|
Su
profesión: Periodista, Su pasión: La Poesía.

La Dramática vida de Rubén Darío.

Monumento erigido a Rubén Darío en la Isla de Ometepe,
depar-tamento de Rivas, Nicaragua. |
|
|
Cambie el tamaño de la letra |
| - A A A + |
| | | |
|
Escrita por: Edelberto Torrres
III Sobre las Aguas del Lago Xolotlan
Es cuando las ráfagas de
la inspiración azotan la frente del Papa: ¡El libro! ¡Celeste
lumbre, de la humanidad amparo! ¡Radioso, divino faro que
guía a la muchedumbre...! El libro...¡Elevada cumbre de la
verdad! mas ¡que digo! El libro que yo bendigo con entusiasmo
profundo tiene ante la faz del mundo un implacable enemigo.
¿Sabéis quién es? Allá está... Su trono se bambolea,
porque el soplo de la Idea su trono derribará. ¿Sabéis quién
es? ¡Vedle allá Sobre el alto Vaticano! ¡Contempladle
...¡Genio insano, apaga todo destello con una estola en el cuello
y el Syllabus en la mano.
El Presidente del Congreso, Pedro
Joaquín Chamorro cambia el criterio favorable al poeta niño al
escuchar lo que él considera como una retahila de injurias a la
religión. ---Hijo mío-- le dice--, si así escribe ahora contra la
religión de tus padres y de tu patria, ¿qué será si te vas a Europa
a aprender cosas peores? Y qué habrían dicho los severos
magistrado si hubieran leído el soneto “Al Papa” escrito seis meses
después?
No vayas al altar, Santo Tirano, Que profanas
de Dios la eterna idea: Aún la sangre caliente roja humea En tu
estola, en tu cáliz, en tu mano;
La sacra luz del
pensamiento humano Ahora ante tu frente centellea: Proclamas
tu poder ¡maldito sea! Pues es tu bendición auguro insano.
La Basílica cruje en conmociones Y se enciende la luz de
los ciriales; Tú cantas los oremus y oraciones Y te besan el
pie de los Cardenales
¡Oh! no ensucies al Cristo entre tu
cieno No escupáis en el rostro al Nazareno!...
R. DARIO.
León, Junio de 1882.
Dichosamente el soneto, sólo conocido de
sus amigos radicales más íntimos, se queda en su cuaderno de POESÍAS
y ARTÍCULOS EN PROSA sin que nadie sospeche su existencia. Los
diputados liberales insisten en que debe ser pensionado para
estudiar en Europa. El proyecto de decreto que presentan al Congreso
dice: La “Cámara de Diputados y la del Senado de la República
de Nicaragua decretan: Se faculta al Gobierno para enviar a
España, por cuenta de la nación, al inteligente joven Rubén Darío, a
fin de que obtenga una educación que corresponda a las elevadas
dotes intelectuales que ya revela”. Firman ese proyecto los
diputados José Dolores Gámez, José Miguel Osorio, Isidro Gómez, José
Francisco Aguilar y Juan Francisco Callejas. A pesar del dictamen
favorable del diputado Manuel Cuadra, el proyecto es modificado en
forma que varía por completo la intención de los proponentes. El
decreto aprobado es el siguiente: “UNICO: El Gobierno hará
colocar por cuenta de la Nación al inteligente pobre don Rubén Darío
en el platel de la enseñanza que estime más conveniente para
completar su educación”. La disposición práctica del Presidente
es la de enviar al joven Darío a estudiar como alumno interno en el
Instituto de Granada, que es un establecimiento de primer orden por
la calidad del profesorado español que dicta las cátedras. Sería de
importancia vital para el niño aprovechar el influjo científico y
literario de Nicolás Quintín Ubago, el Padre Sáenz Llarías, José
María Villafaña, César Sánchez y Antonio Espinal, que fueron
contratados después de entusiasta recomendación de Emilio Castelar,
Juan Eugenio de Hartzembuchy, José García Puertas, éste orador
sagrado famosísimo entonces. El volcán Mombacho, el esplendoroso
lago que arulla a Granada, sus islas, isletas floridas, reposotorios
de tesoros arqueológicos, y sobre todo, la mujer granadina, igual
que su hermana española en gracia y belleza, le darían vivencias más
vinculadoras con la patria natal. Y eso solamente ¡pero cuánto es!,
que seguir cursos sistemáticos no es disposición de su temperamento.
