|
NCTF PREPARA MECANISMOS DE AYUDA PREVINIENDO TERREMOTOS EN NICARAGUA.
Organizado Comité de Emergencia
Nica-USA.

Esta es la célebre fotografía tomada por el Lic. Nicolás López Maltez en
la mañana del 23 de Diciembre de 1972, que se ha convertido en la más
representativa del terremoto de esa fecha. Ha sido reproducida en
cientos de libros, revistas, periódicos e internet, y fue editada una
serie de estampillas postales por Correos de Nicaragua. Demuestra que el
terremoto de 1972 destruyó por igual edificios de concreto y de taquezal;
y que los incendios completaron la muerte de la capital de Nicaragua
hace 38 años. |

El segundo piso de esta vivienda aplastó al primero dejando el balcón a
nivel de la calle por la debilidad estructural de su construcción de
taquezal. La población es tan ingenua en materia de seguridad
estructural, que solamente se interesa en que la casa le resulte «lo más
barato posible», sin considerar que lo más barato es malo y mata a la
hora del sismo. |

Los incendios tras el terremoto de Managua en 1972, completaron la
destrucción. La ciudad ardió durante dos semanas. Los camiones de
bomberos queda-ron aplastados por los malos edificios, el servicio de
agua fue cortado por los movimientos telúricos y habías más de 500 in-cendios
de gran magnitud ardiendo sin control. |

Colapsaron los cuatro pisos del ala occidental del edificio del
Instituto Nacional Central Ramírez Goyena, donde dormían 300 alum-nos
internos (dichosamente de vacaciones a la hora del terremoto de 1972).
Inaugurado con gran pompa en 1954 por el Presidente So-moza García con
la presencia del Vicepresidente de EE.UU. Richard Nixon, fue objeto de
corrupción de los funcionarios responsables de la construcción que
robaron materiales para construir sus viviendas privadas, debilitando
las estructuras de Goyena. Esa corrupción continúa en las construcciones
de 2010. |

Managua estaba mal construida, no tanto como Puerto Príncipe, Haití. La
diferencia de las construcciones fue marcada por el número de muertos.
En Managua murieron 10,000 personas y en Haití, la cifra oficial de
muertos supera las 230,000 personas (23 veces más). En contraste, el
terremoto de Chile refleja oficialmente menos de mil víctimas letales,
lo que quiere decir que en Chile hay menos corrupción de los
constructores. |

El edificio de la Embotelladora San José, en la carretera Norte, lucía
fuerte en su construcción, pero la falta de estructura antisísmica
dentro de sus paredes y mampostería, le hizo colapsar, aplastando el
primer piso. Las pérdidas fueron de tal magnitud que desapareció la
empresa que embotellaba la mejor, más popular y más vendida gaseosa con
sabor a naranja. |
|
|
Cambie el tamaño de la letra |
| - A A A + |
| |
|
Nicaraguan Civic Task
Force, NCTF, ha
organizado el Comité de
Emergencia USA, para dar
respuestas y enviar
ayuda a Nicara-gua ante
le próximo terremoto,
seguramente de Managua.
La primera actividad
fue organizar una
conferencia para hacer
conciencia en la
Comunidad Nicaragüense
de Miami de un inminente
terremoto en la capital
de Nicaragua. La
conferencia fue dictada
el 6 de Marzo 2010, por
el Arq. José Francisco
Terán, uno de los
profesionales más
capacitados sobre las
consecuencias de un
terremoto. Terán fue uno
de los principales
constructores de Managua
con su compañía Aisa y
un estudioso profundo y
documentado del
terremoto de 1972 y
demás terremotos en la
historia.
La
segunda actividad que
será realizada
próximamente es otra
conferencia del Ing.
Clemente Balmaceda,
Presidente de la Cruz
Roja Nicaragüense. NCTF
ha decidido canalizar
toda la ayuda que se
recolecte directamente
con la Cruz Roja
Nicaragüense e
independiente de
cualquier agencia
gubernamental.
No
existe la menor duda que
Managua volverá a
experimentar otro
terremoto próximamente,
y muchos más en el
futuro como los que ha
padecido a lo largo de
miles de años en el
pasado histórico y
prehistórico. En
1997, cuando publicamos
la primera edición del
libro Managua-1972,
hicimos recopilación de
los últimos cuatro
terremotos que han
dejado a Managua
destruida en menor o
mayor grado.
Esos
terremotos
contabilizados fueron:
1844, sin mayores
consecuencias, pues
entonces Managua era un
caserío de rancherías de
paja e incluso las
iglesias tenían techo de
paja. Cuarenta y un años
después, el 11 de Abril
de 1885, a las nueve de
la noche, Managua volvió
a sufrir otro terremoto.
En esa ocasión ya se
produjeron daños.
