
Rubén Darío
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1878
«De mí sé decir que a los diez años ya componía versos, y que no cometí nunca una sola falta de ritmo». «Del centro de uno de los arcos, de la esquina de mi casa,
pendía una granada dorada. Cuando pasaba la procesión del Señor del Triunfo, el Domingo de Ramos, la granada se abría y caía una lluvia de versos. Yo era el autor de ellos. No he podido recordar ninguno... pero sí sé que eran versos, versos brotados instintivamente. Yo nunca aprendí a hacer versos. Ello fue en mi orgánico, natural, nacido».
(Autobiografía).
1879
En enero compone el soneto «La fe» que es su primer pieza conocida y comienza a establecer sus primeros contactos intelectuales.
«León tiene un núcleo de intelectuales, poetas algunos,
periodistas, jurisconsultos, literatos todos... Mariano Barreto ahonda
mucho en el sabor idiomático; Román y José María Mayorga Rivas, Cesáreo Salinas, Manuel Cano y Félix Medina son poetas; Felipe Ibarra, Samuel Meza, Tomás Ayón y su hijo Alfonso, Jesús Hernández Somoza, son jurisconsultos y publicistas;
Ricardo Contreras, mexicano, ejerce la docencia y la crítica literaria; Modesto Barrios es periodista y
orador. Todos estimulan a Rubén celebrando sus composiciones, solicitando su colaboración para diversos actos académicos y
facilitándole obras literarias que lee con delectación».
«Esos escritores profesan el liberalismo ideológico; son lectores de Juan Jacobo Rousseaux, y de Montesquieu, de Tácito, de Plutarco». (Edelberto Torres: La dramática vida de Rubén Darío).
1880
«Ya iba a cumplir mis trece años y habían aparecido mis primeros
versos en un diario titulado El Termómetro, que publicaba en la ciudad de
Rivas el historiador y hombre político José Dolores Gámez». (Autobiografía).
Entre enero y septiembre escribe «Naturaleza», «Al mar», «A Víctor Hugo», «Clases», «Una lágrima», «Desengaño», «A...», «El poeta» y «A tí».
Publica asimismo en la revista El Ensayo de León y firma con su anagrama Bruno Erdía y
Bernardo I. U. «Otros veros míos se publicaron y se me llamó en mi república y en las cuatro de Centroamérica, “El poeta niño”.. (Autobiografía).
1881
El 10 de julio Rubén Darío data la portada manuscrita del tomo I de su primera obra,
«Poesías y artículos en prosa», que quedó sin imprimir; sólo póstumamente la
Universidad de Nicaragua hizo una edición facsimilaria con motivo del cincuentenario de la muerte del
poeta.
Del tomo II, que hace su-poner Darío en la portada, y que debía contener los
«artículos en prosa», se desconoce el paradero.
En el periódioco político La Verdad de León escribe artículos de combate que redactaba a la
manera de Juan Montalvo, contra el gobierno (del Presidente Joaquín Zavala Solís). En diciembre su fama lo lleva a Managua, buscando
ayuda oficial, contando con la protección de los liberales.
1882
Da lectura el 24 de enero de 1882 a su poema en cien décimas “El Libro” en una fiesta del palacio del Ejecutivo y ante el presidente de la República Joaquín Zavala Solís:
«Extraje de mi bolsillo una larga serie de décimas, todas ellas rojas de radicalismo antirreligioso,
detonantes, posiblemente ateas y que causaron un efecto de todos los
diablos.» (Autobiografia).
El Gobierno de Nicaragua asume el 30 de enero de 1882 los gastos de la instrucción del poeta en un Colegio de Granada.
Darío no acepta la protección estatal y en agosto sus amigos lo embarcan hacia El Salvador, con el fin de disuadirlo de su matrimonio con Rosario Murillo, la
“garza morena”.
En este país se reencuentra con su paisano el poeta Román Ma-yorga Rivas y escriben conjunta-mente un poema el 15 de octubre de 1882.
1883
En la velada con la que se conmemora el Primer Centenario del nacimiento de Simón Bolívar el 24 de julio de 1883 en San Salvador, lee su poema al Libertador Bolívar, que se editara en la Imprenta de la Ilustración.
Es maestro de gramática en liceos salvadoreños. Estudia ocultismo y practica magnetismo y
«anduve a la diabla con mis amigos bohemios».
Conoce a Francisco Gavidia, quien se encuentra adaptando las nuevas formas del alejandrino francés y es documentado
conocedor de la poesía de Hugo.
Regresa a Nicaragua, reanuda sus amoríos con la “garza morena” y por diciembre se encuentra trabajando en un establecimiento comercial de Granada. Escribe
“Alegorías”. Edita «A la Unión Centroamericana» (León, Tipografía de Jesús Hernández Somoza).
1884
Desempeña un puesto en la secretaría privada de la Presidencia de Nicaragua durante el período del Dr. Adán Cárdenas y trabaja en la Biblioteca Nacional que dirige el poeta Antonino Aragón. Miembro de la comitiva que asiste al
encuentro el 13 de agosto de 1884 de los presidentes de Nicaragua y El
Salvador, que se verifica en San Juan del Sur y Corinto.
Intensas lecturas en la Biblioteca Nacional (la Biblioteca de Autores Españoles, de la
colección Rivadeneyra). Colabora en el Diario de Nicaragua, El Ferrocarril y sobre todo en El Porvenir de Nica-ragua. Escribe los poemas
“Epístola a Juan Montalvo” y “Epístola a Ricardo
Contreras”, este último en respuesta a los dos artículos críticos que pulicara Contreras sobre
“La ley escrita de Rubén Darío” en El Diario Nicaragüense el 16 y 22 de octubre de 1884.
1885
Continúa su tarea en la Biblioteca Nacional y según la leyenda aprende de memoria el Diccionario de la Real Academia. Ante las
pretensiones unionista el presidente de Guatemala Gral. Justo Rufino
Barrios, el gobierno conservador nicaragüense se opone y Darío
contribuye con poemas patrióticos y un “Himno de guerra”.
Escribe poemas y cuentos, entre ellos “Víctor Hugo y la tumba” con motivo de la muerte del maestro francés el 21 de mayo de 1885,
“A las orillas del Rhin”, “Las albondigas del coronel”. Entrega a los talleres de la Tipografía Nacional su libro “Epístolas y
poemas”, que no se publicará hasta 1888 con el título de «Primeras
notas».
1886
En enero aparace El Imparcial de Managua, bajo la dirección de Darío, Pedro Ortiz y Eugenio López.
«A causa de la mayor desilusión que pueda sentir un hombre enamorado, resolví salir de mi país» (Autobiografía).
El general y poeta salvadoreño Juan Cañas que había sido diplomático en Chile, lo decide:
«Vete a Chile. Es el país donde debes ir. Vete a nado,aunque te ahogues en el camino».
Embarca en Corinto el 5 de mayo en el Uarda y arriba a Val-paraiso el 24 de junio de 1886 y en colaboración con Eduardo Poirier («fue entonces, después y siempre, como un hermano mío») escribe la novela Emelina para el certamen de La Unión de Valparaíso. Se traslada a Santiago y se incorpora a la
redacción de La Epoca (dir.: Eduardo MacClure) donde conoce a la élite intelectual santiaguina (Luis Orrego Luco, Manuel Rodríguez
Mendoza, Narciso Tondreau, etc.) y hace amistad con Pedro Balmaceda Toro, hijo del presidente, el 10 de diciembre 1886.
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