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TUVO EN SUS
MANOS EL PODER PARA GLORIFICAR EL DESTINO DE NICARAGUA... Y LO DESPERDICIÓ
El suicidio político de Arnoldo Alemán

La famosa foto Sonrisas del Pacto. 3 de Arnoldo y 3
de Ortega. Más la es-posa y la hija de Arnoldo. Ahora, tras el suicidio
político de Arnoldo, los 3 de Arnoldo pertenecen a Ortega o están
desempleados... y la calle está dura. |
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Por
Nicolás
López
Maltez
Director de
La Estrella
de Nicaragua
nicolas@estrelladeni-caragua.com |
Quizas la principal
causa del fracaso
político de Arnoldo
Alemán se encuentre en
las entrañas de su
personalidad posesiva y
mesiánica. En su
íntimo fuero mental,
nadie más puede tener la
razón sino él mismo.
Arnoldo considera sus
decisiones como
veredicto final
inapelable, sin
recapacitar ni
considerar que esté
cometiendo errores
graves como los que
evidentemente ha
cometido. Y cuando
alguien razonablemente
le ha hecho ver los
embrollos en que se está
metiendo, reacciona con
virulencia vehemente y
lanza al atrevido
consejero el estigma de
saboteador, desleal,
traidor y lo declara su
enemigo. ¿Qué
pretendía con el famoso
Pacto con Ortega?, pues
lo mismo que todos los
imprescindibles
iluminados: seguir
gobernando, nunca
bajarse del poder, no
importándole las
manipulaciones
politequeras en que
incurriera. Más que
temor a los cargos de
peculado, al terminar su
período presidencial, le
dio pánico dejar de
mandar, pues los
abundantes aduladores
profesionales que medran
alrededor del poderoso,
estaban ya cambiando su
lealtad gástrica hacia
el entonces nominado
para candidato Enrique
Bolaños G. y otros hacia
Ortega, de todos modos
Arnoldo dejaría pronto
la presidencia. Como
ciudadano, como liberal
doctrinario que profesa
la filosofía de la
libertad integral del
ser humano, que
preferimos estar, como
dijo José Martí: «Sin
Patria, pero sin amo»,
no podemos aceptar
someternos a remedos
humanos de dioses de
cuarta clase, brutos
apenas alfabetizados en
cartillas de derecho, o
sin ninguna ilustración,
que no procuran
convencernos con
razonamientos legítimos,
sino que pretenden
someternos para sus
beneficios y quieren
obligarnos a beber la
cicuta de su estupidez,
endulzadas con
palabrerío de merolicos:
«obras, no palabras», «puente
y no pared» que en sus
bocas suenan iguales a:
«pasen, pasen, vean la
mujer barbuda», típicas
de los circos de trapo.
Ni siquiera nos
sometemos a dioses que
las masas consideran
reales, y si no nos
postramos ante los
dichos verdaderos, menos
y nunca nos someteremos
a los arnoldos ni los
danieles, que son más
falsos que un billete de
$3.50. Me permito
restregarle en los sesos
a Arnoldo, las
advertencias que le
hicimos en 1989, cuando
vino a Miami y ya lo
rodeaba un grupito de
oportunistas, sólo
porque Arnoldo estaba
aspirando a la Alcaldía:
--«Todos esos que te
rodean, tienen
expedientes criminales,
y es legal pedir sus
expedientes en la Corte
de Miami». La
respuesta de Arnoldo fue
lo más antiliberal, un
estribillo de Firuliche:
«Ellos son mis amigos, y
mis amigos no tienen
defectos», frase que
podría haber sido
acuñada por Mr. Alfonse
Capone el día de San
Valentín, Chicago 1929.
Y pronunciamos la
primera advertencia: «Por
lo menos uno te va a
vender». Y no fue uno
sino todos, hasta los de
barba y los de sotana.
Arnoldo ganó la Alcaldía
e hizo un buen trabajo,
pero fue como táctica de
croupier de ruleta: «Arnoldo
cambió Managua, y como
Presidente cambiará
Nicaragua», palabras,
palabras, palabras que
sonaron bonitas, pero
como en el cambiolín,
engañosas; no obstante
fueron total verdad:
Arnoldo cambió
Nicaragua... para peor,
con el Pacto que hizo
después. Aún así, ganó
la presidencia
derrotando a Daniel
Ortega en buena ley.
Si le preguntan, dirá
que ganó las elecciones
con su solo y único
esfuerzo, talento e
inteligencia, el trabajo
y apoyo de los demás no
existió. Convicciones
típicas de la ingratitud
mesiánica. Arnoldo
subió a la butaca
presidencial con la
ayuda de miles de
personas que le creyeron
de buenos kilates y votó
por él la gran mayoría
de un pueblo, que además
tenía miedo, horror y
terror al retorno del
sandinismo, porque tenía
fresca en su memoria la
barbarie de los años
80's. Para aquellas
elecciones Arnoldo era
dueño de muchos. Tenía
su propio Cardenal,
creador de la parábola
de la víbora. Tenía sus
propios expertos en
corrupción y saqueo del
Estado, futuros
ministros y magistrados.
La segunda
advertencia: Habiendo
ganado las elecciones de
1996, pero antes de
tomar posesión en Enero
de 1997, Arnoldo volvió
a Miami como Presidente
Electo con su tropa de
ministros, y en una
reunión con todos ellos,
advertimos: «El
liberalismo estuvo
proscrito por 18 años,
Arnoldo y ustedes tienen
la obligación ineludible
de hacer un gobierno
honrado, progresista,
que sea ejemplo de
liberalismo... Si no lo
hacen, ustedes estarán
abriendo el portón para
el retorno del
sandinismo». A los
oídos sordos de quienes
estaban preparándose
para el asalto a manos
llenas, la advertencia
sonó como palabras
necias y huecas.
