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       Año XVI, Edición 404           Fundada el 1 de Mayo de 1986        12 páginas         Miami-Dade, FL, Noviembre,  2009
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La matriz constitucional y
la madre de la dictadura:
Habiendo tomado la decisión de reelegirse a cualquier costo, ante la imposibilidad de...
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La Dictadura:  Las dictaduras en el mundo, no nacen, se hacen. Una persona al que se le llama dictador, NUNCA pudo hacerlo solo. Para ello... Continuar Confesión Pública y Voluntaria: La guerra está en las calles y las calles parece que tienen dueño, aunque sean vías públicas con libre acceso al pueblo...Continuar


 

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Por:
Edgardo Jimenez López
edgardo_0514@hotmail.com

     La Dictadura

 

Las dictaduras en el mundo, no nacen, se hacen. Una persona al que se le llama dictador, NUNCA pudo hacerlo solo. Para ello, necesita de bases.
Para buscar esas bases, un grupo de personajes ambiciosas, se conforman, para engañar a los tontos, que los sigan en sus aventuras políticas. Claro esta, que los que rodean al futuro dictador, van a ganar mil veces mas que los tontos engañados, además de tener mando y abusar del poder cuando lo crean convenientes.

En Nicaragua, Daniel Ortega tiene una pacotilla de ambiciosos a su alrededor, que son los que en verdad mandan, incluyendo a su es-posa, son ellos los que quieren que el señor Ortega sea dictador para estar gozando del poder todo el tiempo que dure. Este es solo es el monigote que cree que manda, pero que lo utilizan para sus propios intereses. El dice lo que le dicen y hace lo que le ordenan. Para eso se busca a la persona menos intelectual, como Ortega, pero con carisma político que ellos mismos se lo han creado para la formación de la dictadura que tanto les interesa. Así sucedió con Somoza y ya ven como termino.
Veamos la realidad. Es el señor Ortega un profesional?!! No. Es el señor Ortega un orador de palabras fluidas y convincentes? No. Es el señor Ortega una persona que destile una personalidad? No. Entonces? Por que este es el presidente de Nicaragua? Por que hay un grupo de ambiciosos e inteligentes, que maneja los hilos para el sea en nuevo dictador del país.
Recuerden que hay que luchar, no contra Ortega, sino, contra esta plaga de mal nacidos que son los que llevaran a Nicaragua. A la ruina. Los tontos útiles siempre habrán. Estos son como las gallinas que con granitos que les tiran sus amos, se conforman, y después nos darán la carne para que nos alimentemos.



Confesión Pública y Voluntaria.


