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       Año XVI, Edición 425           Fundada el 1 de Mayo de 1986        16 páginas         Miami-Dade, FL, Septiembre,  2011
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ENSAYO DE ALFREDO GONZALEZ HOLMANN- Tercera Parte

¿Por qué los países hispanos son pobres?
 

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Continuación Tercera Parte:

Por
Alfredo González Holmann
Autor del libro:
¡La gran pregunta!
¿Por qué los países hispanos son pobres?
agh@ibw.com.ni
Al otro lado del mundo, en Estados Unidos de América, el tercer presidente de esa nación, Thomas Jefferson (1743-1826) y corredactor de la Constitución de su país, modificó la Biblia (Nuevo Testamento) eliminándole las supernaturalidades a la misma, versión que utilizaba como manual de moral y ética, obra que aún hoy día se vende como la Biblia de Jefferson.

En 1597, Toyotomi Hideyoshi (1536-1598), ministro Imperial de Japón, crucificó a 26 cristianos por interferir en los asuntos de su país. Ellos concluyeron que el cristianismo era una amenaza, lo prohibieron y expulsaron a todos los religiosos católicos y no se les permitió entrar a Japón durante casi tres siglos. Bien podemos preguntarnos, obviamente, sin intención de ofender: ¿cómo sería hoy Latinoamérica si la hubiesen colonizado los japoneses? Para ellos la empatía es su primer valor, la paciencia es el segundo valor y la ignorancia es uno de sus tres venenos, esta última la consideran una emoción aflictiva que limita nuestra habilidad para ver el mundo claramente, tal cual es.

Si bien el Papa Juan Pablo II (1920-2005), en el año 2000, humildemente, pidió perdón por los errores del pasado, no es suficiente, pues hay que corregirlos y es a nosotros los mayores a quienes nos corresponde. Sin ánimo de ofender o guerrear, pero sí con la clara intención de generar humildad, tenemos que conocer, saber y recordar que, además de la censura inquisitorial del pasado, las enseñanzas católicas, las misas, hasta 1960, eran celebradas en latín, lengua que prácticamente la población desconocía. En esa época también terminó la impresionante y aterradora censura de libros.

La religión, además de una creencia, es una educación de los fieles para ayudarles a lograr el objetivo de vida universal, que más o menos es: venimos a trabajar y así lograr crear un patrimonio, que nos permita obtener un bienestar, para vivir felices y en armonía con nuestra familia, compañeros de trabajo y la comunidad en general.

Toda la educación que recibimos, además de ser laica, debería de estar normada por principios semejantes a los que rigen las leyes universales de los derechos humanos y semejantes también a las leyes de protección al consumidor, pues ambas son generadas por la razón.

Nunca hay que olvidar lo que está escrito en la historia; la religión ha tratado a veces a la ciencia como enemiga y a veces como rehén.

«El hombre que ha cometido un error y no lo corrige, comete otro error mayor». Confucio (551 a.C-478 a.C), filósofo chino.

«Creo en la igualdad del hombre, y creo que los deberes religiosos consisten en hacer justicia, dar amor y compasión, y tratando de hacer felices a nuestros semejantes… mi mente es mi propia iglesia». Thomas Paine (1737-1809), uno de los padres fundadores de los Estados Unidos de América.

Nosotros somos «hacedores humanos» en vez de «seres humanos» pues siempre estamos haciendo algo, innovando, somos capaces de inventar maravillas y, además, capaces de torpe y estúpidamente olvidar lo que hemos hecho. El olvido es una función negativa de la mente. No debemos olvidar que la especie humana es una de las más violentas, ¿cómo es posible que en el siglo XX, en guerras, imposición de doctrinas sociales y demás, los humanos mataran a 100 millones de sus congéneres? (Sivard, L., Ruth: «World military and social Expeditures» 1996, World Priorities Inc., Washington, D.C., 1996, p.7. )

«Cuanto más conozco los problemas de los demás, mis propios problemas se disuelven más rápido y automáticamente». Tarthang Tulku Rinpoche (1934), Lama tibetano.

Una característica de los hispanoamericanos es que también siempre estamos haciendo algo. Es muy común escuchar a los adultos y a la juventud comentar: tengo una fiesta, un cumpleaños, una boda, un bautizo, un aniversario, una fiesta patronal o cualquier otra celebración, incluso celebramos fiestas de otras culturas como Halloween, pero es muy poco frecuente oír decir que están escribiendo o leyendo un libro, participando en trabajos sociales en la comunidad, como apoyar a las escuelas públicas del vecindario en que se vive, etc. Leer un libro estándar toma tan sólo 5 horas.

¿Se podrá estimar; cuánto tiempo se pierde sociabilizando? La ignorancia alimenta a la ignoracia. A veces, los hispanos nos sorprendemos cuando los anglosajones nos invitan a una celebración con un protocolo de 7:00 p.m. a 11:00 p.m. y no entendemos la señal.

