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       Año XVI, Edición 407           Fundada el 1 de Mayo de 1986        16 páginas         Miami-Dade, FL, Marzo,  2010
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NCTF PREPARA MECANISMOS DE AYUDA PREVINIENDO TERREMOTOS EN NICARAGUA.

Organizado Comité de Emergencia Nica-USA.
 

Esta es la célebre fotografía tomada por el Lic. Nicolás López Maltez en la mañana del 23 de Diciembre de 1972, que se ha convertido en la más representativa del terremoto de esa fecha. Ha sido reproducida en cientos de libros, revistas, periódicos e internet, y fue editada una serie de estampillas postales por Correos de Nicaragua. Demuestra que el terremoto de 1972 destruyó por igual edificios de concreto y de taquezal; y que los incendios completaron la muerte de la capital de Nicaragua hace 38 años.
El segundo piso de esta vivienda aplastó al primero dejando el balcón a nivel de la calle por la debilidad estructural de su construcción de taquezal. La población es tan ingenua en materia de seguridad estructural, que solamente se interesa en que la casa le resulte «lo más barato posible», sin considerar que lo más barato es malo y mata a la hora del sismo.
Los incendios tras el terremoto de Managua en 1972, completaron la destrucción. La ciudad ardió durante dos semanas. Los camiones de bomberos queda-ron aplastados por los malos edificios, el servicio de agua fue cortado por los movimientos telúricos y habías más de 500 in-cendios de gran magnitud ardiendo sin control.
Colapsaron los cuatro pisos del ala occidental del edificio del Instituto Nacional Central Ramírez Goyena, donde dormían 300 alum-nos internos (dichosamente de vacaciones a la hora del terremoto de 1972). Inaugurado con gran pompa en 1954 por el Presidente So-moza García con la presencia del Vicepresidente de EE.UU. Richard Nixon, fue objeto de corrupción de los funcionarios responsables de la construcción que robaron materiales para construir sus viviendas privadas, debilitando las estructuras de Goyena. Esa corrupción continúa en las construcciones de 2010.
Managua estaba mal construida, no tanto como Puerto Príncipe, Haití. La diferencia de las construcciones fue marcada por el número de muertos. En Managua murieron 10,000 personas y en Haití, la cifra oficial de muertos supera las 230,000 personas (23 veces más). En contraste, el terremoto de Chile refleja oficialmente menos de mil víctimas letales, lo que quiere decir que en Chile hay menos corrupción de los constructores.
El edificio de la Embotelladora San José, en la carretera Norte, lucía fuerte en su construcción, pero la falta de estructura antisísmica dentro de sus paredes y mampostería, le hizo colapsar, aplastando el primer piso. Las pérdidas fueron de tal magnitud que desapareció la empresa que embotellaba la mejor, más popular y más vendida gaseosa con sabor a naranja.
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        Nicaraguan Civic Task Force, NCTF, ha organizado el Comité de Emergencia USA, para dar respuestas y enviar ayuda a Nicara-gua ante le próximo terremoto, seguramente de Managua.

La primera actividad fue organizar una conferencia para hacer conciencia en la Comunidad Nicaragüense de Miami de un inminente terremoto en la capital de Nicaragua. La conferencia fue dictada el 6 de Marzo 2010, por el Arq. José Francisco Terán, uno de los profesionales más capacitados sobre las consecuencias de un terremoto. Terán fue uno de los principales constructores de Managua con su compañía Aisa y un estudioso profundo y documentado del terremoto de 1972 y demás terremotos en la historia.

La segunda actividad que será realizada próximamente es otra conferencia del Ing. Clemente Balmaceda, Presidente de la Cruz Roja Nicaragüense. NCTF ha decidido canalizar toda la ayuda que se recolecte directamente con la Cruz Roja Nicaragüense e independiente de cualquier agencia gubernamental.

No existe la menor duda que Managua volverá a experimentar otro terremoto próximamente, y muchos más en el futuro como los que ha padecido a lo largo de miles de años en el pasado histórico y prehistórico.
En 1997, cuando publicamos la primera edición del libro Managua-1972, hicimos recopilación de los últimos cuatro terremotos que han dejado a Managua destruida en menor o mayor grado.