 Jorge J.
Cuadra
macondoc@cablenet.com.ni
  La guerra está en las calles y las calles parece que tienen dueño, aunque sean vías públicas con libre acceso al pueblo.
La lucha entre el gobierno y las fuerzas opositoras está planteada y tiene como escenario principal las calles de la capital del país y las de los principales municipios de Nicaragua, los mismos que se insurreccionaron en Septiembre de 1978 por las mismas causas que a-hora: la lucha contra la dictadura, de cuarenta años aquella y en pleno desarrollo esta.
La sociedad civil organiza marchas pacíficas y las hordas enmorteradas al mando del diputado Porras, se lanzan contra ellas sembrando el caos y el miedo. Pero todo cambia, como dice la famosa canción de Mercedes Sosa, recientemente fallecida, y los marchantes pacíficos se tornan poco a poco en marchistas armados de morteros y resueltos a devolver la agresión con agresión, el morterazo con morterazo y la pedrada con pedrada. Pero hay algo que hace que los marchistas por la democracia sean más auténticos que las fuerzas agresoras, es la presencia física de sus principales dirigentes y me refiero en especial al diputado Eduardo Montealegre, líder del MVE, al que vimos al frente de sus partidarios en una rotonda de Managua en la marcha del aniversario del fraude electoral. ¿Acaso vemos en las agresiones de los CPC a sus principales dirigentes? y no me refiero al diputado terrorista Gustavo Porras, porque ese es una simple pieza del ajedrez político del Presidente Ortega y de la primera dama. Me refiero al diputado Castro Rivera, me refiero al diputado Figueroa, me refiero al diputado farandulero, Wálmaro. Esos ordenan y se quedan en sus cuevas sin exponerse a una posible agresión.
El liderazgo de los liberales está siendo disputado entre Eduardo Montealegre, de larga participación en la política opositora y exitoso candidato presidencial que conquistó con su caudal electoral el segundo lugar en las últimas elecciones presidenciales y el ex presidente Arnoldo Alemán, acusado de corrupción y recientemente sobreseído, gracias a las artimañas que le brinda el pacto con Daniel Ortega. Sin embargo, esa disputa ya debe de pertenecer al pasado porque la presencia en las calles disputadas de Eduardo Montealegre, así lo indica. Y aquí viene lo mejor por si alguien pone en duda esa realidad. Desde hace un tiempo un conocido comentarista de la televisión, en su propio programa, nos viene preguntando que si alguna vez miramos a los miembros del PLC en las marchas pacíficas atacadas por los CPC y naturalmente la respuesta es no, porque el PLC nunca marcha. Dicen que apoyan, pero se quedan en sus casas en ineludible cumplimiento a las reglas no establecidas del pacto Ortega-Alemán.
Acumulando esas realidades de ambos líderes liberales y agregando las declaraciones con sabor a final del contendiente Alemán, se puede decir sin la menor sombra de duda, que las fuerzas democráticas, representadas por el liberalismo, ya tienen un solo dirigente, Eduardo Montealegre, porque públicamente y de su espontánea voluntad el Dr. Alemán así lo proclamó al decir ante la prensa nacional, “que él apoya la unidad de los liberales y la lucha contra la dictadura, pero no va a las calles porque ya está Eduardo y si está Eduardo, está el liberalismo entero.” Más claro ni el agua. Alemán confiesa su cobardía y su pacto eterno con el orteguismo y le cede el liderazgo de la oposición a su contendiente.
¿Quién puede detener ahora a Montealegre en su camino al liderazgo único del liberalismo y de las fuerzas democráticas? Lo que suele decir Eduardo Montealegre con respecto a que no es tiempo de liderazgos sino de unión, no es valedero porque para unirse se necesita un líder alrededor del cual aglutinarse para hacer la lucha. No se está hablando de candidaturas, sino de liderazgo para luchar unidos, y sin una cabeza a la cual seguir, no se puede aglutinar un pueblo decidido a dar la batalla por la democracia.
Arnoldo Alemán fue víctima de sus mentiras, las que quedaron a flor de piel cuando le preguntaron que si él iba a ir a las calles a marchar por la democracia. Descaradamente, como siempre suele ser, confesó sin rubor en su cara, que él apoyaba la lucha, pero no salía a las calles porque…..y aquí viene el traspaso de poder, la rendición final, la entrega incondicional del liberalismo ……”porque allí está Eduardo y si está Eduardo, están todos los liberales.”
El camino está despejado. El Dr. Alemán se encargó de hacerlo y si había duda en quien debe ser el líder en esta lucha a favor de la democracia, se despejó con las declaraciones del caudillo de El Chile: EDUARDO MONTEALEGRE.


La matriz constitucional y la madre de la dictadura.


 Por:
Dr. Julio Icaza Gallard
dgardo_0514@hotmail.com
  Habiendo tomado la decisión de reelegirse a cualquier costo, ante la imposibilidad de obtener los votos necesarios para reformar parcialmente la Constitución, era claro que el presidente Ortega recurriría al Poder Judicial para tratar de eliminar los obstáculos a su perpetuación. Tras el rechazo al proyecto de reforma a la Ley Orgánica, sus operadores políticos en la Corte Suprema empezaron a maquinar la forma de declarar inconstitucionales las reformas de 1995, que introdujeron el doble candado de la no reelección sucesiva y por más de dos períodos. Lo inesperado fue la manera tan atropellada y burda en que actuaron sus magistrados, el remedo de sentencia que ha pasado a ocupar un lugar destacado en la historia universal de la infamia jurídica.

