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       Año XXVI, Edición 429           Fundada el 1 de Mayo de 1986        16 páginas         Miami-Dade, FL, Enero,  2011
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 TUVO EN SUS MANOS EL PODER PARA GLORIFICAR EL DESTINO DE NICARAGUA... Y LO DESPERDICIÓ

El suicidio político de Arnoldo Alemán

La famosa foto Sonrisas del Pacto. 3 de Arnoldo y 3 de Ortega. Más la es-posa y la hija de Arnoldo. Ahora, tras el suicidio político de Arnoldo, los 3 de Arnoldo pertenecen a Ortega o están desempleados... y la calle está dura.
Por
Nicolás
López
Maltez

Director de
La Estrella
de Nicaragua
nicolas@estrelladeni-caragua.com

Quizas la principal causa del fracaso político de Arnoldo Alemán se encuentre en las entrañas de su personalidad posesiva y mesiánica.
En su íntimo fuero mental, nadie más puede tener la razón sino él mismo. Arnoldo considera sus decisiones como veredicto final inapelable, sin recapacitar ni considerar que esté cometiendo errores graves como los que evidentemente ha cometido.
Y cuando alguien razonablemente le ha hecho ver los embrollos en que se está metiendo, reacciona con virulencia vehemente y lanza al atrevido consejero el estigma de saboteador, desleal, traidor y lo declara su enemigo.
¿Qué pretendía con el famoso Pacto con Ortega?, pues lo mismo que todos los imprescindibles iluminados: seguir gobernando, nunca bajarse del poder, no importándole las manipulaciones politequeras en que incurriera.
Más que temor a los cargos de peculado, al terminar su período presidencial, le dio pánico dejar de mandar, pues los abundantes aduladores profesionales que medran alrededor del poderoso, estaban ya cambiando su lealtad gástrica hacia el entonces nominado para candidato Enrique Bolaños G. y otros hacia Ortega, de todos modos Arnoldo dejaría pronto la presidencia.
Como ciudadano, como liberal doctrinario que profesa la filosofía de la libertad integral del ser humano, que preferimos estar, como dijo José Martí: «Sin Patria, pero sin amo», no podemos aceptar someternos a remedos humanos de dioses de cuarta clase, brutos apenas alfabetizados en cartillas de derecho, o sin ninguna ilustración, que no procuran convencernos con razonamientos legítimos, sino que pretenden someternos para sus beneficios y quieren obligarnos a beber la cicuta de su estupidez, endulzadas con palabrerío de merolicos: «obras, no palabras», «puente y no pared» que en sus bocas suenan iguales a: «pasen, pasen, vean la mujer barbuda», típicas de los circos de trapo. Ni siquiera nos sometemos a dioses que las masas consideran reales, y si no nos postramos ante los dichos verdaderos, menos y nunca nos someteremos a los arnoldos ni los danieles, que son más falsos que un billete de $3.50.
Me permito restregarle en los sesos a Arnoldo, las advertencias que le hicimos en 1989, cuando vino a Miami y ya lo rodeaba un grupito de oportunistas, sólo porque Arnoldo estaba aspirando a la Alcaldía: --«Todos esos que te rodean, tienen expedientes criminales, y es legal pedir sus expedientes en la Corte de Miami».
La respuesta de Arnoldo fue lo más antiliberal, un estribillo de Firuliche: «Ellos son mis amigos, y mis amigos no tienen defectos», frase que podría haber sido acuñada por Mr. Alfonse Capone el día de San Valentín, Chicago 1929. Y pronunciamos la primera advertencia: «Por lo menos uno te va a vender».
Y no fue uno sino todos, hasta los de barba y los de sotana.
Arnoldo ganó la Alcaldía e hizo un buen trabajo, pero fue como táctica de croupier de ruleta: «Arnoldo cambió Managua, y como Presidente cambiará Nicaragua», palabras, palabras, palabras que sonaron bonitas, pero como en el cambiolín, engañosas; no obstante fueron total verdad: Arnoldo cambió Nicaragua... para peor, con el Pacto que hizo después. Aún así, ganó la presidencia derrotando a Daniel Ortega en buena ley.
Si le preguntan, dirá que ganó las elecciones con su solo y único esfuerzo, talento e inteligencia, el trabajo y apoyo de los demás no existió. Convicciones típicas de la ingratitud mesiánica.
Arnoldo subió a la butaca presidencial con la ayuda de miles de personas que le creyeron de buenos kilates y votó por él la gran mayoría de un pueblo, que además tenía miedo, horror y terror al retorno del sandinismo, porque tenía fresca en su memoria la barbarie de los años 80's.
Para aquellas elecciones Arnoldo era dueño de muchos. Tenía su propio Cardenal, creador de la parábola de la víbora. Tenía sus propios expertos en corrupción y saqueo del Estado, futuros ministros y magistrados.
La segunda advertencia: Habiendo ganado las elecciones de 1996, pero antes de tomar posesión en Enero de 1997, Arnoldo volvió a Miami como Presidente Electo con su tropa de ministros, y en una reunión con todos ellos, advertimos: «El liberalismo estuvo proscrito por 18 años, Arnoldo y ustedes tienen la obligación ineludible de hacer un gobierno honrado, progresista, que sea ejemplo de liberalismo... Si no lo hacen, ustedes estarán abriendo el portón para el retorno del sandinismo».