Esos terremotos contabilizados fueron: 1844, sin mayores consecuencias, pues entonces Managua era un caserío de rancherías de paja e incluso las iglesias tenían techo de paja. Cuarenta y un años después, el 11 de Abril de 1885, a las nueve de la noche, Managua volvió a sufrir otro terremoto. En esa ocasión ya se produjeron daños. Managua tenía ya cerca de 10,000 habitantes. Resultó fracturada la Iglesia San Miguel y docenas de casas de teja (las casas o ranchos techo de paja son naturalmente a prueba de terremotos). Dos personas murieron en 1844.
Después de este sismo se inició en Managua el productivo cultivo del café en las alturas de Las Sierras y cierta prosperidad se hizo evidente con la construcción de «casas de alto» de taquezal y miles de casas de un solo piso con paredes de adobe y pesados techos de teja de barro.

Cuarenta y un (41) años después, el 11 de Abril de 1885 a las 9 de la noche, la capital nicaragüense fue sacudida por un terremoto de in-determinada intensidad. No existían grandes o pesadas construcciones en Managua, pero dos personas resultan muertas y queda-ron seriamente dañadas la Iglesia San Miguel y la parroquia dedica-da al patrono de la ciudad, el Apóstol Santiago. La mayor parte de las viviendas eran de madera e incluso gran cantidad todavía utilizaba techos de paja.

El Presidente de la República de entonces, era el Dr. Adán Cárdenas, un abnegado médico perteneciente a la epoca de los «treinta años conservadores», que impulsó el desarrollo y continuó la tradición de honestidad administrativa de esos años en que la capital era un villorio con cerca de diez mil habitantes.

Posteriormente a este terremoto, subió el precio internacional del café y Managua recibió alguna prosperidad. Se volvió moda la construcción de «casas de alto», una especie de status económico y social, viviendas que tenían una planta baja y un segundo piso.

Muchos habitantes del campo y de otras ciudades fueron atraídos por la prosperidad de Santiago de Managua. Entre los inmigrantes llegó un joven llamado Rubén Darío, que abandonó el León de su infancia, obtuvo un empleo en la biblioteca de Managua y posteriormente dirigió el quincenario El Imparcial editado en la imprenta del Dr. Jesús Hernández Somoza.
A finales del siglo XIX, la ciudad capital Santiago de Managua, era una pobre aldea, imposible de ser comparada con las señoriales ex-capitales de Granada y León.

Cuarenta y seis años después, el 31 de Marzo de 1931, martes de la Semana Santa, a las diez y veintidós minutos de la mañana, una vio-lenta sacudida telúrica impactó otra vez a Santiago de Managua. La destrucción fue casi total. La capital era entonces habitada por un poco más de sesenta mil (60,000) ciudadanos. Se contabilizaron las víctimas en mil doscientos muertos y dos mil quinientos heridos.

Santiago de Managua tenía en aquella fatídica fecha más de seis mil viviendas y edificios, de pesados techos con tejas de barro que causaron cientos de víctimas. Aún después del sismo principal, las tejas herían y golpeaban a los zapadores y vecinos cuando les caían en la cabeza, sacudidas por las réplicas o temblores secundarios que continuaron. No más de 500 casas y edificios quedaron en condiciones de ser reparadas, pero se «repararon» muchas más, con el simple expediente de repellar las grietas y colocar a plomo las paredes dejando las lesiones en las bases, estructuras y mamposterías, esperando causar más dolor en el siguiente sismo.

El violento terremoto duró so-lamente ocho segundos. Muchos importantes edificios, como el Palacio Nacional queda-ron en pie, pero fueron consumidos por las llamas de los múltiples incendios que se produjeron a consecuencias del sismo, provocados principalmente por las numerosas cocinas a leña y los corto circuitos eléctricos. En el Palacio Nacional se quemaron totalmente los Archivos Nacionales, no obstante que el técnico de la compañía eléctrica, Central American Power Corporation, Ing. Moisés Henríquez, antes de escapar del edificio que se derrumbaba, cortó el suministro eléctrico accionando el interruptor (en 1931 no existían los interruptores térmicos o brakers). El acto de Henríquez fue declarado heróico y se le dió un reconocimiento escrito: una carta, pero ninguna recompensa. La destrucción por los incendios superó a la causada por el temblor.