Inesperada fue también la precipitación de la maniobra, algo que los analistas políticos han atribuido a los conflictos intestinos despertados por la incertidumbre de la sucesión entre los seguidores de Ortega, en los que amagaban las armas. A ese factor es necesario añadir otros dos, no menos importantes: la presión de Hugo Chávez, por la pérdida de Honduras y la necesidad de garantizar un enclave para su proyecto “bolivariano” en Centroamérica, y la falta de certeza respecto de la futura composición del Consejo Supremo Electoral, hoy bajo control absoluto, pero con los días contados hasta marzo del próximo año. Este último factor lo confirma la velocidad con que Roberto Rivas y el resto de miembros de ese Poder del Estado se apresuraron a extender el certificado que habilita a Ortega para ser candidato en las próximas elecciones presidenciales. Además, Ortega siempre ha buscado como telón de fondo de las crisis por él genera-das el horizonte de las fiestas navideñas, apostando a la apatía y el olvido ciudadanos.

Construida sobre un conjunto de supuestas antinomias o falsas contradicciones en la ley, el remedo de sentencia es expresión de una ideología jurídica totalitaria, que busca hacer del Poder Judicial el pi-lar fundamental de la nueva dictadura. Primera contradicción: la falsa oposición entre soberanía popular y no reelección. Segunda: entre principio de igualdad ciudadana incondicional, consagrada como un derecho humano, y limitaciones al sufragio pasivo. Tercera: entre Constituyente originario y Constituyente derivado. Cuarta y última contradicción, en la que aparentemente se resumen todas: entre “matriz” y resto de la Constitución.

Ninguna de estas antinomias existe en nuestro sistema jurídico, desde el momento en que el constituyente originario de 1987 renun-ciara a establecer diferencias sustantivas entre reforma total y refor-ma parcial y, en correspondencia, la Ley de Amparo dispusiera con claridad meridiana que “no procede el recurso de inconstitucionali-dad contra la Constitución y sus reformas”. En un claro abuso de po-der, los seis magistrados se han arrogado la facultad de determinar la “constitucionalidad” de cualquier reforma parcial, pasada o futura. Buscan de esta manera retroceder, en lo que les interesa, a la Consti-tución de 1987, un traje de corte absolutista hecho a la medida del en-tonces también presidente Ortega, cuyo genio y figura parecen no al-terarse con el paso del tiempo y cuya incapacidad para gobernar con apego al Estado de Derecho parece, en cambio, agigantarse.

La apoteosis antinómica se produce, finalmente, con la supuesta oposición entre preámbulo y parte dogmática, por un lado, y el resto de la Constitución, por el otro. De acuerdo a los magistrados firmantes existe una “matriz” constitucional, “vientre de los derechos ordinarios y extraordinarios”; que encierra “la Soberanía como Principio Supremo de la Nación” y una serie de valores pétreos e inderogables, representativos de la voluntad y memoria de los héroes y mártires, que no pueden ser limitados por ninguna norma ni contradichos por ningún otro precepto constitucional. Corresponde de manera exclusiva, por supuesto, a los sumos sacerdotes magistrados, la interpretación del contenido y aplicación de esa “matriz” o “vientre”; el arcano poder de anular cualquier parte de la Constitución que parezca contradecirla. La “matriz” se constituye, en otras palabras, en la “madre” de la Constitución y en la “madre”, a su vez, de todas las violaciones constitucionales. Es decir, en la “madre” de la dictadura. Al final del mamotreto jurídico todo el Derecho queda reducido a instrumento maleable, subordinado por entero a la voluntad del poder.

Frente a una institucionalidad pervertida y corrupta, las vías legales parecieran no servir sino para el expediente y la memoria histórica. Sin perjuicio de la efectividad final de otras iniciativas, sólo la movilización ciudadana frente al abuso de poder hará retroceder la estrategia militar del régimen de Ortega. El momento decisivo está aún por venir, cuando la Asamblea Nacional elija a los nuevos magistrados del Poder Electoral. Sobre los hombros de los actuales diputados, que se dicen demócratas, y de los ciudadanos que ellos elijan, caerá la responsabilidad de decidir el valor que pueda tener una sentencia notoriamente ilegal, no sólo por los graves vicios de forma y por la incompetencia de quienes la firmaron, sino también por los peligrosos sofismas en que pretende fundamentarse. A ellos tocará decidir qué valor puede tener un certificado emitido por unos magistrados electorales venales, responsables del fraude electoral mejor documentado de la historia de Nicaragua. A ellos, y a una ciudadanía capaz de exigir en las calles respeto a la Constitución y las leyes, firmemente decidida a no dejarse arrebatar la libertad.

El autor es jurista y catedrático universitario
Miembro del Comité Ejecutivo del MpN
 

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