Managua tenía ya cerca
de 10,000 habitantes.
Resultó fracturada la
Iglesia San Miguel y
docenas de casas de teja
(las casas o ranchos
techo de paja son
naturalmente a prueba de
terremotos). Dos
personas murieron en
1844. Después de este
sismo se inició en
Managua el productivo
cultivo del café en las
alturas de Las Sierras y
cierta prosperidad se
hizo evidente con la
construcción de «casas
de alto» de taquezal y
miles de casas de un
solo piso con paredes de
adobe y pesados techos
de teja de barro.
Cuarenta y un (41)
años después, el 11 de
Abril de 1885 a las 9 de
la noche, la capital
nicaragüense fue
sacudida por un
terremoto de
in-determinada
intensidad. No existían
grandes o pesadas
construcciones en
Managua, pero dos
personas resultan
muertas y queda-ron
seriamente dañadas la
Iglesia San Miguel y la
parroquia dedica-da al
patrono de la ciudad, el
Apóstol Santiago. La
mayor parte de las
viviendas eran de madera
e incluso gran cantidad
todavía utilizaba techos
de paja.
El
Presidente de la
República de entonces,
era el Dr. Adán
Cárdenas, un abnegado
médico perteneciente a
la epoca de los «treinta
años conservadores», que
impulsó el desarrollo y
continuó la tradición de
honestidad
administrativa de esos
años en que la capital
era un villorio con
cerca de diez mil
habitantes.
Posteriormente a este
terremoto, subió el
precio internacional del
café y Managua recibió
alguna prosperidad. Se
volvió moda la
construcción de «casas
de alto», una especie de
status económico y
social, viviendas que
tenían una planta baja y
un segundo piso.
Muchos habitantes del
campo y de otras
ciudades fueron atraídos
por la prosperidad de
Santiago de Managua.
Entre los inmigrantes
llegó un joven llamado
Rubén Darío, que
abandonó el León de su
infancia, obtuvo un
empleo en la biblioteca
de Managua y
posteriormente dirigió
el quincenario El
Imparcial editado en la
imprenta del Dr. Jesús
Hernández Somoza. A
finales del siglo XIX,
la ciudad capital
Santiago de Managua, era
una pobre aldea,
imposible de ser
comparada con las
señoriales ex-capitales
de Granada y León.
Cuarenta y seis años
después, el 31 de Marzo
de 1931, martes de la
Semana Santa, a las diez
y veintidós minutos de
la mañana, una vio-lenta
sacudida telúrica
impactó otra vez a
Santiago de Managua. La
destrucción fue casi
total. La capital era
entonces habitada por un
poco más de sesenta mil
(60,000) ciudadanos. Se
contabilizaron las
víctimas en mil
doscientos muertos y dos
mil quinientos heridos.
Santiago de Managua
tenía en aquella
fatídica fecha más de
seis mil viviendas y
edificios, de pesados
techos con tejas de
barro que causaron
cientos de víctimas. Aún
después del sismo
principal, las tejas
herían y golpeaban a los
zapadores y vecinos
cuando les caían en la
cabeza, sacudidas por
las réplicas o temblores
secundarios que
continuaron. No más de
500 casas y edificios
quedaron en condiciones
de ser reparadas, pero
se «repararon» muchas
más, con el simple
expediente de repellar
las grietas y colocar a
plomo las paredes
dejando las lesiones en
las bases, estructuras y
mamposterías, esperando
causar más dolor en el
siguiente sismo.
El violento terremoto
duró so-lamente ocho
segundos. Muchos
importantes edificios,
como el Palacio Nacional
queda-ron en pie, pero
fueron consumidos por
las llamas de los
múltiples incendios que
se produjeron a
consecuencias del sismo,
provocados
principalmente por las
numerosas cocinas a leña
y los corto circuitos
eléctricos. En el
Palacio Nacional se
quemaron totalmente los
Archivos Nacionales, no
obstante que el técnico
de la compañía
eléctrica, Central
American Power
Corporation, Ing. Moisés
Henríquez, antes de
escapar del edificio que
se derrumbaba, cortó el
suministro eléctrico
accionando el
interruptor (en 1931 no
existían los
interruptores térmicos o
brakers). El acto de
Henríquez fue declarado
heróico y se le dió un
reconocimiento escrito:
una carta, pero ninguna
recompensa. La
destrucción por los
incendios superó a la
causada por el temblor.
Las cañerías de agua
quedaron cortadas por
los movimientos
telúricos. El servicio
de agua en 1931
consistía en un conjunto
de bombas que extraían
el agua del lago
Xolotlán, que no era en
esos años depósito de
cloacas, y se impelían
hasta una serie de
reservorios instalados
en las alturas al sur de
la ciudad, cerca del
actual Hotel Crown Plaza
(la pi-rámide).