Las cañerías de agua quedaron cortadas por los movimientos telúricos. El servicio de agua en 1931 consistía en un conjunto de bombas que extraían el agua del lago Xolotlán, que no era en esos años depósito de cloacas, y se impelían hasta una serie de reservorios instalados en las alturas al sur de la ciudad, cerca del actual Hotel Crown Plaza (la pi-rámide).
Nicaragua estaba en 1931 bajo la ocupación militar norteamecicana. En el Norte del país se desarrollaba la guerra de las tropas norteamericanas contra el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua que comandaba el Gral. Augusto C. Sandino. El comandante militar de Managua era Walter G. Sheard, Jefe del Estado Mayor de la Guardia Nacional de Nicaragua en la capital. Se decretó Ley Marcial «escrita en español y aplicada en inglés».
En un afán de controlar el pillaje, los marinos norteamericanos disparaban sobre cualquier persona sorprendida sacando mercaderías o muebles de los edificios y viviendas, sin diferenciar si se trataba de propietarios o saquea-dores. Los marines no hablan español, ni en-tienden las costumbres e idiosincracia de los nicaragüenses. A-demás que los norteamericanos procedían --en su gran mayoría-- de zonas rurales de la Unión Americana.
Algunos marines, que eran los oficiales de la Guardia Nacional de Nicaragua, murieron en el terremoto de 1931, dos de ellos perecieron al derrumbarse la Penitenciaría: el Mayor Hugo Blas-ke y el Tnte. James F. Dickey. Muchos reclusos y soldados nicaragüenses de la G.N., también murieron al dislocarse la Penitenciaría, que estaba ubicada donde actualmente se encuentra el Estadio Nacional, que en 1931 era una zona fuera de Managua. Esposas e hijos de los marines perecieron, como la señora J. D. Murray que se refugió en su automóvil, pero fue alcanzada por las llamas del incendio, y la señora Lea Rossich que murió aplastada en su hogar managüense con su hijo Lows.

El terremoto e incendios destruyeron el área de las 36 manzanas más valiosas de la capital. Cerca de 20,000 habitantes de Santiago de Managua emigraron a otras ciudades. Miles de familias se refugiaron en los parques Central y Darío. Se improvisaron refugios en la explanada de la Loma de Tiscapa --que entonces era fuera de la ciudad-- y en el campo de aviación de los marinos norteamericanos, llamado «Campo Teniente Lee Bruce», más tarde transformado en el barrio Campo Bruce, cuan-do el gobierno del Gral. Moncada lotificó el abandonado campo de aterrizaje y regaló esos terrenos a los damnificados. La costa del lago Xolotlán, también es refugio para la población damnificada.
Se concibió la idea de utilizar dinamita para detener los incendios. Se comisionó la obra de-moledora al US Marine Mayor Dan I. Sultan. Se hizo detonar dinamita en edificios aún no alcanzados por el fuego --fuesen o no rescatables-- para hacer un corredor que evitara el paso de las llamas hacia las zonas donde el incendio no había llegado. Pero el incendio siguió y las explosiones causaron más pavor y desmoralización entre la población damnificada que huyó de la ciudad, especialmente quienes estaban custodiando sus propiedades. La dinamita no sirvió para detener los incendios y --por el contrario-- causó destrucción innecesaria. Esta experiencia evitó el uso de explosivos inútiles en el terremoto de 1972.

Era Presidente de la República el Gral. José María Moncada Tapia, que disfrutaba en su quinta campestre en el balneario en la laguna de Masaya llamado Palacete de Venecia, cercana a la bajada de Masatepe, su pueblo natal. El terremoto sorprendió al Presidente Moncada en Venecia vacacionando por Semana Santa.
La noticia del desastre le llegó al Presidente después que la in-formación recorrió un largo periplo por los sistemas militares de radio de los marinos norteamericanos y la Tropical Radio, también norteamericana, que in-formaron a Washington, luego a Nueva York, y llegó de regreso a Nicaragua por cable a San Juan del Sur y por telégrafo a Masa-tepe de donde salió el mensajero para el Palacete de Venecia hasta las manos del Presidente Moncada.
Los marinos de la ocupación no informaron al Presidente de la República, estando a solamente 20 kilómetros de la capital destruida.