¡Qué grato le sería recordar después que él y Alfonso XIII habían
tenido el mismo profesor de matemáticas, don César Sánchez, aunque
él en la lejana Granada nicaragüense y el regio español en Aranjuez
o en la palacio real de Madrid! Los diputados liberales sufren
una amarga contrariedad , y mayor es la del que es motivo del
decreto. Aquéllos le aconsejan no aceptar, y en efecto no acepta,
bajo la promesa de que algo mejor harán en lo futuro por él. Este
desengaño le sabe a amarga cuasia que bebe a sorbos. Hace poco años
fue echado de un colegio; hoy se le trunca una ilusión que
acariciaba como realidad segura. Los conservadores que admiran al
prodigioso niño le dan muestras diversas de su aprecio personal. Uno
de los más notables, hombre de Estado y publicista, don Anselmo
Hilario Rivas, lo invita a Granada. Viaje provechoso es ese que le
permite conocer otra región del país, ver otro paisaje,
principalmente los espléndidos que ofrece el anchuroso lago de
Nicaragua, en el que las bellezas naturales se acumulan como en
violenta competencia. En esa ciudad vive el escritor que entonces
goza de más prestigio en Centroamérica como crítico literario y como
purista del estilo: don Enrique Guzmán. Darío lo visita, y Guzmán
registra el incidente en su libro de memorias: “Con una carta de
Jenaro Lugo para mí y acompañado de un joven Salinas, de León, se me
presenta el novel vate Rubén Darío, a quien llaman el poeta niño.
Parece simpático; aun no he podido juzgar de su inteligencia. Parece
tener de 15 a 16 años; en es realidad un adolescente. La carta de
Lugo se concreta a recomendármelo para que yo le ayude a solicitar
del Congreso que lo envíe a Europa a completar sus estudios ”. De
nuevo en Managua, se inicia en el periodismo local co mo cronista
de EL FERROCARRIL, periódico que dirige el licenciado Jesús
Hernández Somoza y en EL PORVENIR DE NICARAGUA, del italiano Fabio
Carnevallini, que sabe tanto de Larra como de Silvio Pellico.
Gacetillas, crónicas y versos de ocasión ocupan sus días, además de
las lecturas copiosas. Sus amigos en Managua son los poetas Félix
Medina y Antonio Aragón, el médico y profesor Ramírez Goyena, los
periodistas Fabio Carnevallini, José Leonard, Modesto Barrios,
Jerónimo Ramírez, Mariano Zelaya, José Dolores Espinosa, y otras
personas del mundo social y político. Pero son los versos,
naturalmente, los objetos de la labor más querida, y como no tiene
que esforzarse para producirlos, su cerebro es como un surtidor de
estrofas: los hace en todos los metros hasta entonces conocidos en
poesía castellana, y hasta con alardes de destreza.
