«En los primeros días
del mes de Septiembre de
1856, una columna de 160
hombres armados con
fusiles antiguos, de
peine, hambrientos, casi
desnudos, al mando del
Coronel don José Dolores
Estrada, ocupaba la
Hacienda San Jacinto, de
don Miguel Bolaños, en
el Departamento de
Granada (Managua
pertenecía entonces a
Granada. Nota de La
Estrella de Nicaragua),
con el objeto de
proporcionarse víveres y
descansar de las fatigas
de una ruda campaña».
«Esta pequeña fuerza
estaba dividida en tres
compañías ligeras
comandadas por los
capitanes Liberato
Cisne, Francisco Sacasa
y Francisco de Dios
Avilés».
«La casa de la hacienda era grande, de teja y con dos
corredores, estaba ubicada en el centro de un extensísimo llano,
y solamente a retaguardia de la casa, como a 100 varas, había un
pequeño bosquecillo».
«Inmediatamente se puso la casa en estado de defensa,
claraboyando las paredes del lado de los corredores, y con la
madera de dos corrales que se desbarataron, formamos un círculo
de trincheras».
«Tres días después de nuestra llegada, 60 jinetes yankees, de
las mejores fuerzas del audaz y aventurero William Walker, se
acercaron a practicar un reconocimiento del cual resultó una
pequeña escaramuza el 5 de Septiembre, en que murió un cabo,
Justo Rocha y un filibustero, el mismo que mató a Rocha, y que
según confiesa Walker en su "Guerra en Nicaragua" fue el capitán
Jarvis».
«Al amanecer del 14 de Septiembre tomabamos un frugal
desayuno, cuando el cabo Salmerón, espía nuestro, llegó a escape
al campamento participando que el enemigo, como en número de 300
se aproximaba por el Sur».
«En el acto el Coronel Estrada dispuso que solamente quedase
en el interior de la casa una escuadra que comandaba el Teniente
don Miguél Vélez y que el resto de la tropa ocupase la línea
exterior. Hízose así, y en esa disposición esperamos, con orden
de no hacer fuego sino hasta que los agresores estuviesen a tiro
de pistola».
«A las 7 de la mañana divisamos al enemigo como a 2000 varas
de distancia; marchaba a discreción y no traía cabalgaduras. Los
Jefes y Oficiales vestían de paisano: levita, pantalón, chaleco
y sombreros negros, algunos portaban espada y revólver, y otros,
rifles; y la tropa iba uniformada con pantalón y camisa de lana
negros, sombreros del mismo color e iban armados con rifles
"Sharp" y "Negritos". Hicieron un alto a tiro de fusil y se
destacaron en tres columnas paralelas de 100 hombres cada una».
«Cuando estuvieron a una distancia conveniente rompimos el
fuego, al recibir la descarga, en vez de vacilar, se lanzaron
impetuosamente sobre las trincheras; una columna atacó el
frente, otra por la izquierda y la última por la derecha. Todas
fueron rechazadas por tres veces, y hasta el cuarto intento no
lograron apoderarse de la trinchera por el lado izquierdo,
cuando el valiente Oficial Ignacio Jarquín y toda la escuadra
que defendían ese punto, habían muerto heróicamente. Dueños los
filibusteros de un punto tan importante, hacían un nutrido y
certero fuego sobre el resto de la línea».
«Cortados de esta manera teníamos que comunicarnos las
órdenes a gritos. El infrascrito (Teniente Alejandro Eva), con
los Tenientes don Miguél Vélez y don Adán Solís, defendían el
ala derecha; y yo, como primer Teniente, recibí orden de
defender el puesto, hasta morir, si era necesario».
«Mis compañeros se batían con admirable sangre fría».
«Los yankees multiplicaban los asaltos, pero tuvimos la
fortuna de rechazarlos siempre».
«Uno de ellos logró subir a la trinchera y allí fue muerto
por el intrépido Oficial Adán Solís».
«Eran las 10 a.m. y el fuego seguía vivísimo».
«Los americanos, desalentados sin duda por lo infructuoso de
sus ataques, se retiraron momentáneamente y se unieron las 3
columnas; pero pocos momentos después, al grito de "¡Hurra
Walker!" se lanzaron con ímpetu sobre el punto disputado».
«Se trabó una lucha terrible, se peleaba con ardor por ambas
partes, cuerpo a cuerpo...»
«Desesperábamos ya de vencer a aquellos hombres tan tenaces,
cuando el grito de "¡Viva Martínez!" dado por una voz muy
conocida de nosotros, nos reanimó súbitamente».
«El Coronel Estrada, comprendiendo la gravedad de nuestra
situación, mandó al Capitán don Bartolo Sandoval, nombrado ese
día Segundo Jefe en lugar del Coronel don Patricio Centeno, que
procurase atacar a los yankees por la retaguardia».
«Ese bizarro militar se puso a la cabeza de los valientes
Oficiales José Ciero y Juan Estrada y 17 individuos de tropa,
saltó la trinchera por detrás de la casa, logró colocarse a la
retaguardia de los asaltantes y les hizo una descarga y lanzando
con su potente voz los gritos de "¡Viva Martinez!", "¡Viva
Nicaragua!", cargó a la bayoneta con arrojo admirable».
(Nota de La Estrella de Nicaragua: En este momento es que
señala el historiador don Jerónimo Pérez y otros autores y
testigos, que tales descargas y gritos, espantaron a la remonta,
o sea los potros de servicio de la hacienda, que estaban o
llegaban por el bosque matorraloso al pie del cerro, que
salieron en estampida hacia la retaguardia de los filibusteros,
junto con la guerrilla, contribuyendo a la sorpresa y espanto
que culminó con la derrota de los invasores).
«Los bravos soldados del Bucanero del Norte retrocedieron
espantados y se pusieron en desordenada fuga».
«Nosotros, llevando a la cabeza al intrépido Coronel José
Dolores Estrada, que montó el caballo de Salmerón, único que
había, perseguimos al enemigo 4 leguas hasta la hacienda San
Ildefonso».
«Allí mató Faustino Salmerón, con su cutacha, al Jefe de los
americanos Byron Cole y lo despojó de un rifle y dos pistolas».
«Nuestra pequeña fuerza tuvo 28 bajas entre muertos y
heridos; entre los primeros figuraban el Capitán don Francisco
Sacasa y el Sub Teniente Ignacio Jarquín, y entre los últimos el
ahora Coronel don Carlos Alegría».
«Los filibusteros perdieron al Coronel Cole, al Mayor cuyo
nombre no recuerdo y que era el Segundo Jefe, y 35 muertos más,
18 prisioneros contándose entre ellos el Cirujano y muchos
heridos que después hallamos muertos en los campos inmediatos».
«Tal fue el memorable
combate que abatió a los
invasores y despertó
loco entusiasmo en el
Ejército que defendía la
Independencia de Centro
América».
ALEJANDRO EVA
Rivas, Nicaragua.
Agosto 21 de 1889