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       Año XVI, Edición 413           Fundada el 1 de Mayo de 1986        12 páginas         Miami-Dade, FL, Septiembre,  2010
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Los Verdaderos elegidos de Dios:
No es el pueblo judío como estamos acostumbrados a oír. Y eso es fácil de comprender porque desde los comienzos del tiempo ese pueblo ha venido contrariando la voluntad de Dios... Continuar
Como gobiernan algunos el mundo de este Milenio:
La corrupción de muchos gobiernos de esta época es tan intensa, extensa y profunda, que los políticos.
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Por:
Jorge J.
Cuadra
Email:
macondoc@cablenet.com.ni
Especial para
La Estrella de Nicaragua

Los Verdaderos elegidos de Dios
 

 

 

No es el pueblo judío como estamos acostumbrados a oír. Y eso es fácil de comprender porque desde los comienzos del tiempo ese pueblo ha venido contrariando la voluntad de Dios, pese a las bondades que tan frecuentemente les concedía. Se encontraban viviendo en esclavitud y bajo la conducción de Moisés lograron liberarse de esa ignominia. Moisés hasta dividió el mar en dos para que el pueblo hebreo pudiera escapar del asedio del faraón, pero ni ese prodigio respetaron y en la primera oportunidad que se les presentó, se volvieron idólatras y adoraron al becerro de oro. Por ese pecado se tardaron cuarenta años en entrar a la tierra prometida, para que desapareciera hasta el último idólatra.

Pero el pueblo de Israel no aprendió la lección y siguieron ofendiendo a Dios con sus pecados y abominaciones. Así nos encontramos con el asesino y adúltero David, el rey de mayor gloria de la nación hebrea, que se enamoró de la mujer ajena, Betsabé, la esposa de Urías, general del ejército del rey David, a quien mandó a la primera línea de combate para que encontrara la muerte y así despejar el camino para quedarse con su esposa. Salomón, el más sabio de los reyes de Israel, si bien no es el hijo del adulterio, lo es del asesinato y sin embargo Dios lo dotó de una gran sabiduría y de un criterio justo. Pero bastó que llegara a Israel la reyna de Saba, para que Salomón perdiera la cabeza por ella y renegara de su Dios, para seguirla a los confines del mundo.
La inconsistencia del pueblo elegido por Dios llega al extremo cuando este se encarna y se hace hombre para la redención de todos nuestros pecados, pero ¿quiénes crucifican a Jesucristo? El pueblo judío a través del Sanedrín compuesto por sacerdotes fariseos. Ellos, no el Imperio Romano, son los que condenaron a Jesucristo a muerte. Poncio Pilatos solo hizo lo que los judíos por hipocresía no se atrevieron a hacer.

El tiempo siguió corriendo y los judíos fueron expulsados, escarnecidos y maltratados por un sin número de naciones. El templo construido por el rey Salomón, fue demolido por las tropas imperiales y muchos israelitas fueron pasados a cuchillo El judío llegó a ser el símbolo del avaro, del usurero, del racista y era el blanco de todas las burlas e injusticias que la mente humana puede inventar, hasta que desembocaron en el Holocausto nazi, en el cual fueron exterminados seis millones de ellos.

Después de semejante barbarie, nace el israelita que hoy conocemos, el que ya no es el cordero manso al que despojan, sino el león feroz que despoja.
¿Pero entonces quienes son los verdaderos elegidos de Dios?
El sacramento del matrimonio tiene como fin la procreación. Eso significa tener hijos, formar una familia, gozar de un hogar. Cuando nuestros hijos vienen al mundo todo es alegría. Los padres lloran de emoción y todo es felicidad, pero cuando el jolgorio termina, el silencio se apodera del ambiente. Ese silencio por lo general lo ocupamos en construirle el futuro a nuestro querido hijo, o a nuestra querida hija, sin embargo, no caemos en la cuenta que desde ese día y hasta el día de nuestra muerte, jamás volveremos a dormir tranquilos. El primer hijo es el sello irrompible de la alianza perpetua de los padres hacia los hijos.
Al comienzo todo es felicidad. Los contratiempos que nuestros hijos nos causan son sencillos, hasta que se presenta una enfermedad grave y conocemos por primera vez el significado de la angustia.