El Presidente Moncada Tapia se trasladó a Managua para comprobar la fatal noticia e instaló una improvisada Casa Presidencial en la residencia de su sobrino y Subsecretario de Relaciones Exteriores, Anastasio So-moza García, frente a la ermita del Perpetuo Socorro, esquina o-puesta al Campo de Marte. A esa provisional residencia ejecutiva, le llegaron las condolencias de diplomáticos y jefes de estado, incluyendo a H. Hoover, Presi-dente de Estados Unidos y al Coronel H. L. Stimson, con quien Moncada había pactado en el Espino Negro en 1927.
El Palacio Presidencial de Tiscapa, inaugurado hacía tres meses, el 1 de Enero de 1931, sufrió serios daños, pero se autorizó su reparación que fue más o menos cosmética, razón por la cual colapsó totalmente en el siguiente terremoto de 1972. Lo mismo ocurrió con el Palacio del Ayunta-miento, inaugurado por el Alcalde de Managua don Pablo Leal en 1927, bajo la presidencia de don Adolfo Díaz.

El 17 de Abril de 1931 el Congreso de la República trasladó sus sesiones a Masaya instalándose en el Club Social.
Inmediatamente surgió en Masaya un movimiento que pro-movía quitarle a Managua el rango de Capital de la República y trasladarla a Masaya. El promotor de este movimiento fue el Senador masayés Ramírez Mairena, Presidente de la Cámara del Senado, y le secundaron el Magistrado masayés Carlos A. Morales, Presidente de la Corte Suprema de Justicia y el diputa-do Joaquín Cuadra Zavala.

