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ENSAYO DE ALFREDO GONZALEZ HOLMANN- Cuarta Parte
¿Por qué los países hispanos son
pobres?

Bill Gates •
Warren Buffett • F. D. Roosevelt. |
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Continuación Cuarta
Parte:
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Por
Alfredo González Holmann Autor del libro: ¡La
gran pregunta! ¿Por qué los países hispanos son pobres?
agh@ibw.com.ni |
Lo anterior está relacionado con lo que expresó, a inicios del siglo XX,
el agudo observador de nuestra cultura, el filósofo español, José Ortega
y Gasset (1883-1955), textualmente: «¿Cuándo ha latido el corazón de un
monarca español o de la Iglesia española por los destinos hondamente
nacionales?... Monarquía e Iglesia se han obstinado en hacer adoptar sus
destinos propios como los verdaderamente nacionales... La raíz de la
descomposición nacional [de España] está, como es lógico, en el alma
misma de nuestro pueblo... peor que tener una enfermedad es ser
enfermedad». Esta observación, hoy día se mantiene casi intacta: el
individualismo. Por esta razón, y a través de los siglos, nuestra
cultura no desarrolló la empatía, en su defecto, creamos un
individualismo, —primitivismo social—, poca solidaridad, que se refleja
en el escaso altruismo hispanoamericano, el cual es contrario a la
amplia e intensa filantropía que poseen las sociedades anglosajona y
japonesa. Ese altruismo no sólo es practicado a lo interno de estas
sociedades sino que lo practican fuera de sus fronteras, la mayoría de
los países latinoamericanos dependen de la ayuda humanitaria que brinda
el pueblo y gobierno de los Estados Unidos de América, de la Unión
Europea y de Japón. Como ejemplo de lo anterior, en el 2010, los
norteamericanos, Bill Gates, Warren Buffett y sus familias, considerados
entre los más ricos del mundo, donaron la mayor parte de su fortuna a
obras filantrópicas y exhortaron a otros billonarios estadounidenses a
hacer lo mismo. Buffet donará el 99% de su patrimonio. Hoy se han unido
más de cincuenta acaudalados estadounidenses y fundaron una organización
sin fines de lucro la cual lleva por nombre, —www.thegivingpledge.org —,
que en español significa: la promesa de dar. Cada familia hizo
públicos los motivos de sus decisiones. Sorprende leer las razones que
los llevó a ese altruismo, todas tienen un común denominador: ayudar a
otros. Uno se pregunta: ¿qué motiva a estas personas actuar así? Los
comentarios sobre esta iniciativa que van desde que las donaciones son
deducibles de impuestos, que es estatus, etc., influyen, pero no son el
principal motivo. Es como el trigésimo segundo presidente de los Estados
Unidos de América, Franklin Delano Roosevelt (1882-1945), a inicios del
siglo pasado decía: «Siempre hemos sabido que el desmedido interés
propio es mala moral; ahora sabemos que es malo para las ciencias
económicas». Si desconocemos la empatía, no podremos entender los
aspectos fundamentales de las sociedades, —las ciencias sociales—, como
la democracia, el mercado, la familia, las organizaciones, la política y
la cooperación. La compasión, sinónimo de empatía, no es un lujo, es una
moral ineludible. Los líderes no nacen, ni se hacen: se desarrollan.
Somos como las maderas preciosas. La belleza externa de la caoba no es
todo, su madera únicamente puede observarse cuando la procesamos y
apreciamos sus jaspes y colores. La estructura humana interna tiene que
refinarse para mejorar el sistema ético individual y colectivo. Esto
es un mandato de la naturaleza que estamos obligados a implementar si
queremos desarrollar sociedades prósperas.
«Los hombres
despiertos no tienen más que un mundo, pero los hombres dormidos tienen
cada uno su mundo». William Hazlitt (1778-1830).