Siempre he pensado que los diez años debería ser la edad tope del crecimiento de los hijos, pero el tiempo sigue hasta que llega la adolescencia, que es cuando empezamos a perder el control y la autoridad. En la juventud nos retan y en la primera edad adulta nos derrotan y entonces empezamos a sentir el sabor amargo de la incertidumbre y el peso del temor. Los jóvenes no escuchan, creen que son inmortales y se llenan de una invulnerabilidad que no tienen y el pago son los accidentes mortales, las peleas con saldo rojo y la tragedia que nos viste de luto. Ellos, nuestros hijos, retando al mundo en las calles salvajes de las ciudades y nosotros consumiéndonos de miedo en la penumbra de la noche, en un duermevela que termina hasta que escuchamos que nuestro hijo regresó a casa sano y salvo.

Los padres que no padecen de esos tormentos espirituales, a los que sus hijos no les dan problemas porque todos ellos tienen sus vidas arregladas y sus hogares en paz y que no te envejecen y hasta te matan prematuramente producto de la angustia y del miedo, son los verdaderos elegidos de Dios, porque volcó en su prole las bendiciones de la paz, de la cordura y de la responsabilidad.

Que terrible es ser padre preocupado porque estás condenado a la perpetua angustia que te produce la falta de control que se tiene sobre los hijos que van de problema en problema, rodeándose de una espesa neblina que no permite ver claro el futuro que les espera.

De allí surge la pregunta existencial que aparentemente no tiene respuesta: ¿Valdrá la pena tener hijos sabiendo que no podemos evitar el destino inexorable que Dios ya les tiene trazado?
Piénsenla bien los que aun no los tienen, porque lo que les espera es una soledad tranquila, o una compañía angustiante.
 



Como gobiernan algunos el mundo de este Milenio



Por:
Ramón Maldonado
García
r_maldonadog@yahoo.com
  Desde el comienzo de la humanidad, en el planeta Tierra se vino estableciendo un sistema que regía el destino de personas constituidas en tribus, clanes, comunidad, municipios, ciudades, departamentos, países, continentes, etc.

En cada lugar uno o varios individuos establecieron sus reglas, sistemas y métodos para dirigir y controlar al resto de habitantes de una comunidad, ciudad o país.

Con el tiempo se constituyeron los llamados gobiernos que basaban su autoridad en principios que establecían respeto, orden, pluralismo, libertad de movimiento, culto y trabajo.

Con el transcurso de los siglos, estas sociedades se fueron corrompiendo y aparecieron los gobiernos autoritarios, totalitarios, pasando por monarquías, parlamentarismo, presidencialismo, etc, hasta llegar a los sistemas basados en doctrinas socialistas, comunistas, social cristiana, etc.

Hoy, en el Tercer Milenio, grandes naciones viven bajo gobiernos dictatoriales basados en ideologías y políticas extremistas que únicamente llevan beneficio a las cúpulas y gabinetes de gobierno que apoyan todas las expresiones de corrupción como el amiguismo, tráfico de influencias, nepotismo, chantaje, mentira, hipocresía, irrespeto y violación de las leyes y Constitución de la república.

La corrupción de muchos gobiernos de esta época es tan intensa, extensa y profunda, que los políticos, dirigentes de partidos e instituciones de gobierno, han perdido la moral, la vergüenza, y han cambiado el civismo por el cinismo, la libertad de expresión por la censura, el respeto al voto por el fraude descarado, la tolerancia por la violencia física y psicológica, el saber servir por el servilismo, la honradez por el robo, soborno, y compra de conciencias, la verdad por la falsedad, la democracia por la dictadura, extremismo y totalitarismo.
Así van gobernando un porcentaje importante de presidentes dictadores en muchas partes del mundo.
Este mundo no debe seguir siendo gobernado por individuos que promueven y apoyan el narcotráfico, tráfico de indocumentados, narcoterrorismo, desestabilización a otros gobiernos de corte democrático que respetan el estado de derecho.