Ante esta pretensión surgió otro movimiento semejante en Granada --mucho mejor orquestado--, que comenzó con una Pastoral del Obispo de Granada, Mons. Canuto Reyes y Balladares, que inició con estas palabras: «Digitus Dei est hic. El dedo de Dios está aquí». Y en el texto pastoral agregaba: «Adoremos la mano bienhechora...» «Dios ha creído necesario aplicar castigo, como lo ha hecho, a la ciudad más culpable de la República...» «la ciudad ha desaparecido, las casas que no han caído están por caer. El incendio lleva tres días ha sido imposible sofocarlo y va acabando de destruir la ciudad...» «allí descargó su justicia el Señor con mano fuerte. Allí se fabricaron baños sobre las azoteas donde se bebía y se bañaban los sexos desvergonzadamente...» «allí se asistía a bacanales...» «allí los periódicos vomitaron blasfemias contra la Iglesia y sus Ministros, proclamaron las inmoralidades más asquerosas, se propusieron proyectos contra la libertad de la Iglesia en materia del matrimonio queriendo anular la unión eclesiástica; allí se han apoyado a los cines más inmorales que la maldad pueda in-ventar...» «Allí se preparaban para ir el Miércoles Santo a los baños de Casares para profanar los días santos de Jueves y Viernes, con infames bacanales que da vergüenza mencionar...» Incluía en su cruel Pastoral de diez páginas, el señalamiento del castigo divino para la jovencita reina de belleza María Huezo, muerta en el terremoto, porque sería coronada --según él-- «en un bacanal en el balneario de Casares»; menciona-do también fue en la obispal maldición, el Vice Ministro Gilberto Saballos, propulsor de la enseñanza laica, muerto por el sismo en su hogar, de quien el obispo granadino mencionó como «enemigo de la religión católica».
Toda esa “pastoral” era parte de la conspiración para convertir a la ciudad de Granada en capital de Nicaragua.
Contradiciendo la Pastoral de Mons. Canuto Reyes y Balladares, predicaron sus sermones en la destruida capital, el presbítero Juan Manuel Argüello, frente a las ruinas de la Iglesia El Calvario, y Monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, santo Arzobispo de Managua, cuyo Palacio Arzobispal quedó reducido a cenizas por el mismo «castigo y maldición divinos» exorcizados por el obispo granadino. Algunos managuas que llegaron refugiados a Granada fueron recibidos con el cognomento de «¡vienen los malditos!», haciéndose eco de la prédica del obispo.
El insigne intelectual y educador don Francisco Huezo, managua autóctono y padre de María Huezo, aludida por Mons. Reyes en su Pastoral, respondió con enorme mesura, decencia y cultura: «El señor Obispo de Granada en lugar de escribir diatribas, hubiera corrido a Managua a desenterrar víctimas y socorrer con auxilios a los hambrientos y necesitados...» «Esa Pastoral no está inspirada en los dulces sentimientos y principios de nuestra religión...»
Todas las otras ciudades de la República, recibieron a los refugiados con compasión, aunque los precios de los alimentos y alquileres se elevaron fuertemente en Masaya, exactamente como ocurrió en 1972.
Transcurrieron cuarenta y un años (41). La población recobró a tal grado la confianza, que olvidó la naturaleza sísmica del subsuelo de Santiago de Managua, que realmente es el epicentro sismológico de la cuenca del Pacífico de Nicaragua.
La noche del viernes 22 de Diciembre de 1972 los confiados habitantes de Managua se recogieron en sus hogares y se dispusieron a dormir. Managua te-nía ya alguna vida nocturna y un segmento considerable de la población se encontraba todavía dispersa por la ciudad. Había si-do un día muy activo para los managuas que estaban atareados en los preparativos navideños para celebrar el siguiente do-mingo la cena de nochebuena, y para ello faltaban solamente 48 horas... que no llegarían nunca...
A las diez de la noche se escuchó un sordo y lejano retumbo, y un ligero temblor estremeció a Managua, un breve sismo igual a los cientos que anualmente vi-bran desde las profundidades. Un simple temblor que fue imperceptible para la gran mayoría, pero alteró los nervios de miles de animales domésticos, especialmente millares de perros caseros que respondieron al leve sismo con desproporcionados ladridos.