Nicaragua estaba en 1931
bajo la ocupación
militar norteamecicana.
En el Norte del país se
desarrollaba la guerra
de las tropas
norteamericanas contra
el Ejército Defensor de
la Soberanía Nacional de
Nicaragua que comandaba
el Gral. Augusto C.
Sandino. El comandante
militar de Managua era
Walter G. Sheard, Jefe
del Estado Mayor de la
Guardia Nacional de
Nicaragua en la capital.
Se decretó Ley Marcial
«escrita en español y
aplicada en inglés».
En un afán de controlar
el pillaje, los marinos
norteamericanos
disparaban sobre
cualquier persona
sorprendida sacando
mercaderías o muebles de
los edificios y
viviendas, sin
diferenciar si se
trataba de propietarios
o saquea-dores. Los
marines no hablan
español, ni en-tienden
las costumbres e
idiosincracia de los
nicaragüenses. A-demás
que los norteamericanos
procedían --en su gran
mayoría-- de zonas
rurales de la Unión
Americana. Algunos
marines, que eran los
oficiales de la Guardia
Nacional de Nicaragua,
murieron en el terremoto
de 1931, dos de ellos
perecieron al
derrumbarse la
Penitenciaría: el Mayor
Hugo Blas-ke y el Tnte.
James F. Dickey. Muchos
reclusos y soldados
nicaragüenses de la
G.N., también murieron
al dislocarse la
Penitenciaría, que
estaba ubicada donde
actualmente se encuentra
el Estadio Nacional, que
en 1931 era una zona
fuera de Managua.
Esposas e hijos de los
marines perecieron, como
la señora J. D. Murray
que se refugió en su
automóvil, pero fue
alcanzada por las llamas
del incendio, y la
señora Lea Rossich que
murió aplastada en su
hogar managüense con su
hijo Lows.
El
terremoto e incendios
destruyeron el área de
las 36 manzanas más
valiosas de la capital.
Cerca de 20,000
habitantes de Santiago
de Managua emigraron a
otras ciudades. Miles de
familias se refugiaron
en los parques Central y
Darío. Se improvisaron
refugios en la explanada
de la Loma de Tiscapa
--que entonces era fuera
de la ciudad-- y en el
campo de aviación de los
marinos norteamericanos,
llamado «Campo Teniente
Lee Bruce», más tarde
transformado en el
barrio Campo Bruce,
cuan-do el gobierno del
Gral. Moncada lotificó
el abandonado campo de
aterrizaje y regaló esos
terrenos a los
damnificados. La costa
del lago Xolotlán,
también es refugio para
la población
damnificada. Se
concibió la idea de
utilizar dinamita para
detener los incendios.
Se comisionó la obra
de-moledora al US Marine
Mayor Dan I. Sultan. Se
hizo detonar dinamita en
edificios aún no
alcanzados por el fuego
--fuesen o no
rescatables-- para hacer
un corredor que evitara
el paso de las llamas
hacia las zonas donde el
incendio no había
llegado. Pero el
incendio siguió y las
explosiones causaron más
pavor y desmoralización
entre la población
damnificada que huyó de
la ciudad, especialmente
quienes estaban
custodiando sus
propiedades. La dinamita
no sirvió para detener
los incendios y --por el
contrario-- causó
destrucción innecesaria.
Esta experiencia evitó
el uso de explosivos
inútiles en el terremoto
de 1972.
Era
Presidente de la
República el Gral. José
María Moncada Tapia, que
disfrutaba en su quinta
campestre en el
balneario en la laguna
de Masaya llamado
Palacete de Venecia,
cercana a la bajada de
Masatepe, su pueblo
natal. El terremoto
sorprendió al Presidente
Moncada en Venecia
vacacionando por Semana
Santa. La noticia
del desastre le llegó al
Presidente después que
la in-formación recorrió
un largo periplo por los
sistemas militares de
radio de los marinos
norteamericanos y la
Tropical Radio, también
norteamericana, que
in-formaron a
Washington, luego a
Nueva York, y llegó de
regreso a Nicaragua por
cable a San Juan del Sur
y por telégrafo a
Masa-tepe de donde salió
el mensajero para el
Palacete de Venecia
hasta las manos del
Presidente Moncada.
Los marinos de la
ocupación no informaron
al Presidente de la
República, estando a
solamente 20 kilómetros
de la capital destruida.
El Presidente
Moncada Tapia se
trasladó a Managua para
comprobar la fatal
noticia e instaló una
improvisada Casa
Presidencial en la
residencia de su sobrino
y Subsecretario de
Relaciones Exteriores,
Anastasio So-moza
García, frente a la
ermita del Perpetuo
Socorro, esquina
o-puesta al Campo de
Marte. A esa provisional
residencia ejecutiva, le
llegaron las
condolencias de
diplomáticos y jefes de
estado, incluyendo a H.