Ya ha
ensayado diversidad de estrofas; la redondilla, el cuarteto, la
décima, la dodécima, la octava real, la silva, el quinteto con pie
quebrado, el soneto, el cuarteto eneasílabo, septetos endecasílabos,
la quintilla, y su hay otros moldes en que verter sus ideas y
efusiones anímicas, de cierto que lo hará. Desde la ignorada
primera estrofa hasta “La Fe”, el soneto de los doce años de edad, y
desde entonces a los quince años, sigue una evolución mental
violenta. Su cerebro es un espejo ustorio que todo lo capta;
experiencias, trato social, lecturas y panoramas naturales que su
país le ofrece a cada paso que da en cualquier dirección. Es
difícil señalar cuál es la disposición o función mental más
sobresaliente que posee. ¿El poder de asimilación? ¿La flexiblidad
que demuestra su talento en el uso de los diversos metros? Todo eso
es extraordinario, y también la centella imaginación, la memoria a
la vez rápida y tenaz, la delicada sensibilidad, el sentido del
ritmo, la madurez de la razón, la comprensión instantánea y profunda,
y la penetrante intuición que corona su constitución mental. Y como
rosa oscura prendida en su mente, la tristeza. Es asombrosa la
riqueza de vocabulario que posee a los quince años cumplidos, y al
año siguiente, con las lecturas que hace en la Biblioteca, aumenta
su léxico hasta dar la sensación de plenitud, de totalidad. Usa un
vocabulario selecto de hasta quinientas palabras en que, por
supuesto, no faltan las específicamente poéticas, los arcaísmos
poéticos y voces expresivas de sentimientos, flores, aves, piedras
preciosas, fenómenos naturales y estados de conciencia. No ha
leído a esta edad ningún tratado de mitología griega, ni latina; y
el conocimiento que tiene de las deidades paganas es el fruto de las
lecturas y de la consulta del diccionario. Hasta junio de 1882 los
nombres mitológicos citados son estos: Diana, Cipria, Venus, Cupido,
Niobe, Flora, Talía, Júpiter, Apolo, Erato, Febo, Marte, Calíope,
ondina, hada, silfo, sirena y sabe otros que no han sido llamadas a
la inspiración. Más asombrosa aún es la cantidad de autores y
personajes de la historia universal que conoce. Los nombres que
menciona pasan de cien. Es indudable que no los ha leído a todos,
que tampoco sabe en extenso la vida de los héroes y sabios que cita,
pero sí a muchos, y de los otros tiene referencias leídas u oídas,
suficientes para nombrarlos con conciencia. Los adjetivos, frases
adjetivas y apositivas que agrega a los nombres dejan ver claramente
que no son citas puramente memorísticas: Las páginas encendidas
surgen de LOS MISERABLES Trueba a su esposa narrando
CUENTOS DE COLOR DE ROSA. Bryron cuya alma violenta sufría
angustioso afán.
Aquel poema eterno que lo terrible cantó,
que su inspiración bebió en las llamas del INFIERNO.
Víctor Hugo, el pensado. de HERNANI inmortal cantor y de
GUERNESEY proscrito.
Saludas a Leucipo y a Descartes con
la sien coronada de laureles; y el genio de las artes con su voz
misteriosa anuncia que sonríen en su fosa los manes de Menandro y
Praxiteles.
Toda su producción hasta esa sazón tiene el rasgo
general de la imitación de los poetas españoles del Siglo de Oro y
más aún de los del siglo XIX. En algunas composiciones el propósito
imitativo parece absolutamente consciente, como los versos “A mi
querido amigo Antonio Tellería”. En la muerte de su hijo” y en
general es la atmósfera poética española que respira y trasciende a
sus versos. Sólo tiene quince años y ya empieza a dar señales de
heterodoxia en materia idiomática. Es cierto que, a pesar del corto
lapso vivido, sus lecturas son ya caudalosas, y de ahí que la
Academia Española y Bello y otros buceadores en las aguas del idioma
le son familiares. Por eso, con conocimiento de lo que trata escribe
que “uno de los principales defectos de la vetusta Real Academia es
rechazar tercamente toda reforma que la diferencia de costumbres,
las nuevas ideas del siglo y el uso han realizado en el idioma”. Es
su primera profesión de fe antiacadémica, mas no se limita a
pronunciarlas, quiere que la reforma se lleve a cabo y lanza la
iniciativa que tendrá su primer intento de realización casi setenta
años después, en el Congreso de la Lengua, de 1950, celebrado en
México. El reformador adolescente formula su proclama en esta forma:
“Pues bien, nos permitimos espresar hoi una idea que tenemos desde
hace tiempo, i es: que se reúna en Madrid un gran congreso
internacional lingüístico para tratar todas las reformas que
parezcan dignas de ser admitidas en el idioma español, i que una
comisión de su seno escriba una gramática, la cual sería adoptada
definitivamente por todos los países del habla española”. Y
predicando con el ejemplo hace años adoptó la ortografía americana
al igual que otros escritores nicaragüenses.
...
continuará
|