Los extremistas agreden a estos gobiernos con la trillada consigna de que son derechistas neoliberales que se apoyan en el capitalismo salvaje. Algo que no se ajusta a la realidad, ya que critican al capital y persiguen frenéticamente a los dólares y euros.

Son contradictorios en sus expresiones: hablan de libertad y reprimen a sus pueblos, dicen defender a los pobres y los explotan y empobrecen mas, critican a los ricos y viven mejor que ellos, hablan de democracia y son dictadores, hablan de paz y promueven la guerra.
Estos son los que gobiernan parte del mundo, y otros pretenden hacerlo en el sentido contrario a las manecillas del reloj, es decir, girando hacia la izquierda en contra de los principios básicos de la democracia.
Para concluir, es necesario dejar bien establecido el concepto democracia y poder popular.
Muchos han entendido que poder popular es someter a un pueblo mediante la explotación laboral, racionamiento alimentario, restricción a la libertad de cultos, limitación a la libre movilización y férrea censura de prensa. Muchos grandes hombres, en frases célebres han definido el concepto democracia de diferente forma. Decía el maestro italiano Norberto Bobbio:

“La democracia, tal como la tenemos hoy, es una consecuencia, o por lo menos, una prolongación del liberalismo; pero la práctica democrática lleva generalmente a una forma de Estado nada mínimo en el sentido del ideal del liberalismo clásico”.

Aunque es bueno decir que los regímenes democráticos, con mucha más intensidad que los regímenes autoritarios, sufren de un crecimiento desproporcionado del número de demandas que provienen de la sociedad civil hacia el sistema político y la incapacidad de este de brindar respuestas.

Pero también es menester mencionar que los procedimientos del sistema democrático para tomar decisiones colectivas, que deberían dar respuesta a las demandas de la sociedad civil, son tales que frenan y muchas veces hacen inútiles las respuestas, debido a la cantidad de intereses en juego que promueven el reto a cualquier iniciativa.
Pero volviendo a las frases que el maestro Norberto Bobbio, escribió sobre el tema que le apasionaba, dijo: “Mientras la democracia hace la demanda fácil y la respuesta difícil, la autocracia hace que la demanda sea difícil y la respuesta fácil”. De manera que puede decirse que en los gobiernos democráticos el papel del gobierno es resolver los conflictos sociales para hacer posible la convivencia pacífica.
No hay que perder las esperanzas de que los nuevos gobernantes que asuman su responsabilidad en las próximas horas, días, meses y años, entiendan bien que la corrupción ha penetrado en todas sus formas en muchas instituciones de gobierno, privadas, religiosas y de cualquier índole, en muchas partes del mundo, y esto está llevando al mundo y gran parte de la sociedad al despeñadero.
Los nuevos gobernantes deben reflexionar, meditar, analizar con sumo cuidado a los que van a seleccionar como asesores y funcionarios de su gabinete, directores de entes gubernamentales, diplomáticos, representes en las organizaciones y foros internacionales como ONU, OEA y otros organismos donde se discuten temas políticos, económicos, etc.

De no ocurrir esto la sociedad y el mundo entero, estará a merced de caer en la inestabilidad y en las garras de los que están causando al mundo una situación compleja y difícil, donde la pobreza, el crimen organizado, el narcotráfico, soborno, chantaje, terrorismo, desocupación, enfermedades y otras plagas, seguirán diezmando a gran parte del mundo.

es y otras plagas, seguirán diezmando a gran parte del mundo.
Los miembros permanentes de países que integran el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas (China, Francia, Federación de Rusia, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y Estados Unidos de América), debieran abogar para que sus países no sigan fabricando ni vendiendo armas indiscriminadamente a los países que viven en conflictos bélicos y que están contribuyendo al aumento de la mortalidad en el mundo entero. El número de lisiados de guerra, huérfanos, viudas, madres y padres sin hijos, es impresionante en el planeta Tierra.

Ojalá el año 2011 sirva de reflexión a todos los gobernantes, sobre todo a los que creen que poseyendo el poder militar, económico y la construcción de armas nucleares, van a dominar al mundo; y que la humanidad entera lo entiende como su destrucción.


 

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