Hoover, Presi-dente de
Estados Unidos y al
Coronel H. L. Stimson,
con quien Moncada había
pactado en el Espino
Negro en 1927. El
Palacio Presidencial de
Tiscapa, inaugurado
hacía tres meses, el 1
de Enero de 1931, sufrió
serios daños, pero se
autorizó su reparación
que fue más o menos
cosmética, razón por la
cual colapsó totalmente
en el siguiente
terremoto de 1972. Lo
mismo ocurrió con el
Palacio del
Ayunta-miento,
inaugurado por el
Alcalde de Managua don
Pablo Leal en 1927, bajo
la presidencia de don
Adolfo Díaz.
El
17 de Abril de 1931 el
Congreso de la República
trasladó sus sesiones a
Masaya instalándose en
el Club Social.
Inmediatamente surgió en
Masaya un movimiento que
pro-movía quitarle a
Managua el rango de
Capital de la República
y trasladarla a Masaya.
El promotor de este
movimiento fue el
Senador masayés Ramírez
Mairena, Presidente de
la Cámara del Senado, y
le secundaron el
Magistrado masayés
Carlos A. Morales,
Presidente de la Corte
Suprema de Justicia y el
diputa-do Joaquín Cuadra
Zavala.
Ante esta
pretensión surgió otro
movimiento semejante en
Granada --mucho mejor
orquestado--, que
comenzó con una Pastoral
del Obispo de Granada,
Mons. Canuto Reyes y
Balladares, que inició
con estas palabras: «Digitus
Dei est hic. El dedo de
Dios está aquí». Y en el
texto pastoral agregaba:
«Adoremos la mano
bienhechora...» «Dios ha
creído necesario aplicar
castigo, como lo ha
hecho, a la ciudad más
culpable de la
República...» «la ciudad
ha desaparecido, las
casas que no han caído
están por caer. El
incendio lleva tres días
ha sido imposible
sofocarlo y va acabando
de destruir la
ciudad...» «allí
descargó su justicia el
Señor con mano fuerte.
Allí se fabricaron baños
sobre las azoteas donde
se bebía y se bañaban
los sexos
desvergonzadamente...»
«allí se asistía a
bacanales...» «allí los
periódicos vomitaron
blasfemias contra la
Iglesia y sus Ministros,
proclamaron las
inmoralidades más
asquerosas, se
propusieron proyectos
contra la libertad de la
Iglesia en materia del
matrimonio queriendo
anular la unión
eclesiástica; allí se
han apoyado a los cines
más inmorales que la
maldad pueda
in-ventar...» «Allí se
preparaban para ir el
Miércoles Santo a los
baños de Casares para
profanar los días santos
de Jueves y Viernes, con
infames bacanales que da
vergüenza mencionar...»
Incluía en su cruel
Pastoral de diez
páginas, el señalamiento
del castigo divino para
la jovencita reina de
belleza María Huezo,
muerta en el terremoto,
porque sería coronada
--según él-- «en un
bacanal en el balneario
de Casares»; menciona-do
también fue en la
obispal maldición, el
Vice Ministro Gilberto
Saballos, propulsor de
la enseñanza laica,
muerto por el sismo en
su hogar, de quien el
obispo granadino
mencionó como «enemigo
de la religión
católica». Toda esa
“pastoral” era parte de
la conspiración para
convertir a la ciudad de
Granada en capital de
Nicaragua.
Contradiciendo la
Pastoral de Mons. Canuto
Reyes y Balladares,
predicaron sus sermones
en la destruida capital,
el presbítero Juan
Manuel Argüello, frente
a las ruinas de la
Iglesia El Calvario, y
Monseñor José Antonio
Lezcano y Ortega, santo
Arzobispo de Managua,
cuyo Palacio Arzobispal
quedó reducido a cenizas
por el mismo «castigo y
maldición divinos»
exorcizados por el
obispo granadino.
Algunos managuas que
llegaron refugiados a
Granada fueron recibidos
con el cognomento de
«¡vienen los malditos!»,
haciéndose eco de la
prédica del obispo.
El insigne intelectual y
educador don Francisco
Huezo, managua autóctono
y padre de María Huezo,
aludida por Mons. Reyes
en su Pastoral,
respondió con enorme
mesura, decencia y
cultura: «El señor
Obispo de Granada en
lugar de escribir
diatribas, hubiera
corrido a Managua a
desenterrar víctimas y
socorrer con auxilios a
los hambrientos y
necesitados...» «Esa
Pastoral no está
inspirada en los dulces
sentimientos y
principios de nuestra
religión...» Todas
las otras ciudades de la
República, recibieron a
los refugiados con
compasión, aunque los
precios de los alimentos
y alquileres se elevaron
fuertemente en Masaya,
exactamente como ocurrió
en 1972.