Cuando cambió la fecha a la medianoche, todavía muchos vehículos circulan por las estrechas calles. En la Avenida Central o Roosevelt (hoy Ave. Sandino) se conglomeraban los managuas noctámbulos en centros populares, una veintena de parroquianos hacía tertulia de si-baritas callejeros, disfrutando la popular Carne Asada de la Suegra, esquina opuesta al Gran Ho-tel. Eran las cero horas con treinta y cinco minutos (doce y media de la noche) del Sábado 23 de Diciembre de 1972, cuan-do se produjo el golpe mortal contra la capital nicaragüense. Durante un minuto la tierra se sacudió con violencia sembrando la destrucción y la muerte. Todo quedó a oscuras, causando el pánico, que sin luz es más intenso. Diez minutos después se pro-dujo el segundo estertor sísmico, otros cuantos segundos bastaron para completar la destrucción y aniquilar millares de vidas.
La tecnología de la época señaló que un terremoto de casi siete grados de la escala de Ritcher, acababa de reducir a es-combros --por segunda vez en este siglo--, a la misma Santiago de Managua, que contaba para entonces con medio millón de habitantes. Los daños son casi totales: sesenta mil edificios y viviendas de toda calidad quedaron destruidos. Diez mil habitantes murieron bajo los escombros de construcciones en mal estado o mal construidas.
Todas las casas y edificios que habían sido reparados después del terremoto de 1931, sucumbieron en 1972, incluyendo la Casa Presidencial y el Palacio del Ayuntamiento. Barrios enteros que habían sobrevivido al anterior sismo de 1931, se desplomaron enmedio de una afixiante nube de polvo, que ahogaba en la oscuridad de la media noche. Miles de managuas murieron en los tradicionales y arcaicos barrios San Sebastián, San Antonio, Santo Domingo, Candelaria, y el llamado Centro, al quedar sepultados en las antiguas construcciones de adobe, las sucesoras de taquezal y por las más modernas de bloques y concreto, construidas sin las regulaciones de seguridad estructural. Estrictos códigos estructurales fueron puestos en vigencia, pero hasta después de los diez mil cadáveres... pero nunca se cumplieron ni se cumplen en la actualidad.
Igual que en 1931, los incendios completaron la destrucción del terremoto.
En esos 46 años la ciudad no solamente se reconstruyó en forma total, sino que creció en tamaño, belleza y población. Se experimentó un aumento de 60,000 a 500,000 habitantes, un incremento superior al 800%.
A simple vista la ciudad parecía indestructible.
Pocos meses antes del terremoto, en Mayo de 1972, el Gral. Anastasio Somoza Debayle había entregado la formalidad de la Presidencia de la República a una Junta de Gobierno triunviral, forma-da por dos liberales, Alfonso Lovo Cordero y Roberto Martínez Lacayo; y un conservador Fernando Agüero Rocha. Esta junta rápidamente nombró al ex-Presidente Somoza, Jefe Director de la Guardia Nacional de Nicaragua, única fuerza armada, conjunción de ejército y policía del país.
Formalmente la Junta de Gobierno estaba a cargo del Poder Ejecutivo, sin embargo, a la hora del terremoto el Gral. Somoza se erigió en Gobernador Militar y la Junta de Gobierno le nombró oficialmente Presidente del Comité Nacional de Emergencia, con poderes omnímodos para resolver la emergencia. Su casa de habitación, construida con planos antisísmicos en el centro de la Hacienda El Retiro, resistió el temblor por su excelente estructura y se estableció allí el gobierno civil y militar bajo el control del Gral. Somoza. La cancha de tenis --cubierta con una carpa--, se convirtió en salón de sesiones del Comité de Emergencia. Semanas después se instaló una carpa de circo en la explanada de Tiscapa, frente al Hotel Intercontinental (hoy Crown Plaza), que se utilizó como auditorio para grandes reuniones.
Se decretó Ley Marcial para que la Guardia Nacional controlara el pillaje, pero se dieron manifiestos casos de corrupción en algunos oficiales que participaron en el pillaje, por lo cual hubo protestas nacionales e internacionales, pero no sanciones.
No se utilizaron explosivos para sofocar los incendios, que se prolongaron por casi dos semanas. Se formó una Brigada de Reconstrucción que integraron cerca de 5,000 individuos, para las operaciones de limpieza de escombros y proporcionar trabajo remunerado a parte de los miles de desempleados generados por el terremoto.
El radio central de Managua, afectado por la catástrofe, fue evacuado, cercado con alambre de púas y acto seguido comenzó la demolición de las 640 manzanas urbanas. Edificios que aparentemente habían logrado sobrevivir al terremoto, fueron condenados a la demolición total.