El amor es
como nos lo muestra la naturaleza: es para el más débil, al inicio de la
vida es para el infante, —el más débil— y, al final de la vida, es para
el anciano, es decir, también para el más débil. Entre más protejamos a
los débiles, la sociedad en su conjunto sale fortificada pues cuando se
protege al débil se debilita al fuerte: al ego. La solidaridad, sinónimo
de empatía, es el arma del futuro. «Toda violación de la verdad no es
solamente una especie de suicidio del embustero, sino una puñalada en la
salud de la sociedad humana». Ralph Waldo Emerson (1803-1882), filósofo
estadounidense. Una muestra de nuestra tosquedad es la diversión que
ocurre en las más de 100 suntuosas plazas de toros que existen en
Iberoamérica. En las corridas de toros ocurre un espectáculo grotesco:
humanos capturan a la fuerza, mediante cuerdas, a bovinos y luego
disfrutan y se deleitan observando la matanza del animal. Si lo vemos
bajo la moral de los sentimientos, —la empatía—, debemos trasladarnos,
mediante sentimientos, a ser el toro, y por consiguiente preguntarnos:
¿nos gustaría ser ese toro? Pensaríamos: tengo derecho a vivir, no deseo
morir, tengo familiares con los que no quiero dejar de convivir, me
ofende que se realice una fiesta, se ingiera licor y griten de alegría
cuando me entierran la espada y estoy muriendo, qué dolor pensar que a
mis hijos les harán lo mismo. Todos tenemos derecho a vivir. ¿Es
necesario maltratar o matar a un animal inofensivo? ¿Nos gustaría que
seres superiores a nosotros nos maltrataran o mataran? Este
espectáculo canallesco siempre ha sido aceptado por nuestros mayores,
incluso por los líderes religiosos. Maltratar animales en las sociedades
anglosajonas, ilustradas por los filósofos sentimentalistas
anglosajones, es penada con la cárcel. ¿Por qué para unos es diversión y
para otros es delito? Es la educación moral. Las empleadas domésticas
en Nicaragua tienen horarios de trabajo que exceden los estipulados por
la ley laboral de cuarenta y ocho horas de trabajo a la semana y esto no
es muy diferente en el resto de los países latinoamericanos. Para ellas,
nuestro Código del Trabajo estipula doce horas de descanso, el resto es
la jornada. Esto es una muestra de las tragedias que generan nuestras
sociedades. No pueden existir discriminaciones entre los seres
vivientes, pues todos somos iguales. La empatía incluso se practica
cuando conducimos un automóvil y nos encontramos con un peatón que desea
cruzar la calle: detener el vehículo y cederle el paso no es sólo un
gesto de cortesía, es un apoyo al más débil. La puntualidad tiene esa
misma connotación, ser puntual no sólo se hace por disciplina y respeto.
Cuando nos trasladamos, mediante la empatía, —mediante sentimientos—,
nos damos cuenta que, cuando somos impuntuales con la persona que nos
espera, la estamos ofendiendo y dañando. ¿A quién le agrada esperar?
Si no nos preocupamos por los más débiles, cuando seamos fuertes, ¿quién
se va a preocupar por nosotros? No es suficiente ir a la iglesia a pedir
por uno mismo. La mejor religión es la que nos hace mejores. Un
cuento a veces ayuda, Eckhart Tolle en su libro, El poder del ahora, en
el primer capítulo, El mayor obstáculo para la iluminación. La
iluminación, ¿qué es eso?, cuenta lo siguiente: «Un mendigo había
estado sentado más [de] treinta años a la orilla de un camino. Un día
pasó por allí un desconocido: —Una monedita—, murmuró mecánicamente el
mendigo, alargando su vieja gorra de beisbol. —No tengo nada que darle—,
dijo el desconocido. Después preguntó: —Qué es eso en lo que está
sentado?— Nada—, contestó el mendigo. —Sólo una caja vieja. Me he
sentado en ella desde que tengo memoria—. ¿Alguna vez ha mirado lo que
hay dentro?—, preguntó el desconocido. —No— dijo el mendigo. —¿Para qué?
No hay nada dentro—. Échele una ojeada—, insistió el desconocido. El
mendigo se las arregló para abrir la caja. Con asombro, incredulidad y
alborozo, vio que la caja estaba llena de oro. —Yo soy el
desconocido que no tiene nada que darle y que le dice que mire dentro.
No dentro de una caja como en la parábola, sino en un lugar aún más
cercano, dentro de usted mismo. — ¡Pero yo no soy un mendigo!—, le oigo
decir». Luego Tolle menciona lo siguiente: «Los que no han encontrado
su verdadera riqueza, que es la alegría radiante del Ser y la profunda e
inconmovible paz que la acompaña, son mendigos, incluso si tienen mucha
riqueza material. Buscan afuera mendrugos de placer o de realización
para lograr la aceptación, la seguridad o el amor, mientras llevan
dentro un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas sino que es
infinitamente mayor que todo lo que el mundo pueda ofrecer. Cuando
entiendes debes volver atrás para ayudar a otros». Del Mahayana, una
tradición del budismo: Si hemos hecho esfuerzos para lograr bienestar
para las mayorías y si no lo hemos logrado es por falta de conocimiento,
y por lo tanto, somos sedientos y hambrientos de conocimiento.
«Lo más importante en la vida es creer en sí mismo, pero para poder
tener esa creencia y esa confianza también hay otros factores que juegan
un papel importante, los antecedentes históricos, la religión de uno, la
cultura…, etc., etc.» Dalái Lama (1935-), líder del Budismo Tibetano.
La educación no sólo es aprender a sumar y restar o enseñar
habilidades técnicas. En nuestro sistema educativo, siempre ha
prevalecido la enseñanza de afuera hacia adentro, pero no es así, es de
adentro hacia afuera. Tampoco la educación debe de ser de arriba hacia
abajo, pues todas las cosas más importantes de la naturaleza emergen de
abajo hacia arriba. Es obvio que la prosperidad de los miembros de una
sociedad, de nuestros hijos, es el esfuerzo de los mayores: los mayores
somos los que generamos la pobreza o la riqueza. La sabiduría alimenta a
la sabiduría. No nacimos para estar en guerras de ninguna clase, por
eso, todos los problemas del mundo son causados por falta de amor, falta
de educación interna.
Primera Parte
Segunda Parte
Tercera Parte
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