Transcurrieron cuarenta
y un años (41). La
población recobró a tal
grado la confianza, que
olvidó la naturaleza
sísmica del subsuelo de
Santiago de Managua, que
realmente es el
epicentro sismológico de
la cuenca del Pacífico
de Nicaragua. La
noche del viernes 22 de
Diciembre de 1972 los
confiados habitantes de
Managua se recogieron en
sus hogares y se
dispusieron a dormir.
Managua te-nía ya alguna
vida nocturna y un
segmento considerable de
la población se
encontraba todavía
dispersa por la ciudad.
Había si-do un día muy
activo para los managuas
que estaban atareados en
los preparativos
navideños para celebrar
el siguiente do-mingo la
cena de nochebuena, y
para ello faltaban
solamente 48 horas...
que no llegarían
nunca... A las diez
de la noche se escuchó
un sordo y lejano
retumbo, y un ligero
temblor estremeció a
Managua, un breve sismo
igual a los cientos que
anualmente vi-bran desde
las profundidades. Un
simple temblor que fue
imperceptible para la
gran mayoría, pero
alteró los nervios de
miles de animales
domésticos,
especialmente millares
de perros caseros que
respondieron al leve
sismo con
desproporcionados
ladridos. Cuando
cambió la fecha a la
medianoche, todavía
muchos vehículos
circulan por las
estrechas calles. En la
Avenida Central o
Roosevelt (hoy Ave.
Sandino) se
conglomeraban los
managuas noctámbulos en
centros populares, una
veintena de parroquianos
hacía tertulia de
si-baritas callejeros,
disfrutando la popular
Carne Asada de la
Suegra, esquina opuesta
al Gran Ho-tel. Eran las
cero horas con treinta y
cinco minutos (doce y
media de la noche) del
Sábado 23 de Diciembre
de 1972, cuan-do se
produjo el golpe mortal
contra la capital
nicaragüense. Durante un
minuto la tierra se
sacudió con violencia
sembrando la destrucción
y la muerte. Todo quedó
a oscuras, causando el
pánico, que sin luz es
más intenso. Diez
minutos después se
pro-dujo el segundo
estertor sísmico, otros
cuantos segundos
bastaron para completar
la destrucción y
aniquilar millares de
vidas. La tecnología
de la época señaló que
un terremoto de casi
siete grados de la
escala de Ritcher,
acababa de reducir a es-combros
--por segunda vez en
este siglo--, a la misma
Santiago de Managua, que
contaba para entonces
con medio millón de
habitantes. Los daños
son casi totales:
sesenta mil edificios y
viviendas de toda
calidad quedaron
destruidos. Diez mil
habitantes murieron bajo
los escombros de
construcciones en mal
estado o mal
construidas. Todas
las casas y edificios
que habían sido
reparados después del
terremoto de 1931,
sucumbieron en 1972,
incluyendo la Casa
Presidencial y el
Palacio del
Ayuntamiento. Barrios
enteros que habían
sobrevivido al anterior
sismo de 1931, se
desplomaron enmedio de
una afixiante nube de
polvo, que ahogaba en la
oscuridad de la media
noche. Miles de managuas
murieron en los
tradicionales y arcaicos
barrios San Sebastián,
San Antonio, Santo
Domingo, Candelaria, y
el llamado Centro, al
quedar sepultados en las
antiguas construcciones
de adobe, las sucesoras
de taquezal y por las
más modernas de bloques
y concreto, construidas
sin las regulaciones de
seguridad estructural.
Estrictos códigos
estructurales fueron
puestos en vigencia,
pero hasta después de
los diez mil
cadáveres... pero nunca
se cumplieron ni se
cumplen en la
actualidad. Igual
que en 1931, los
incendios completaron la
destrucción del
terremoto. En esos 46
años la ciudad no
solamente se reconstruyó
en forma total, sino que
creció en tamaño,
belleza y población. Se
experimentó un aumento
de 60,000 a 500,000
habitantes, un
incremento superior al
800%. A simple vista
la ciudad parecía
indestructible. Pocos
meses antes del
terremoto, en Mayo de
1972, el Gral. Anastasio
Somoza Debayle había
entregado la formalidad
de la Presidencia de la
República a una Junta de
Gobierno triunviral,
forma-da por dos
liberales, Alfonso Lovo
Cordero y Roberto
Martínez Lacayo; y un
conservador Fernando
Agüero Rocha. Esta junta
rápidamente nombró al
ex-Presidente Somoza,
Jefe Director de la
Guardia Nacional de
Nicaragua, única fuerza
armada, conjunción de
ejército y policía del
país. Formalmente la
Junta de Gobierno estaba
a cargo del Poder
Ejecutivo, sin embargo,
a la hora del terremoto
el Gral. Somoza se
erigió en Gobernador
Militar y la Junta de
Gobierno le nombró
oficialmente Presidente
del Comité Nacional de
Emergencia, con poderes
omnímodos para resolver
la emergencia. Su casa
de habitación,
construida con planos
antisísmicos en el
centro de la Hacienda El
Retiro, resistió el
temblor por su excelente
estructura y se
estableció allí el
gobierno civil y militar
bajo el control del
Gral. Somoza. La cancha
de tenis --cubierta con
una carpa--, se
convirtió en salón de
sesiones del Comité de
Emergencia. Semanas
después se instaló una
carpa de circo en la
explanada de Tiscapa,
frente al Hotel
Intercontinental (hoy
Crown Plaza), que se
utilizó como auditorio
para grandes reuniones.