La destrucción se concentró en el área altamente poblada y urbanizada comprendida entre el volcán Tiscapa y el lago Xolotlán, un área muy reducida, donde se condensaban en alto grado construcciones y población, considérese que la Avenida Central, bautizada por Somoza García como Avenida Roosevelt (hoy Avenida Sandino), re-corrida en toda su extensión por una considerable falla geológica, desde su inicio en la costa del lago hasta su final en la Loma de Tiscapa, suma un total de trece cuadras, algunas de ellas con menos de cincuenta metros de longitud. Esta avenida contenía todos los bancos, gran parte del comercio y grandes edificios capitalinos. El más alto de todos, la torre del Banco de América, se mantuvo firme y aún permanece erguida, como un símbolo de la floreciente Managua desaparecida.
Los barrios periféricos de Managua, fuera del eje Tiscapa-Xolotlán, resistieron el sismo y sobreviven en la actualidad, incluyendo la Colonia Centroamérica, que no sufrió daños en 1972. Sobrevivientes del terremoto de 72 son los barrios de Altagracia, Campo Bruce, Monseñor Lezcano, San Judas, 5 de Diciembre, Santa Ana, Independencia 70, Ciudad Jardín, Primero de Mayo, Bello Horizonte, Bolonia, Santa Rosa, Blandón, Larreynaga, Unidad de Propósitos, Las Mercedes, Colonia Nicarao, Colonia Morazán, Lindavista, San José Oriental, Riguero, Salvadorita, Maestro Gabriél, 14 de Septiembre, Quinta Nina, Santa Clara, Luis Somoza, Mendieta, El Re-creo, El Retiro, El Cármen, Mántica, Gadala María, Huezo, Largaespada, María Auxiliadora, Ducualí, Meneses, Santa Bárbara, El Paraíso, Silva, La Ceibita, Edén, Los Robles, Colonial Los Robles, Altamira, Altamira D'Este y muchos otros.
El comercio se trasladó a esos barrios y colonias, desplegando letreros que se hicieron folklore enmedio del desastre, con la frase «Es-tamos operando» y seguidamente nombres y logotipos del negocio.
Cosas positivas se lograron enmedio de la emergencia: el sistema bancario operó eficientemente en menos de una semana, pagando todos los cheques que se le presentaban. En miles de casos los bancos pagaron sobregiros para los gastos de la emergencia y el inicio de la reconstrucción. Los teléfonos funcionaron en menos de dos semanas y la electricidad fue restablecida en un mes.

