr. Guillermo Areas Rojas y Dr.
León Barrios Boquín.
En el barrio San Antonio se
construyó el moderno Hotel Balmoral, el Edificio Guerrero Montalván, el
Palacio de Cristal de don Fifo Bermúdez, con especialidad en lámparas
austríacas y cristalería; la zapatería de don Francisco Quiñónez, esquina
opuesta la Ferretería Lang de don Eugenio Lang; media cuadra arriba estaba
el Templo Masónico, Logia Progreso No. 1, con el busto de Leonard a la
entrada, pionero de la masonería en Nicaragua y al sur, los Laboratorios
Solka. La Casa Caligaris, tenía amplios negocios, situada de la Iglesia dos
cuadras abajo. Recuerdo al Dr. Encarnación (Chón) Fletes, abogado
representante de la vindicta pública y a la familia de doña Graciela Blandón
que hacían puros chilcagre de calidad, y enfrente vivían los Cuevas. Doña
Rosaura «Mama Chagua» de Fonseca, progenitora de familias autóctonas de
Managua, vivía a la vuelta del parque San Antonio, era abuela del Dr. Jaime
Bengoechea Delgadillo. La Escuela Normal Central de Varones, fue fundada en
1938 en la esquina sur-occidental de la avenida que, viniendo del lago,
topaba con el parque San Antonio. De esta escuela Normal, egresaron
prestigiosos educadores como el Dr. Pedro J. Quintanilla, que llegó a ser
Ministro de la Presidencia de la República; su hermano Raúl; el Prof.
Francisco López Collado, el Prof. Guillermo Rothschuh Tablada, el Prof.
César Núñez Sánchez, el Prof. Justo Pérez Mora, el Lic. Julio Hernández
Solórzano, y otros. En San Antonio había importantes farmacias: la de
Tránsito Escobar, frente al Cine Victoria; esquina opuesta al Cine América
la Farmacia Urroz y el salón Cervecero América de don Luis Muñoz, la
Farmacia San Antonio de la Dra. Mary Saino de Caldera, frente al edificio
del Hotel Balmoral, y la sastrería de Gil Caldera y del maestro Guardado. Al
tope del Callejón Aurora, la casa Cabrera, Distribuidora de productos
farmacéuticos de México y otros países. En la esquina la Casa de la Familia
de don Gustavo Raskosky Páez, ex-Ministro del Distrito Nacional; Dr. Germán
Castillo, médico pediatra; don Domingo Calero Blandino y la mansión de don
Carlos Cano. Punto de referencia era la Panadería La Rosa Blanca, su dueña y
fundadora, doña Rosa Murillo, vecina de su hermana Rosario Murillo, casada
con el gran panida Rubén Darío, y hermana del Gral. Andrés Murillo, ex-Alcalde
del viejo Managua. La familia de los Dres. René y Gustavo Adolfo Vargas
López; los músicos Luis Urroz, delicado pianista; Tomás Urroz, clásico
violinista que estudió música en Bélgica; don Víctor Urroz, virtuoso del
violoncelo y todos los Urroz, músicos por antonomasia. En el área central
del barrio estaba la imprenta del diario «La Nueva Prensa» de Gabry Rivas y
el diario «Flecha» de don Hernán Robleto y don Heliodoro Cuadra historiador
managüense. De la Iglesia San Antonio media cuadra arriba estaba el Salón
Cervecero Rigo, después la sastrería del maestro Humberto Guardado; del
Hotel Balmoral una cuadra al lago estaban los Trajes Gómez, de ahí hacia
abajo, en una de las esquinas del Callejón Aurora se fundó en 1961 el
Instituto Maestro Gabriel por los educadores: Dr. René Schick, Dr. Pedro J.
Quintanilla, Dr. Ulises Fonseca Talavera, Prof. Francisco López Collado,
Prof. Nassere Habed López y el Prof. Fidel Coloma González. En la década de
los 40, detrás de la Iglesia se instaló el Juzgado 2° Civil del Distrito
siendo Juez el Dr. Ramiro Sacasa Guerrero; la Dry Cleaning de los Noguera.
En la misma cuadra la carpintería de Francisco Grijalva y todos sus hijos.
En la esquina sur vivió la familia del Dr. Efrén Saballos, abogado
capitalino, casado con la Doctora Olga Núñez Abaúnza. A poca distancia el
edificio de la Universidad Central de Nicaragua, inaugurado en 1941.
Las calles del barrio San Antonio
las recorrían personajes populares: Santirilo, Mano de punche, la Cocoroca,
Chonchinga, Peyeque, Papa Chepe, que era sorteador de toros en las barreras
de abajo; Agustín Duarte (a) Tat-Tin, era cochero, carpintero, chofer,
albañil, niñero, por sus múltiples oficios le decían: “Llave Universal”. El
barrio San Antonio gozaba de gran actividad social, entre otras, el «Club de
los 11», que se ubicaba media cuadra al norte del parque; seguidamente la
cantina popular «El Mango» y enseguida el Club Social de Obreros. En la
vecindad del Cine América vivía el boerista y deportista don Alfredo
Castillo, fue Jefe Político de Managua, dueño de la cantina «La Gran Jugada»,
sus hermanos Moisés Castillo, de oficio sastre y don Fran-cisco Castillo,
joyero, les apodaban “Los Lapas”. Era muy nocido el sacristán y monaguillo
de San Antonio, José Esteban Alemán, pantagruélico para comer.