A los oídos sordos de quienes estaban preparándose para el asalto a manos llenas, la advertencia sonó como palabras necias y huecas.
Aplicando la mentalidad suspicaz de los nicaragüenses, podrían pensar hay resentimiento porque Arnoldo no nos incluyó en su gabinete. Al contrario, Arnoldo nos ofreció con insistencia un cargo ministerial y desde el primer momento lo rechazamos. Le argumentamos que no teníamos interés en renunciar a todas las posiciones conquistadas en el exilio a cambio de un cargo fugaz de cinco años.
Su hombre de más confianza, su «mano derecha», que estaba al lado, pronunció estas palabras clásicas del hampa política: «No seas pendejo, acordate de “los cáidos”».
«Los cáidos» son los tesoros que se pueden robar del presupuesto, que superan multiplicadamente y se suman al ya elevado sueldo ministerial, más los beneficios, más los usos y abusos de vehículos, celulares, tarjetas de crédito, viajes bien acompañados a donde haya lujos que disfrutar y comprar con el dinero de un pueblo ignorante y, por tanto, miserable, embrutecido, explotado, esclavizado y hasta bestializado.
Solamente atinamos a decir: «Dénme la fórmula para explicarle a mis hijos que su padre se hizo ladrón siendo parte de un gobierno que dice ser liberal».
El diálogo finalizó cuando me ladraron esta frase prosaica, pero pronunciada con sonora petulancia: «Te estás orinando fuera del huacal...»
Lo demás es historia negra. Arnoldo asumió la presidencia con grandes oropeles el 10 de Enero de 1997 y ahí mismo comenzó la danza de los millones. Al Contralor le declaró ingresos mensuales de $2,000 dólares. En Enero del 2000 ya era multimillonario, pero le quedaban 2 años para entregar el poder. Ese mismo mes concluyó las negociaciones del Pacto de Reforma Constitucional con Daniel Ortega. Tal reforma la necesitaba Arnoldo porque incluía convertirlo en Diputado y esto le daba protección de inmunidad contra juicios por peculado, enriquecimiento con dinero del Estado, corrupción y un largo etcétera.
En segundo lugar, ya como Diputado y con los votos de su bancada mayoritaria PLC, se haría nombrar Presidente de la Asamblea para continuar «gobernando desde abajo» y 5 años después su expediente quedaba limpio al caducar los delitos y el botín quedaba protegido y en sus manos.
Para reformar la Constitución y hacer triunfar su plan, necesitaba los votos de los Diputados del partido Sandinista que políticamente estaba en bancarrota. Con el Pacto Arnoldo le abrió el portón y resucitó al sandinismo, aumentó el número y se repartieron los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, del Consejo Supremo Electoral y de la Contraloría, recibiendo a cambio su Diputación regalada, que quedó firme en la reforma constitucional, gracias a la cual los sandinistas quedaron fortalecidos.
Así como Somoza puso de candidato a Leonardo Argüello en 1947, Arnoldo impuso en 2001 como candidato a Enrique Bolaños, de 73 años, que había sido su vicepresidente. Contrario a Argüello, que era un anciano enfermo, Bolaños gozaba de excelente salud y energía. Bolaños le ganó las elecciones a Daniel Ortega y asumió la presidencia en Enero de 2002.
Arnoldo entró triunfal a la Asamblea como Diputado y se hizo nombrar Presidente del Poder Legislativo. Pero sorpresivamente Bolaños le investigó sus delitos y para desaforarle pactó con Ortega, logrando reunir los 47 votos para la desaforación y Arnoldo perdió su diputación y fue enviado a la cárcel por los jueces sandinistas que el mismo Arnoldo le había regalado a Ortega en el Pacto. Para manipular a los Diputados del PLC, Ortega sacó de la prisión a Arnoldo y lo mandó primero a su hacienda El Chile y después los jueces de Ortega le dieron permiso de circular en todo Nicaragua. Si los Diputados del PLC no obedecían a Ortega, éste amenazaba con regresar a la cárcel a Arnoldo. Por eso siempre los Diputados PLC votaban a favor de Ortega junto con los sandinistas, como una sola camada.
En la reelección de Ortega el 6 de Noviembre, el ex-arnoldista Roberto Rivas, ahora orteguista extrafiel y gerente del Consejo Supremo Electoral, anunció que Ortega ganaba la presidencia y la Asamblea con 62 Diputados del FSLN. Con esto Ortega ya no necesita a Arnoldo para nada, pues con sus 62 legisladores Ortega puede hacer con la Constitución y las leyes lo que le convenga, por ejemplo: volver a reelegirse del 2017 al 2022.
¿Qué hizo Arnoldo, qué le pasó? Tuvo en sus manos el poder de hacer de Nicaragua un país próspero y modelo, su intelecto no sirvió para eso, en cambio Arnoldo se colocó a Ortega en su cabeza, puso el dedo en el gatillo y disparó. Un simple caso de suicidio
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