Al latinoamericano, el tener empleadas domésticas, le libera tiempo para otras actividades y como no tenemos los hábitos de lectura e investigación, aumenta nuestra cultural e intensa tendencia a las actividades de sociabilización. Las casas con cuarto de empleada abundan en América Latina; en EE.UU., prácticamente no existe el empleo doméstico, semejante al nuestro ni el cuarto para empleadas en sus hogares.

«Es difícil que los individuos y las sociedades regidas por la búsqueda de placer, tanto o más que por evitar el dolor, puedan subsistir». Dalái Lama (1935-), líder espiritual de los tibetanos.

Para comenzar a resolver nuestros problemas, debemos conocer que nuestra memoria almacena información, sin pasarlo por un proceso previo de razón. En algún momento, todos hemos creído en cosas que no son ciertas, es decir, la memoria no tiene un filtro que le ayude a discernir o separar lo cierto de lo falso, llamado: sentido común.

Por otro lado, también debemos conocer que nuestra mente, por su naturaleza, nos hace creer que sabemos más que los demás y además, necesita sentirse inteligente, aunque no lo sea, pues sentirse torpe es muy doloroso y nos disgusta, así como también es más cómodo para la mente echarle la culpa a otros de nuestros problemas, que asumir nuestras responsabilidades, es decir, la veo, pero no la miro. Esa es la explicación a todos aquellos que nos hemos preguntado, ¿por qué somos tan diferentes? La miro, pero no la veo, y es debido a que desde la colonia hemos venido girando en círculos. Los anglosajones y japoneses también siempre han girado, pero en espiral.

«Amar la lectura es cambiar horas de hastío por horas de inexplicable y deliciosa compañía». John F. Kennedy (1917-1963), expresidente de EE.UU.

Los hispanos entendimos mal la educación, aquellos que han podido educarse en el exterior, pasan por sus universidades, aprenden lo que dictan en sus aulas, pero no llegan a entender cómo fueron hechas las bases de esas aulas, es decir, la fundación estructural que las sostiene. Las universidades hispanas tienen aulas semejantes, pero quienes han salido de esas aulas, obviamente, por la falta de conocimiento, son personas con habilidades diferentes, pero que, a fin de cuentas, ninguna de ellas adquirió el conocimiento necesario para crear sociedades prósperas y felices.

Por eso, hoy, todavía se dice que el hispano educado es el que ha estudiado o vivido en el exterior y no es así. Peor aún, es muy importante llegar a identificar que una gran mayoría de los hispanos cree que el que ha viajado es educado. Triste y torpemente llegamos a confundir lo que es conocer con el conocimiento. Una cosa es ver cómo una mariposa vuela, pero otra cosa es saber: ¿por qué y cómo vuela? Una cosa es conocer la ciudad de New York, pero otra cosa es explicarse: ¿por qué es tan diferente de Granada?, la ciudad más antigua de América.

También, por eso, es que lo que puede separar al conocedor del conocimiento es únicamente la humildad, por esta razón, es que, obviamente, la humildad es considerada como sabiduría.

«Hay tres clases de personas: las que saben, las que no saben pero saben que no saben y las que no saben, pero creen que saben, estas son las más peligrosas». Nicolo Maquiavelo (1469-1527).

Las cosas que hicimos mal son tantas: falta de innovación, de búsqueda de conocimiento, falta de escritura y lectura, falta de amor, falta de conocimiento de cómo la mente trabaja.

Nuestros gobiernos nacieron con caudillos, de allí para acá la pesadilla de conspiraciones, intrigas, golpes y contragolpes, la corrupción, la mentira, la pobreza, el hambre…, es decir, estamos en un problema complejísimo y no tenemos nosotros mismos la capacidad para resolverlo. Quizás reflexionando logremos entender mejor la observación que nos legara un premio Nobel de Literatura, el mexicano Octavio Paz (1914-1998): «La mentira se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente. El daño ha sido incalculable y alcanza zonas profundas de nuestro ser. Nos movemos en la mentira con naturalidad... De ahí que la lucha contra la mentira oficial y constitucional sea el primer paso de toda tentativa de reforma seria».

Para que Octavio Paz nos haya hecho este legado, es porque veía más allá de lo que nuestra cultura nos permite ver. En un sistema social, la ceguera que genera la mentira es igual a un sistema carente de amor. Veamos: la Iglesia católica por querer amar tanto a sus fieles, para protegerlos de los herejes, mantenerlos dentro de su concepto de fe, por quererlos tener encorralados, éstos religiosos llegaron, en parte, a perder el concepto de lo que es el amor, el amor que la naturaleza nos dotó.

Lo anterior está relacionado con lo que expresó, a inicios del siglo XX, el agudo observador de nuestra cultura, el filósofo español, José Ortega y Gasset (1883-1955), textualmente: «¿Cuándo ha latido el corazón de un monarca español o de la Iglesia española por los destinos hondamente nacionales?... Monarquía e Iglesia se han obstinado en hacer adoptar sus destinos propios como los verdaderamente nacionales... La raíz de la descomposición nacional [de España] está, como es lógico, en el alma misma de nuestro pueblo... peor que tener una enfermedad es ser enfermedad». Esta observación, hoy día se mantiene casi intacta: el individualismo.

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