Se decretó Ley
Marcial para que la
Guardia Nacional
controlara el pillaje,
pero se dieron
manifiestos casos de
corrupción en algunos
oficiales que
participaron en el
pillaje, por lo cual
hubo protestas
nacionales e
internacionales, pero no
sanciones. No se
utilizaron explosivos
para sofocar los
incendios, que se
prolongaron por casi dos
semanas. Se formó una
Brigada de
Reconstrucción que
integraron cerca de
5,000 individuos, para
las operaciones de
limpieza de escombros y
proporcionar trabajo
remunerado a parte de
los miles de
desempleados generados
por el terremoto. El
radio central de
Managua, afectado por la
catástrofe, fue
evacuado, cercado con
alambre de púas y acto
seguido comenzó la
demolición de las 640
manzanas urbanas.
Edificios que
aparentemente habían
logrado sobrevivir al
terremoto, fueron
condenados a la
demolición total.
La destrucción se
concentró en el área
altamente poblada y
urbanizada comprendida
entre el volcán Tiscapa
y el lago Xolotlán, un
área muy reducida, donde
se condensaban en alto
grado construcciones y
población, considérese
que la Avenida Central,
bautizada por Somoza
García como Avenida
Roosevelt (hoy Avenida
Sandino), re-corrida en
toda su extensión por
una considerable falla
geológica, desde su
inicio en la costa del
lago hasta su final en
la Loma de Tiscapa, suma
un total de trece
cuadras, algunas de
ellas con menos de
cincuenta metros de
longitud. Esta avenida
contenía todos los
bancos, gran parte del
comercio y grandes
edificios capitalinos.
El más alto de todos, la
torre del Banco de
América, se mantuvo
firme y aún permanece
erguida, como un símbolo
de la floreciente
Managua desaparecida.
Los barrios periféricos
de Managua, fuera del
eje Tiscapa-Xolotlán,
resistieron el sismo y
sobreviven en la
actualidad, incluyendo
la Colonia
Centroamérica, que no
sufrió daños en 1972.
Sobrevivientes del
terremoto de 72 son los
barrios de Altagracia,
Campo Bruce, Monseñor
Lezcano, San Judas, 5 de
Diciembre, Santa Ana,
Independencia 70, Ciudad
Jardín, Primero de Mayo,
Bello Horizonte,
Bolonia, Santa Rosa,
Blandón, Larreynaga,
Unidad de Propósitos,
Las Mercedes, Colonia
Nicarao, Colonia
Morazán, Lindavista, San
José Oriental, Riguero,
Salvadorita, Maestro
Gabriél, 14 de
Septiembre, Quinta Nina,
Santa Clara, Luis
Somoza, Mendieta, El
Re-creo, El Retiro, El
Cármen, Mántica, Gadala
María, Huezo,
Largaespada, María
Auxiliadora, Ducualí,
Meneses, Santa Bárbara,
El Paraíso, Silva, La
Ceibita, Edén, Los
Robles, Colonial Los
Robles, Altamira,
Altamira D'Este y muchos
otros. El comercio
se trasladó a esos
barrios y colonias,
desplegando letreros que
se hicieron folklore
enmedio del desastre,
con la frase «Es-tamos
operando» y seguidamente
nombres y logotipos del
negocio. Cosas
positivas se lograron
enmedio de la
emergencia: el sistema
bancario operó
eficientemente en menos
de una semana, pagando
todos los cheques que se
le presentaban. En miles
de casos los bancos
pagaron sobregiros para
los gastos de la
emergencia y el inicio
de la reconstrucción.
Los teléfonos
funcionaron en menos de
dos semanas y la
electricidad fue
restablecida en un mes.
La ayuda
internacional llegó
masivamente en
vituallas, alimentos y
medicinas por vía aérea,
especialmente de Estados
Unidos. Durante varios
meses se proveyó de
suficientes alimentos a
toda la población, fuese
o no damnificada..