La ayuda internacional llegó masivamente en vituallas, alimentos y medicinas por vía aérea, especialmente de Estados Unidos. Durante varios meses se proveyó de suficientes alimentos a toda la población, fuese o no damnificada..
Todos los hospitales de Managua cayeron destruidos. Se levantaron hospitales de campaña en los barrios y en la explanada de la Loma de Tiscapa. Varios de estos hospitales llegaron de Estados Unidos, de Costa Rica, de México y uno de Cuba. Los heridos y enfermos graves fueron trasladados a los hospitales de otros países centroamericanos.
Solamente el Hospital Militar, situado en el borde sur-oeste de la la-guna de Tiscapa, resistió al terremoto. Sus instalaciones fueron mejoradas y desde entonces, hasta el presente, sigue proporcionando una amplia gama de servicios médico-hospitalarios.
Todos los templos católicos y cristianos sucumbieron al terremoto, menos uno, la Iglesia Santo Domingo, construida por el sacerdote je-suita Roque Iriarte, quien antes del terremoto derribó el viejo templo explicando que estaba dañado por el terremoto del 31 y construyó el actual con excelente estructura. De la misma forma este sacerdote e ingeniero fabricó el edificio del Colegio Loyola, que también resistió al sismo y sobrevive.
Era el Arzobispo de Managua Mons. Miguel Obando y Bravo, hoy Cardenal, que vió caer el edificio de la Curia Arzobispal y la Nunciatura, su actuación fue muy piadosa, demostrando un gran amor a su feligresía, muy al contrario del Obispo de Granada Mons. Canuto Reyes y Balladares en 1931.
Técnicos de todo el mundo, especialmente de Japón, México y Estados Unidos, fueron enviados por sus gobiernos a Nicaragua para contribuir en la reconstrucción de Managua. Se formó un Vice Ministerio de Planificación Urbana donde se integraron técnicos nicaragüenses y extranjeros que crearon proyectos, directrices, códigos y sistemas de supervisión para la reconstrucción. Se determinó la creación de tres polos de desarrollo alejados del viejo centro urbano, para desconcentrar a la ciudad. Esto originó el desarrollo de áreas comerciales hoy conocidas como El Camino de Oriente y sus alrrededores, en la carretera a Masaya; Centro Comercial Nejapa y proximidades del kilómetro 7 de la carretera Sur y el desarrollo del inicio de la Carretera Norte.
Se crearon pistas circunvalando el centro destruido de la ciudad para conectar los nuevos polos de desarrollo, pistas que Somoza, mejor conocedor del inglés que del español, bautizó con el nombre genérico de by passes, mismo que se sigue usando hasta el presente. Para su revestimiento se utilizaron adoquines de materia prima nacional --cemento y arena--, evitando la importación de asfalto derivado del petróleo, aunque por su mala instalación y diseño, que se siguen utilizando, sin percatarse que la decisión fue del Gral. Somoza Debayle. El resultado fue económico en cuanto a su construcción; pero pernicioso en sus consecuencias: el adoquinado produce vibraciones cuando los automotores circulan a velocidad, dañando su funciona-miento e incrementando la demanda de repuestos automotrices importados. También los adoquines --que son fácilmente removibles--, han sido ideales para el vandalismo y el desorden.
Con la ayuda internacional fue posible --dos años después del terremoto-- la rápida construcción de tres hospitales provisionales: a) Hospital Oriental (rebautizado después como Manolo Morales); b) Hospital Occidental (rebautizado como Berta Calderón) y c) Hospital de Especialidades (rebautizado como Lenín Fonseca).
Con financiamiento de la Agencia Internacional para el Desarrollo, AID, se lograron construir los proyectos habitacionales populares denominados Las Américas, edificando diez mil (10,000) casas de madera de emergencia, en un tiempo muy corto: cuatro meses.
Antes del terremoto de 1972 era generalizada la opinión --casi un acto de fe--, que la calidad de las construcciones de taquezal (o en-chidas como le llamaban) y las construidas con bloques de cemento o ladrillo de barro cocido (cuarterón) y estructuras de concreto y hierro, llamadas de cemento armado, hacían imposible una destrucción de gran magnitud como la ocurrida en el terremoto de 1931, atribuyendo la debilidad de las construcciones de aquella fecha, al uso de la piedra cantera y el adobe, que consisten en bloques de barro reforzados con fibras vegetales, sin hornear, como aún se utilizan en el norte de Nicaragua. El exceso de confianza en los nuevos sistemas de construcción, fue una trampa mortal para la ciudad y su población.
Esa confianza excesiva ha vuelto a ser manifiesta actualmente (2010), y está fomentada por la enorme población inmigrante del campo y otras ciudades, que no tiene ni la menor idea del poder destructivo de un terremoto creando en su psíquis la sensacion de seguridad basado en la idea «eso pasaba antes, pero no ahora, que todo es diferente y más moderno»; convicciones que comparten los capitalinos nativos de Santiago de Managua que han nacido en los últimos 38 años y que tampoco experimentaron la fuerza telúrica del sismo.
No existe ninguna duda, sino certeza absoluta, que el área geográ-fica donde se erige la capital, es altamente sísmica. Más que eso, los estudios del Arq. José Francisco Terán demuestran que es la zona del epicentro sísmico de Nicaragua. Esto es muy natural y está implícito en su nombre: Ma = rodeado de; y Nahuac = estanques o a-gua. Efectivamente Santiago de Managua esta «rodeado de lagunas», o sea rodeado de volcanes, porque todas son cratéricas, excepto el lago Xolotlán.
Managua esta temblando desde su prehistoria. Las Huellas de Acahualinca testifican que aquellos managuas que habitaban esta zona hace más de ocho milenios, estaban huyendo de la erupción del volcán Tiscapa.
Y el mapa de fallas geológicas realizado en 1973 reflejan una irradiación de grietas activas que parten de Tiscapa en todas las direcciones, principalmente desde El Crucero en el Sur hacia el Norte hasta el lago Xolotlán.
Muchos terremotos menores, que también han causado relativa destrucción, han ocurrido antes y después de los grandes sismos de 1885, 1931 y 1972 en Managua y sus alrrededores.
El 22 de Octubre de 1930, cinco meses antes del fatal terremoto, la tierra se sacudió bajo el suelo de Santiago de Managua, como en advertencia, que los «conocedores» describieron como «temblores de verano».
En 1968 se activó una falla geológica provocando un terremoto des-de San Isidro de la Cruz Verde --zona Sur del municipio de Managua-- hasta la Colonia Centroamérica, causando graves daños en este complejo habitacional. Negligencias en su construcción fueron detectadas... y no se tomaron otras precauciones. La Colonia Centroamérica fue reconstruida rápidamente, y todos volvieron a olvidarse de los terremotos.
En enero de 1972, once meses antes del desastre urbano, hubo un terremoto rural que abarcó desde Los Brasiles hasta el Barrio Open 3, conocido hoy como Ciudad Sandino, al oriente del municipio de Managua. Una casa de adobes se derrumbó en una finca... y nadie tomó medidas precautorias en la hermosa capital de Nicaragua. El llamado Informe Brown preparado por el geólogo Dr. Brown para las Naciones Unidas, antes del terremoto de 1972.
El Informe Brown recomendó al gobierno de Anastasio Somoza de Nicaragua que era prudente trasladar la capital de Nicaragua a una zona más segura, proponiendo al Valle de Estelí (Valle de Michigüiste), por poseer amplio espacio, un subsuelo firme, abundante agua potable, ubicación geográfica más céntrica con relación al resto del país y el beneficio de un mejor clima. El mismo informe aseguraba que con toda seguridad la cuenca lacustre donde se asienta la ciudad de Santiago de Managua, volvería a experimentar terremotos.
Nadie hizo caso al Informe Brown.
De algo puede estar segura la población de Managua: El Informe Brown adviertió de un peligro tan real como milenario. La arqueología, la geología y la historia lo comprueban abundantemente, de modo que con toda seguridad se producirán más terremotos en Santiago de Managua sin ninguna advertencia, aunque el ritmo estadístico señala que se producen temblores destructivos cada 41 a 46 años en los últimos dos siglos, pero esto no es ley. No hay razón para que cambie su naturaleza geológica en los próximos milenios.
Sin embargo, las construcciones irresponsables, de constructores corruptos fabricando remedos de estructuras --alambre en vez de hierro--, proliferan en todos los barrios y zonas comerciales de Mana-gua... todavía en este siglo XXI.
Quienes así construyen ignoran que estan arquitectando sus propias criptas y sepulturas para la población.
Desde el último terremoto en Diciembre de 1972, ya han transcurrido 38 años y el ritmo de terremotos que destruyeron a Managua han ocurrido cada 41 y 46 años. 


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