Las familias de don Manuel
Villavicencio y doña Luz; don Juan Manuel Morales, fundadores de la Unión
Deportiva América y su equipo de Football; los Zúniga, hijos de don Gilberto
y doña Macedonia, y el sacerdote Pedro K. Siero. La primera Iglesia San
Anotnio y muchas viviendas sucumbieron en el terremoto de 1931. pero los “toñeños”
tercos volvieron a edificar ahí mismo sus viviendas. El otro terremoto, de
1972, arrasó el templo y el barrio y no volvieron a reconstruirse». Por su
parte, don Aldo Guerra Duarte, que actualmente reside en Anthem, Arizona,
nos ofrece sus memorias: «Mis recuerdos se fijan en atención a la Sagrada
Imagen de la Sangre de Cristo, memorias imperdurables, en esa parte del
tiempo de mi vida en la comunidad de mi niñez y adolescencia. Los oficios se
realizaban con gran pompa y festividad. Los fieles acudían a la “bajada” de
la Imagen, llevando palmas y flores de pacaya y catorce niñas entraban al
templo portando lujosas almohadas sobre las que se recostaba el Redentor,
después se procedía a la limpieza de la imagen, utilizando algodones
perfumados.
En el atrio de la parroquia hacían
fiesta en la tarde de la bajada de Cristo Crucificado con marchas musicales
y fuegos pirotécnicos y, los asistentes regalaban refrescos y golosinas. Por
la noche, a las siete, comenzaba la vela que se prolongaba hasta las doce,
los creyentes y cofrades obsequiaban a los presentes café, rosquillas y
bizcochos. Uno de los homenajes más solemnes que se han ofrendado a la
Sagrada Imagen de la Sangre de Cristo, lo llevó a efecto en 1925 el gobierno
del Presidente Carlos José Solórzano, cuando la Banda de los Supremos
Poderes ejecutó, durante la solemne procesión, el himno dedicado en honor a
la sagrada imagen, obra musical del maestro Arturo Picado.
Entre las personas más devotas de
mi cuadra, en la Tercera Avenida Sur Oes-te, esquina con la Botica Central
de don Paco Castro, acudían en constante devoción doña Francisca de Quiñónez
y su sobrina la niña Adilita Quiñónez; Aminta y Lily Mayorga Flores, esta
última ahora señora de Karembinsk; doña Esther de Lacayo y sus hijas
Guillermina, Adilia, Olguita y Margot Lacayo; doña Flor de Liz Castellón de
Gurdián y la señorita Yolandita Castellón y, en especial, Doña Rosalina
Urroz de Estrada Cabrera, dilecta hija de una de las más famosas familias de
músicos de Managua; su ferviente devoción sería una tradición religiosa
familiar, motivada quizá por ser alguno de sus ancestros sobrevivientes del
milagro del Lago. Poseo una estampa, una litografía que se conser-va, a
pesar de los años, la forma espléndida, elegante y piadosa con que los
devotos, congregaciones y cofrades, entre ellos la de los Caballeros de la
Sangre de Cristo y la Congregación de Camareras, atendían el culto de la
Sagrada Imagen de la Sangre de Cristo, reproducción en mis archivos por
amable obsequio del Dr. Jorge Eduardo Arellano. Si advertimos la corona de
espinas en su frente, notamos en forma sobresaliente la diadema de oro
fulgurante como símbolo, ambas, de su sufrimiento humano y de su divinidad.
El rostro pálido, con la serena faz
de la muerte. Sobre su piel blanca lacerada surge la sangre de las heridas
abiertas arriba de su frontal por las desgarraduras de las filosas y rígidas
puntas agudas de las púas, dramáticas gotas que se confunden en el cabello y
la barba del Redentor. El pelo de su cabellera, negrísimo y de hermosos
bucles que se desgajan hasta la cintura, fue un obsequio de sus fieles
cofrades, se des-taca además, en la piel tersa, la profunda herida en su
costado derecho. Con pudor lo cubren con rico manto anudado a su cintura.
Todo su tirante cuerpo se apoya en el acero atravesado sobre el empeine de
ambos pies, colocados el derecho sobre el iz-quierdo y sostenido por sus
brazos extendidos y clavados en las palmas de sus manos. El entorno lo
recuerdo, profusamente perfumado de incienso y aceite de las velas
encendidas, a su alrededor, el sutil aroma de las trenzas de flores que se
desgajan de sus manos y los olorosos racimos de botones en los tiestos de
magníficos jarrones de plata.
A sus pies un blando lecho de
cojines finos, elaborados con las mejores telas y decorados con bordados
preciosos, con pedrerías y diseños con símbolos propios de la Santa Madre
Iglesia Apostólica y Romana. No tengo ni la menor duda que algunas de estas
obras de arte serían confeccionados personalmente por doña Rosalina,
diseñadora profesional que todas las tardes, después de atenuarse con la
brisa del Lago el bochorno del medio día, recibía en el fresco corredor, con
jardín interior de su casa de habitación, al grupo de alumnas a quienes doña
Rosalina impartía clases de alta costura. La litografía no tiene fecha, ni
imprenta, pudiera ser de los años cincuenta; en el anverso, debajo de la
fotografía, está escrito: “SANGRE DE CRISTO, SALVANOS. Piadosa y antiquísima
Imagen venerada en Managua desde el año de 1638. Tal como se venera en la
Basílica Parroquial de San Antonio.”, en el reverso, está impresa la Oración
de las Letanías de la Sangre de Cristo». Todo ese caudal de memorables
recuerdos revive en las mentes de los pobladores del barrio San Antonio ante
la imagen de estas Fotos Históricas de La Estrella de Nicaragua, aunque en
el terreno ya no quedan ni los cimientos de la Iglesia San Antonio de las
casas que por cientos de manzanas conformaron el barrio San Antonio de
Managua. |