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LEON NICARAGÜENSE FUE EL MEJOR GOBERNADOR
39 años del terremoto y Managua
sigue caída

Esta es la foto
insignia del terremoto de Managua de 1972, tomada por el Lic. Nicolás
López Maltez la mañana del 23 de Diciembre, hace 39 años. En el 2005 el
gobierno editó una estampilla conmemorativa, muy buscada ahora por
filatélicos. |

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Este
23 de Diciembre se
cumplen 39 años de la
destrucción de Managua y
la tragedia de 10,000
capitalinos muertos en
el terremoto de 1972. Lo
poco que reconstruyó el
gobierno de Somoza
Debayle antes de ser
derrocado, es lo que
todavía existe de
infraestructura: las
mismas calles, los
mismos adoquinados, las
mismas pistas, los
mismos edificios
rescatados que le daban
servicio a medio millón
de managuas, son los que
utilizan el millón y
medio de capitalinos 39
años después. No hay
calles nuevas, los
adoquines, que eran
negocio privado de
Somoza, están obsoletos
y arrancados en las
pistas destruidas.
Managua sigue caída,
destruida y arruinada
desde 1972, sus piedras
y baches, basura y
desorden y su millón y
medio de pobladores
ajenos a la memoria de
la vieja Managua, están
desprevenidos, sin saber
que están esperando el
próximo terremoto que
cada vez está más
próximo. A los ahora
viejos y ancianos
managuas que vivieron
los esplendores de la
vieja Managua y que
sufrieron los embates y
secuelas del terremoto
de 1972, les queda
solamente la nostalgia y
la memoria de una
capital con un pasado
humano, glorioso y
recordar..., pues viven
del recuerdo por aquello
que recordar es volver a
vivir... y volver a
sufrir. Recordar,
como lo hace René «El
chelito» Cárdenas,
gloria nicaragüense de
la narración deportiva,
narrador oficial de Los
Astros de Huston, ciudad
desde donde recuerda su
Barrio La Bolsa de la
vieja Managua:
El Barrio La
Bolsa de la vieja
Managua
Por: René, El Chelito
Cárdenas Tomado de
«La Estufa Caliente»
FitoIII@aol.com
Algunos amigos preguntan
por qué menciono tanto
el barrio la Bolsa.
Veamos qué es lo que
recuerdo del colorido y
antiguo lugar de la
capital. En primer lugar
porque allí está
enterrado mi ombligo y
uno debe sentir orgullo
del lugar donde eso
ocurre. En segundo lugar
porque en ese barrio se
jugaba el mejor béisbol
del país. En tercer
lugar porque allí la
Alcaldía o el Distrito
Nacional de Managua
construyó el primer
malecón elevado y, sobre
ese malecón se diseñó el
mejor diamante para
jugar a la pelota. Creo
que son buenas razones.
Ahora, no vayan a
creer que eso es todo,
pues apenas comienzo a
enumerar lo que ese
famoso barrio tenía y lo
que significaba para
muchos. Para que se den
una idea, por el Este
comenzaba desde la
Estación del Ferrocarril
hasta el Hotel Lido
Palace. Y de norte a sur
(de la costa del Lago
Xolotlán hacía la
montaña) hasta el
colegio de Doña Chepita
Aguerri.
En su
perímetro se encontraba
el Teatro Variedades, el
teatro Salazar, El
Teatro González, el Gran
Hotel, el Club
Internacional, el
Gimnasio Nacional, el
Colegio de la Asunción,
el Arzobispado, la
Catedral de Managua, el
Palacio Nacional, la
Plaza de la República,
el Teatro Nacional Rubén
Darío, el Palacio de
Comunicaciones, la
Embajada Americana, el
Parque Central, el
Parque Rubén Darío, el
parque Frixiones, el
Club Social de Managua y
por un tiempo estuvo el
periódico que se conoció
como La Estrella de
Nicaragua. Y como si
todo esto fuera poco,
también la Alcaldía de
Managua que más tarde se
conoció como el
Ministerio del Distrito
Nacional.
Además
de jugar béisbol,
también se jugaba tenis.
El Club Managua
construyó una cancha
entre su edificio y los
rieles del ferrocarril o
frente a la esquina
noreste del Parque Rubén
Darío. El famoso Teatro
Variedades que destruyó
el terremoto de 1931 era
el punto más importante
del barrio. Al limpiarse
los escombros del teatro,
se construyó el edificio
de los Apartamentos
Lugo. Las dos familias
de abolengo que
dominaban la vecindad,
eran los Escobares y los
Largaespada. El Dr.