Aplicando la mentalidad
suspicaz de los
nicaragüenses, podrían
pensar hay resentimiento
porque Arnoldo no nos
incluyó en su gabinete.
Al contrario, Arnoldo
nos ofreció con
insistencia un cargo
ministerial y desde el
primer momento lo
rechazamos. Le
argumentamos que no
teníamos interés en
renunciar a todas las
posiciones conquistadas
en el exilio a cambio de
un cargo fugaz de cinco
años. Su hombre de
más confianza, su «mano
derecha», que estaba al
lado, pronunció estas
palabras clásicas del
hampa política: «No seas
pendejo, acordate de
“los cáidos”». «Los
cáidos» son los tesoros
que se pueden robar del
presupuesto, que superan
multiplicadamente y se
suman al ya elevado
sueldo ministerial, más
los beneficios, más los
usos y abusos de
vehículos, celulares,
tarjetas de crédito,
viajes bien acompañados
a donde haya lujos que
disfrutar y comprar con
el dinero de un pueblo
ignorante y, por tanto,
miserable, embrutecido,
explotado, esclavizado y
hasta bestializado.
Solamente atinamos a
decir: «Dénme la fórmula
para explicarle a mis
hijos que su padre se
hizo ladrón siendo parte
de un gobierno que dice
ser liberal». El
diálogo finalizó cuando
me ladraron esta frase
prosaica, pero
pronunciada con sonora
petulancia: «Te estás
orinando fuera del
huacal...» Lo demás
es historia negra.
Arnoldo asumió la
presidencia con grandes
oropeles el 10 de Enero
de 1997 y ahí mismo
comenzó la danza de los
millones. Al Contralor
le declaró ingresos
mensuales de $2,000
dólares. En Enero del
2000 ya era
multimillonario, pero le
quedaban 2 años para
entregar el poder. Ese
mismo mes concluyó las
negociaciones del Pacto
de Reforma
Constitucional con
Daniel Ortega. Tal
reforma la necesitaba
Arnoldo porque incluía
convertirlo en Diputado
y esto le daba
protección de inmunidad
contra juicios por
peculado,
enriquecimiento con
dinero del Estado,
corrupción y un largo
etcétera. En segundo
lugar, ya como Diputado
y con los votos de su
bancada mayoritaria PLC,
se haría nombrar
Presidente de la
Asamblea para continuar
«gobernando desde abajo»
y 5 años después su
expediente quedaba
limpio al caducar los
delitos y el botín
quedaba protegido y en
sus manos. Para
reformar la Constitución
y hacer triunfar su
plan, necesitaba los
votos de los Diputados
del partido Sandinista
que políticamente estaba
en bancarrota. Con el
Pacto Arnoldo le abrió
el portón y resucitó al
sandinismo, aumentó el
número y se repartieron
los Magistrados de la
Corte Suprema de
Justicia, del Consejo
Supremo Electoral y de
la Contraloría,
recibiendo a cambio su
Diputación regalada, que
quedó firme en la
reforma constitucional,
gracias a la cual los
sandinistas quedaron
fortalecidos. Así
como Somoza puso de
candidato a Leonardo
Argüello en 1947,
Arnoldo impuso en 2001
como candidato a Enrique
Bolaños, de 73 años, que
había sido su
vicepresidente.
Contrario a Argüello,
que era un anciano
enfermo, Bolaños gozaba
de excelente salud y
energía. Bolaños le ganó
las elecciones a Daniel
Ortega y asumió la
presidencia en Enero de
2002. Arnoldo entró
triunfal a la Asamblea
como Diputado y se hizo
nombrar Presidente del
Poder Legislativo. Pero
sorpresivamente Bolaños
le investigó sus delitos
y para desaforarle pactó
con Ortega, logrando
reunir los 47 votos para
la desaforación y
Arnoldo perdió su
diputación y fue enviado
a la cárcel por los
jueces sandinistas que
el mismo Arnoldo le
había regalado a Ortega
en el Pacto. Para
manipular a los
Diputados del PLC,
Ortega sacó de la
prisión a Arnoldo y lo
mandó primero a su
hacienda El Chile y
después los jueces de
Ortega le dieron permiso
de circular en todo
Nicaragua. Si los
Diputados del PLC no
obedecían a Ortega, éste
amenazaba con regresar a
la cárcel a Arnoldo. Por
eso siempre los
Diputados PLC votaban a
favor de Ortega junto
con los sandinistas,
como una sola camada.
En la reelección de
Ortega el 6 de Noviembre,
el ex-arnoldista Roberto
Rivas, ahora orteguista
extrafiel y gerente del
Consejo Supremo
Electoral, anunció que
Ortega ganaba la
presidencia y la
Asamblea con 62
Diputados del FSLN. Con
esto Ortega ya no
necesita a Arnoldo para
nada, pues con sus 62
legisladores Ortega
puede hacer con la
Constitución y las leyes
lo que le convenga, por
ejemplo: volver a
reelegirse del 2017 al
2022. ¿Qué hizo
Arnoldo, qué le pasó?
Tuvo en sus manos el
poder de hacer de
Nicaragua un país
próspero y modelo, su
intelecto no sirvió para
eso, en cambio Arnoldo
se colocó a Ortega en su
cabeza, puso el dedo en
el gatillo y disparó. Un
simple caso de suicidio.
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