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       Año XVI, Edición 425           Fundada el 1 de Mayo de 1986        16 páginas         Miami-Dade, FL, Septiembre,  2011
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ENSAYO DE ALFREDO GONZALEZ HOLMANN- Cuarta Parte

¿Por qué los países hispanos son pobres?
 

Bill Gates •  Warren Buffett • F. D. Roosevelt.

Continuación Cuarta Parte:

Por
Alfredo González Holmann
Autor del libro:
¡La gran pregunta!
¿Por qué los países hispanos son pobres?
agh@ibw.com.ni
Lo anterior está relacionado con lo que expresó, a inicios del siglo XX, el agudo observador de nuestra cultura, el filósofo español, José Ortega y Gasset (1883-1955), textualmente: «¿Cuándo ha latido el corazón de un monarca español o de la Iglesia española por los destinos hondamente nacionales?... Monarquía e Iglesia se han obstinado en hacer adoptar sus destinos propios como los verdaderamente nacionales... La raíz de la descomposición nacional [de España] está, como es lógico, en el alma misma de nuestro pueblo... peor que tener una enfermedad es ser enfermedad». Esta observación, hoy día se mantiene casi intacta: el individualismo.
Por esta razón, y a través de los siglos, nuestra cultura no desarrolló la empatía, en su defecto, creamos un individualismo, —primitivismo social—, poca solidaridad, que se refleja en el escaso altruismo hispanoamericano, el cual es contrario a la amplia e intensa filantropía que poseen las sociedades anglosajona y japonesa. Ese altruismo no sólo es practicado a lo interno de estas sociedades sino que lo practican fuera de sus fronteras, la mayoría de los países latinoamericanos dependen de la ayuda humanitaria que brinda el pueblo y gobierno de los Estados Unidos de América, de la Unión Europea y de Japón.
Como ejemplo de lo anterior, en el 2010, los norteamericanos, Bill Gates, Warren Buffett y sus familias, considerados entre los más ricos del mundo, donaron la mayor parte de su fortuna a obras filantrópicas y exhortaron a otros billonarios estadounidenses a hacer lo mismo. Buffet donará el 99% de su patrimonio. Hoy se han unido más de cincuenta acaudalados estadounidenses y fundaron una organización sin fines de lucro la cual lleva por nombre, —www.thegivingpledge.org —, que en español significa: la promesa de dar.
Cada familia hizo públicos los motivos de sus decisiones. Sorprende leer las razones que los llevó a ese altruismo, todas tienen un común denominador: ayudar a otros. Uno se pregunta: ¿qué motiva a estas personas actuar así?
Los comentarios sobre esta iniciativa que van desde que las donaciones son deducibles de impuestos, que es estatus, etc., influyen, pero no son el principal motivo. Es como el trigésimo segundo presidente de los Estados Unidos de América, Franklin Delano Roosevelt (1882-1945), a inicios del siglo pasado decía: «Siempre hemos sabido que el desmedido interés propio es mala moral; ahora sabemos que es malo para las ciencias económicas».
Si desconocemos la empatía, no podremos entender los aspectos fundamentales de las sociedades, —las ciencias sociales—, como la democracia, el mercado, la familia, las organizaciones, la política y la cooperación. La compasión, sinónimo de empatía, no es un lujo, es una moral ineludible.
Los líderes no nacen, ni se hacen: se desarrollan. Somos como las maderas preciosas. La belleza externa de la caoba no es todo, su madera únicamente puede observarse cuando la procesamos y apreciamos sus jaspes y colores. La estructura humana interna tiene que refinarse para mejorar el sistema ético individual y colectivo.
Esto es un mandato de la naturaleza que estamos obligados a implementar si queremos desarrollar sociedades prósperas.

«Los hombres despiertos no tienen más que un mundo, pero los hombres dormidos tienen cada uno su mundo».
William Hazlitt (1778-1830).