Todos los hospitales de
Managua cayeron
destruidos. Se
levantaron hospitales de
campaña en los barrios y
en la explanada de la
Loma de Tiscapa. Varios
de estos hospitales
llegaron de Estados
Unidos, de Costa Rica,
de México y uno de Cuba.
Los heridos y enfermos
graves fueron
trasladados a los
hospitales de otros
países centroamericanos.
Solamente el Hospital
Militar, situado en el
borde sur-oeste de la
la-guna de Tiscapa,
resistió al terremoto.
Sus instalaciones fueron
mejoradas y desde
entonces, hasta el
presente, sigue
proporcionando una
amplia gama de servicios
médico-hospitalarios.
Todos los templos
católicos y cristianos
sucumbieron al
terremoto, menos uno, la
Iglesia Santo Domingo,
construida por el
sacerdote je-suita Roque
Iriarte, quien antes del
terremoto derribó el
viejo templo explicando
que estaba dañado por el
terremoto del 31 y
construyó el actual con
excelente estructura. De
la misma forma este
sacerdote e ingeniero
fabricó el edificio del
Colegio Loyola, que
también resistió al
sismo y sobrevive.
Era el Arzobispo de
Managua Mons. Miguel
Obando y Bravo, hoy
Cardenal, que vió caer
el edificio de la Curia
Arzobispal y la
Nunciatura, su actuación
fue muy piadosa,
demostrando un gran amor
a su feligresía, muy al
contrario del Obispo de
Granada Mons. Canuto
Reyes y Balladares en
1931. Técnicos de
todo el mundo,
especialmente de Japón,
México y Estados Unidos,
fueron enviados por sus
gobiernos a Nicaragua
para contribuir en la
reconstrucción de
Managua. Se formó un
Vice Ministerio de
Planificación Urbana
donde se integraron
técnicos nicaragüenses y
extranjeros que crearon
proyectos, directrices,
códigos y sistemas de
supervisión para la
reconstrucción. Se
determinó la creación de
tres polos de desarrollo
alejados del viejo
centro urbano, para
desconcentrar a la
ciudad. Esto originó el
desarrollo de áreas
comerciales hoy
conocidas como El Camino
de Oriente y sus
alrrededores, en la
carretera a Masaya;
Centro Comercial Nejapa
y proximidades del
kilómetro 7 de la
carretera Sur y el
desarrollo del inicio de
la Carretera Norte.
Se crearon pistas
circunvalando el centro
destruido de la ciudad
para conectar los nuevos
polos de desarrollo,
pistas que Somoza, mejor
conocedor del inglés que
del español, bautizó con
el nombre genérico de by
passes, mismo que se
sigue usando hasta el
presente. Para su
revestimiento se
utilizaron adoquines de
materia prima nacional
--cemento y arena--,
evitando la importación
de asfalto derivado del
petróleo, aunque por su
mala instalación y
diseño, que se siguen
utilizando, sin
percatarse que la
decisión fue del Gral.
Somoza Debayle. El
resultado fue económico
en cuanto a su
construcción; pero
pernicioso en sus
consecuencias: el
adoquinado produce
vibraciones cuando los
automotores circulan a
velocidad, dañando su
funciona-miento e
incrementando la demanda
de repuestos
automotrices importados.
También los adoquines
--que son fácilmente
removibles--, han sido
ideales para el
vandalismo y el
desorden. Con la
ayuda internacional fue
posible --dos años
después del terremoto--
la rápida construcción
de tres hospitales
provisionales: a)
Hospital Oriental
(rebautizado después
como Manolo Morales); b)
Hospital Occidental
(rebautizado como Berta
Calderón) y c) Hospital
de Especialidades
(rebautizado como Lenín
Fonseca). Con
financiamiento de la
Agencia Internacional
para el Desarrollo, AID,
se lograron construir
los proyectos
habitacionales populares
denominados Las
Américas, edificando
diez mil (10,000) casas
de madera de emergencia,
en un tiempo muy corto:
cuatro meses. Antes
del terremoto de 1972
era generalizada la
opinión --casi un acto
de fe--, que la calidad
de las construcciones de
taquezal (o en-chidas
como le llamaban) y las
construidas con bloques
de cemento o ladrillo de
barro cocido (cuarterón)
y estructuras de
concreto y hierro,
llamadas de cemento
armado, hacían imposible
una destrucción de gran
magnitud como la
ocurrida en el terremoto
de 1931, atribuyendo la
debilidad de las
construcciones de
aquella fecha, al uso de
la piedra cantera y el
adobe, que consisten en
bloques de barro
reforzados con fibras
vegetales, sin hornear,
como aún se utilizan en
el norte de Nicaragua.
El exceso de confianza
en los nuevos sistemas
de construcción, fue una
trampa mortal para la
ciudad y su población.