Gustavo Sebastián
Escobar, mi bisabuelo,
fue el primero en
construir una casa
particular de dos pisos
en el barrio. Don Félix
Pedro Largaespada, fue
el otro cacique y
también fue el otro gran
terrateniente del
barrio.
En el
costado Este del Parque
Rubén Darío comenzaba
una calle de dos cuadras
de largo que terminaba
en el tope del Callejón
Juncadella. En esa
callecita se jugaba el
mejor béisbol de dos
líneas o handball de la
ciudad. El problema que
teníamos eran los
balcones del Club
Managua, donde se metían
las bolas que iban a
parar al Salón de las
Arañas y, para sacarlas,
teníamos que subir un
piso y penetrar
ilegalmente. Las bolas
que usábamos eran de
tenis, y los empleados
del Club eran nuestros
peores enemigos. Una vez
me tocó ir por la bola y
un empleado de un bigote
grande y panzón me
agarró y me pegó una
buena zurra con una
escoba, pero no solté la
pelota. Eso ocurrió
cuando yo tenía 12 años
de edad.
Cuando
cumplí 16 años de edad,
mi tío, el General
Alejandro Cárdenas, uno
de los fundadores del
Club, decidió hacerme
socio juvenil del Club
Managua, lugar que todos
los jóvenes beisbolistas
del barrio la Bolsa
odiábamos con pasión por
el asunto de nuestras
pelotas perdidas en el
Salón de las Arañas y
los sustos y zurras que
nos pegaban los
empleados cuando nos
agarraban.
Un par
de años más tarde,
decidí ir al Club
Managua a jugar billar
con el pariente Chanito
Aguerri y pedimos un par
de Tom Collins. Dio la
casualidad que el mesero
que nos sirvió mientras
jugábamos fue el tipo
que me propinó la paliza
dos años atrás. Más
adelante decidí almorzar
todos los días en el
Club, pero meses más
tarde cambiaron al
cocinero y la comida
desmejoró al igual que
las mesas de juego.
Entonces, decidí
almorzar todos los días
en el Club Internacional,
situado frente al Teatro
González, dónde Chanito
y yo encontramos mejores
mesas de billar y
meseros que nunca habían
apaleado a niños.
Recuerdo como si hubiera
sido ayer que nos
encontrábamos todos los
días a las once y media
de la mañana. El
cocinero de ese club,
preparaba el mejor
sandwich de queso
amarillo derretido...
Cuando yo tenía diez
años de edad, pertenecía
al grupo más numeroso de
la niñez del barrio y
los chamacos más grandes
nos permitían hacer
todas las travesuras
típicas de esa edad. Lo
único malo era cuando
ellos jugaban béisbol en
el malecón, nosotros
éramos los pasabolas y
nunca nos permitieron
entrar al juego. Había
pasabolas enfrente de
primera y tercera bases.
Pero había otro tipo de
pasabolas, el que se
colocaba detrás del
jardín central. Cuando
la pelota no era
atrapable, caía en la
costa del lago o a 30
pies abajo de la
superficie del malecón y
el pasabolas tenía que
hacerse de tripas
corazón para bajar e ir
por ella. A pesar de
todo no considerábamos
que la bajada a la arena
fuera un gran obstáculo,
el clavo era que siempre
había lagartos en la
costa tomando baños de
sol. Cuando los grandes
terminaban de jugar,
entonces nosotros nos
apoderábamos del terreno,
pero servíamos de
pasabolas de nuestros
propios juegos... El
equipo de béisbol grande
del barrio que competía
contra los otros
vecindarios se llamaba
"Fortuna". Fueron
tiempos tranquilos que
no puedo olvidar.
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Estampas de mi
vieja Managua
Otro
veterano de la Vieja
Managua, es el Lic. José
Dolores «Lolo» Gómez(jdgomez@cablenet.com.ni),
autor de una larga
relación que abarca
muchos temas de la
desaparecida capital de
Nicaragua.
Estas
son algunas Estampas de
mi Vieja Managua de Lolo
Gómez:
LA RADIO
MUNDIAL DE MI VIEJA
MANAGUA:
Recordar a mi vieja
Managua, es detenerse en
las transmisiones de
Radio Mundial, con sus
inolvidables radio
novelas. La más famosa,
El derecho de nacer,
obra del cubano Félix B.