El amor es como nos lo muestra la naturaleza: es para el más débil, al inicio de la vida es para el infante, —el más débil— y, al final de la vida, es para el anciano, es decir, también para el más débil. Entre más protejamos a los débiles, la sociedad en su conjunto sale fortificada pues cuando se protege al débil se debilita al fuerte: al ego. La solidaridad, sinónimo de empatía, es el arma del futuro.
«Toda violación de la verdad no es solamente una especie de suicidio del embustero, sino una puñalada en la salud de la sociedad humana». Ralph Waldo Emerson (1803-1882), filósofo estadounidense.
Una muestra de nuestra tosquedad es la diversión que ocurre en las más de 100 suntuosas plazas de toros que existen en Iberoamérica. En las corridas de toros ocurre un espectáculo grotesco: humanos capturan a la fuerza, mediante cuerdas, a bovinos y luego disfrutan y se deleitan observando la matanza del animal. Si lo vemos bajo la moral de los sentimientos, —la empatía—, debemos trasladarnos, mediante sentimientos, a ser el toro, y por consiguiente preguntarnos: ¿nos gustaría ser ese toro? Pensaríamos: tengo derecho a vivir, no deseo morir, tengo familiares con los que no quiero dejar de convivir, me ofende que se realice una fiesta, se ingiera licor y griten de alegría cuando me entierran la espada y estoy muriendo, qué dolor pensar que a mis hijos les harán lo mismo. Todos tenemos derecho a vivir. ¿Es necesario maltratar o matar a un animal inofensivo? ¿Nos gustaría que seres superiores a nosotros nos maltrataran o mataran?
Este espectáculo canallesco siempre ha sido aceptado por nuestros mayores, incluso por los líderes religiosos. Maltratar animales en las sociedades anglosajonas, ilustradas por los filósofos sentimentalistas anglosajones, es penada con la cárcel. ¿Por qué para unos es diversión y para otros es delito? Es la educación moral.
Las empleadas domésticas en Nicaragua tienen horarios de trabajo que exceden los estipulados por la ley laboral de cuarenta y ocho horas de trabajo a la semana y esto no es muy diferente en el resto de los países latinoamericanos. Para ellas, nuestro Código del Trabajo estipula doce horas de descanso, el resto es la jornada. Esto es una muestra de las tragedias que generan nuestras sociedades. No pueden existir discriminaciones entre los seres vivientes, pues todos somos iguales.
La empatía incluso se practica cuando conducimos un automóvil y nos encontramos con un peatón que desea cruzar la calle: detener el vehículo y cederle el paso no es sólo un gesto de cortesía, es un apoyo al más débil.
La puntualidad tiene esa misma connotación, ser puntual no sólo se hace por disciplina y respeto. Cuando nos trasladamos, mediante la empatía, —mediante sentimientos—, nos damos cuenta que, cuando somos impuntuales con la persona que nos espera, la estamos ofendiendo y dañando. ¿A quién le agrada esperar?
Si no nos preocupamos por los más débiles, cuando seamos fuertes, ¿quién se va a preocupar por nosotros? No es suficiente ir a la iglesia a pedir por uno mismo. La mejor religión es la que nos hace mejores.
Un cuento a veces ayuda, Eckhart Tolle en su libro, El poder del ahora, en el primer capítulo, El mayor obstáculo para la iluminación. La iluminación, ¿qué es eso?, cuenta lo siguiente:
«Un mendigo había estado sentado más [de] treinta años a la orilla de un camino. Un día pasó por allí un desconocido: —Una monedita—, murmuró mecánicamente el mendigo, alargando su vieja gorra de beisbol. —No tengo nada que darle—, dijo el desconocido. Después preguntó: —Qué es eso en lo que está sentado?— Nada—, contestó el mendigo. —Sólo una caja vieja. Me he sentado en ella desde que tengo memoria—. ¿Alguna vez ha mirado lo que hay dentro?—, preguntó el desconocido. —No— dijo el mendigo. —¿Para qué? No hay nada dentro—. Échele una ojeada—, insistió el desconocido. El mendigo se las arregló para abrir la caja. Con asombro, incredulidad y alborozo, vio que la caja estaba llena de oro.
—Yo soy el desconocido que no tiene nada que darle y que le dice que mire dentro. No dentro de una caja como en la parábola, sino en un lugar aún más cercano, dentro de usted mismo. — ¡Pero yo no soy un mendigo!—, le oigo decir».
Luego Tolle menciona lo siguiente: «Los que no han encontrado su verdadera riqueza, que es la alegría radiante del Ser y la profunda e inconmovible paz que la acompaña, son mendigos, incluso si tienen mucha riqueza material. Buscan afuera mendrugos de placer o de realización para lograr la aceptación, la seguridad o el amor, mientras llevan dentro un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas sino que es infinitamente mayor que todo lo que el mundo pueda ofrecer. Cuando entiendes debes volver atrás para ayudar a otros».
Del Mahayana, una tradición del budismo: Si hemos hecho esfuerzos para lograr bienestar para las mayorías y si no lo hemos logrado es por falta de conocimiento, y por lo tanto, somos sedientos y hambrientos de conocimiento.

«Lo más importante en la vida es creer en sí mismo, pero para poder tener esa creencia y esa confianza también hay otros factores que juegan un papel importante, los antecedentes históricos, la religión de uno, la cultura…, etc., etc.» Dalái Lama (1935-), líder del Budismo Tibetano.

La educación no sólo es aprender a sumar y restar o enseñar habilidades técnicas. En nuestro sistema educativo, siempre ha prevalecido la enseñanza de afuera hacia adentro, pero no es así, es de adentro hacia afuera. Tampoco la educación debe de ser de arriba hacia abajo, pues todas las cosas más importantes de la naturaleza emergen de abajo hacia arriba. Es obvio que la prosperidad de los miembros de una sociedad, de nuestros hijos, es el esfuerzo de los mayores: los mayores somos los que generamos la pobreza o la riqueza. La sabiduría alimenta a la sabiduría. No nacimos para estar en guerras de ninguna clase, por eso, todos los problemas del mundo son causados por falta de amor, falta de educación interna
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