Esa confianza excesiva
ha vuelto a ser
manifiesta actualmente
(2010), y está fomentada
por la enorme población
inmigrante del campo y
otras ciudades, que no
tiene ni la menor idea
del poder destructivo de
un terremoto creando en
su psíquis la sensacion
de seguridad basado en
la idea «eso pasaba
antes, pero no ahora,
que todo es diferente y
más moderno»;
convicciones que
comparten los
capitalinos nativos de
Santiago de Managua que
han nacido en los
últimos 38 años y que
tampoco experimentaron
la fuerza telúrica del
sismo. No existe
ninguna duda, sino
certeza absoluta, que el
área geográ-fica donde
se erige la capital, es
altamente sísmica. Más
que eso, los estudios
del Arq. José Francisco
Terán demuestran que es
la zona del epicentro
sísmico de Nicaragua.
Esto es muy natural y
está implícito en su
nombre: Ma = rodeado de;
y Nahuac = estanques o
a-gua. Efectivamente
Santiago de Managua esta
«rodeado de lagunas», o
sea rodeado de volcanes,
porque todas son
cratéricas, excepto el
lago Xolotlán.
Managua esta temblando
desde su prehistoria.
Las Huellas de
Acahualinca testifican
que aquellos managuas
que habitaban esta zona
hace más de ocho
milenios, estaban
huyendo de la erupción
del volcán Tiscapa. Y
el mapa de fallas
geológicas realizado en
1973 reflejan una
irradiación de grietas
activas que parten de
Tiscapa en todas las
direcciones,
principalmente desde El
Crucero en el Sur hacia
el Norte hasta el lago
Xolotlán. Muchos
terremotos menores, que
también han causado
relativa destrucción,
han ocurrido antes y
después de los grandes
sismos de 1885, 1931 y
1972 en Managua y sus
alrrededores. El 22
de Octubre de 1930,
cinco meses antes del
fatal terremoto, la
tierra se sacudió bajo
el suelo de Santiago de
Managua, como en
advertencia, que los
«conocedores»
describieron como
«temblores de verano».
En 1968 se activó una
falla geológica
provocando un terremoto
des-de San Isidro de la
Cruz Verde --zona Sur
del municipio de
Managua-- hasta la
Colonia Centroamérica,
causando graves daños en
este complejo
habitacional.
Negligencias en su
construcción fueron
detectadas... y no se
tomaron otras
precauciones. La Colonia
Centroamérica fue
reconstruida
rápidamente, y todos
volvieron a olvidarse de
los terremotos. En
enero de 1972, once
meses antes del desastre
urbano, hubo un
terremoto rural que
abarcó desde Los
Brasiles hasta el Barrio
Open 3, conocido hoy
como Ciudad Sandino, al
oriente del municipio de
Managua. Una casa de
adobes se derrumbó en
una finca... y nadie
tomó medidas
precautorias en la
hermosa capital de
Nicaragua. El llamado
Informe Brown preparado
por el geólogo Dr. Brown
para las Naciones
Unidas, antes del
terremoto de 1972. El
Informe Brown recomendó
al gobierno de Anastasio
Somoza de Nicaragua que
era prudente trasladar
la capital de Nicaragua
a una zona más segura,
proponiendo al Valle de
Estelí (Valle de
Michigüiste), por poseer
amplio espacio, un
subsuelo firme,
abundante agua potable,
ubicación geográfica más
céntrica con relación al
resto del país y el
beneficio de un mejor
clima. El mismo informe
aseguraba que con toda
seguridad la cuenca
lacustre donde se
asienta la ciudad de
Santiago de Managua,
volvería a experimentar
terremotos. Nadie
hizo caso al Informe
Brown. De algo puede
estar segura la
población de Managua: El
Informe Brown adviertió
de un peligro tan real
como milenario. La
arqueología, la geología
y la historia lo
comprueban
abundantemente, de modo
que con toda seguridad
se producirán más
terremotos en Santiago
de Managua sin ninguna
advertencia, aunque el
ritmo estadístico señala
que se producen
temblores destructivos
cada 41 a 46 años en los
últimos dos siglos, pero
esto no es ley. No hay
razón para que cambie su
naturaleza geológica en
los próximos milenios.
Sin embargo, las
construcciones
irresponsables, de
constructores corruptos
fabricando remedos de
estructuras --alambre en
vez de hierro--,
proliferan en todos los
barrios y zonas
comerciales de
Mana-gua... todavía en
este siglo XXI.
Quienes así construyen
ignoran que estan
arquitectando sus
propias criptas y
sepulturas para la
población. Desde el
último terremoto en
Diciembre de 1972, ya
han transcurrido 38 años
y el ritmo de terremotos
que destruyeron a
Managua han ocurrido
cada 41 y 46 años.
|