Caignet en 1952. El
legendario “cuadro
dramático de Radio
Mundial”, fue un éxito
extraordinario. Ya jamás
repetido. Destacan en
tan fabuloso elenco:
Magda Doña, Esperanza
Román, Fabio Gadea
Mantilla, el Dr. José
Ortega Chamorro,
Archibaldo Arosteguí,
Sofia Montiel, Mamerto
Martínez, Pilar Aguirre,
Joaquín Absalón Pastora,
Sidar Cisneros Leiva,
Fernando Soto Montoya,
Armando Proveedor,
Carlos Pérez Meza, Cela
Lacayo, Marta Cansino,
el maestro Rodolfo Arana
Sándigo Tio Popo, el
taumaturgo Julio César
Sandoval, y la voz
varonil de su Primer
Actor, José Dibb Mc
Connell. entre otros.
Destacaron las historias
de El derecho de nacer.
El dolor de ser pobre.
Los tres Villalobos.
Kadir el árabe. Kalimán.
Tamakún, el vengador
errante, novelas que
calaban el alma y
permitían una sana
distracción.
Se
escuchaban en todas las
viviendas, mientras se
atendían las tareas
caseras. Según el candor
de Joaquín Absalón
Pastora, «antídotos para
combatir el tedio de una
recoleta capital con
escasa vida nocturna».
En ocasiones, se
paralizaban las
actividades, en talleres,
hospitales, Mercado
Central y San Miguel,
dada la pasión que
despertaban cada
capítulo de la serie.
LA MUSICA EN MI
VIEJA MANAGUA:
Pasando al ambiente
musical, como olvidar a
los Solistas del Terraza,
que amenizaban, en las
tardes sabatinas, tanto
en el Gran Hotel, como
en el Club Terraza. Este
conjunto se impuso, con
la ejecución al piano de
Manuel Mojica y las
voces de a exuberante
brasileira Saadia Silu,
en Corn Island Tropical
obra del Capitán G.N.
Edmundo Schumann,
Wichita, Adversidad y
Tenías que ser tu.
Igualmente destacaba
Adilia Méndez con Aunque
quiera olvidarte, Ya soy
tu prisionero y Mi
Poneloya, temas del
leonés y abogado, Dr.
Orlando Flores Ponce.
Figuraba en el
repertorio, el bolero
Luna callejera de Jorge
Isaac Carballo. Las
composiciones grabadas
por el barranquillero
César Andrade, de su
autor William Bendeck
Olivella, Luna de Miel
en Pochomil y Mi novia
granadina. La bellísima
canción Sinceridad de
Rafaél Gastón Pérez,
internacionalizada por
Lucho Gatica y Cuando
calienta el sol, que le
regaló a los Hermanos
Rigual. El bolero
romántico Miriam y
Quiéreme mucho de Victor
M. Leiva, interpretada
por Luis Méndez. De Tino
López Guerra, Tres
Flores para ti. La
canción Igual que ayer
de Manuel de Jesús
Lacayo. Luz y camino de
Róger Fischer. Del
prolífico Carlos Ramón
Bermúdez, Este gran amor.
De Noél Pallais Debayle,
Amarga vanidad. Del
granadino Polidecto
Correa Reyes, Anteojuda.
En la voz de Juan
Francisco Orlando Meza
Lira, el tango Falsaria,
letra de María Teresa
Vera.
Este
ramillete de boleros
románticos, muy propios
de la época, engalanaban,
alborotaban e inundaban
de romanticismo, los
salones de los Clubes
Sociales como el Club
Social de Managua, Club
Terraza, Club
Internacional, Victory
Club, Nejapa Country
Club, Cuesta Country
Club, el Copacana, el
Casino Olímpico, el
Casino La Playa y otros.
Estos locales, con
amplios salones, eran
abarrotados para la
época navideña,
presentando destacadas
orquestas, tanto
nacionales como
internacionales. Vale
mencionar la venida de
Los Churumbeles de
España, con su tenor
Juan Legido en El beso y
La zarzamora. Los
tamboritos panameños de
Lucho Azcárraga y la
famosa orquesta de
Dámaso Pérez Prado, para
solo mencionar algunas.
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