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Por: Edgardo
Jimenez López
edgardo_0514@hotmail.com |
La Dictadura
Las
dictaduras en el mundo,
no nacen, se hacen. Una
persona al que se le
llama dictador, NUNCA
pudo hacerlo solo. Para
ello, necesita de bases.
Para buscar esas bases,
un grupo de personajes
ambiciosas, se
conforman, para engañar
a los tontos, que los
sigan en sus aventuras
políticas. Claro esta,
que los que rodean al
futuro dictador, van a
ganar mil veces mas que
los tontos engañados,
además de tener mando y
abusar del poder cuando
lo crean convenientes.
En Nicaragua, Daniel
Ortega tiene una
pacotilla de ambiciosos
a su alrededor, que son
los que en verdad
mandan, incluyendo a su
es-posa, son ellos los
que quieren que el señor
Ortega sea dictador para
estar gozando del poder
todo el tiempo que dure.
Este es solo es el
monigote que cree que
manda, pero que lo
utilizan para sus
propios intereses. El
dice lo que le dicen y
hace lo que le ordenan.
Para eso se busca a la
persona menos
intelectual, como
Ortega, pero con carisma
político que ellos
mismos se lo han creado
para la formación de la
dictadura que tanto les
interesa. Así sucedió
con Somoza y ya ven como
termino. Veamos la
realidad. Es el señor
Ortega un profesional?!!
No. Es el señor Ortega
un orador de palabras
fluidas y convincentes?
No. Es el señor Ortega
una persona que destile
una personalidad? No.
Entonces? Por que este
es el presidente de
Nicaragua? Por que hay
un grupo de ambiciosos e
inteligentes, que maneja
los hilos para el sea en
nuevo dictador del país.
Recuerden que hay que
luchar, no contra
Ortega, sino, contra
esta plaga de mal
nacidos que son los que
llevaran a Nicaragua. A
la ruina. Los tontos
útiles siempre habrán.
Estos son como las
gallinas que con
granitos que les tiran
sus amos, se conforman,
y después nos darán la
carne para que nos
alimentemos.
Confesión Pública y Voluntaria.
Jorge
J. Cuadra
macondoc@cablenet.com.ni |
La guerra está en las calles y las calles
parece que tienen dueño, aunque sean vías públicas con libre acceso
al pueblo. La lucha entre el gobierno y las fuerzas opositoras
está planteada y tiene como escenario principal las calles de la
capital del país y las de los principales municipios de Nicaragua,
los mismos que se insurreccionaron en Septiembre de 1978 por las
mismas causas que a-hora: la lucha contra la dictadura, de cuarenta
años aquella y en pleno desarrollo esta. La sociedad civil
organiza marchas pacíficas y las hordas enmorteradas al mando del
diputado Porras, se lanzan contra ellas sembrando el caos y el
miedo. Pero todo cambia, como dice la famosa canción de Mercedes
Sosa, recientemente fallecida, y los marchantes pacíficos se tornan
poco a poco en marchistas armados de morteros y resueltos a devolver
la agresión con agresión, el morterazo con morterazo y la pedrada
con pedrada. Pero hay algo que hace que los marchistas por la
democracia sean más auténticos que las fuerzas agresoras, es la
presencia física de sus principales dirigentes y me refiero en
especial al diputado Eduardo Montealegre, líder del MVE, al que
vimos al frente de sus partidarios en una rotonda de Managua en la
marcha del aniversario del fraude electoral. ¿Acaso vemos en las
agresiones de los CPC a sus principales dirigentes? y no me refiero
al diputado terrorista Gustavo Porras, porque ese es una simple
pieza del ajedrez político del Presidente Ortega y de la primera
dama. Me refiero al diputado Castro Rivera, me refiero al diputado
Figueroa, me refiero al diputado farandulero, Wálmaro. Esos ordenan
y se quedan en sus cuevas sin exponerse a una posible agresión.
El liderazgo de los liberales está siendo disputado entre Eduardo
Montealegre, de larga participación en la política opositora y
exitoso candidato presidencial que conquistó con su caudal electoral
el segundo lugar en las últimas elecciones presidenciales y el ex
presidente Arnoldo Alemán, acusado de corrupción y recientemente
sobreseído, gracias a las artimañas que le brinda el pacto con
Daniel Ortega. Sin embargo, esa disputa ya debe de pertenecer al
pasado porque la presencia en las calles disputadas de Eduardo
Montealegre, así lo indica. Y aquí viene lo mejor por si alguien
pone en duda esa realidad. Desde hace un tiempo un conocido
comentarista de la televisión, en su propio programa, nos viene
preguntando que si alguna vez miramos a los miembros del PLC en las
marchas pacíficas atacadas por los CPC y naturalmente la respuesta
es no, porque el PLC nunca marcha. Dicen que apoyan, pero se quedan
en sus casas en ineludible cumplimiento a las reglas no establecidas
del pacto Ortega-Alemán. Acumulando
esas realidades de ambos líderes liberales y agregando las
declaraciones con sabor a final del contendiente Alemán, se puede
decir sin la menor sombra de duda, que las fuerzas democráticas,
representadas por el liberalismo, ya tienen un solo dirigente,
Eduardo Montealegre, porque públicamente y de su espontánea voluntad
el Dr. Alemán así lo proclamó al decir ante la prensa nacional, “que
él apoya la unidad de los liberales y la lucha contra la dictadura,
pero no va a las calles porque ya está Eduardo y si está Eduardo,
está el liberalismo entero.” Más claro ni el agua. Alemán confiesa
su cobardía y su pacto eterno con el orteguismo y le cede el
liderazgo de la oposición a su contendiente. ¿Quién puede detener
ahora a Montealegre en su camino al liderazgo único del liberalismo
y de las fuerzas democráticas? Lo que suele decir Eduardo
Montealegre con respecto a que no es tiempo de liderazgos sino de
unión, no es valedero porque para unirse se necesita un líder
alrededor del cual aglutinarse para hacer la lucha. No se está
hablando de candidaturas, sino de liderazgo para luchar unidos, y
sin una cabeza a la cual seguir, no se puede aglutinar un pueblo
decidido a dar la batalla por la democracia. Arnoldo Alemán fue
víctima de sus mentiras, las que quedaron a flor de piel cuando le
preguntaron que si él iba a ir a las calles a marchar por la
democracia. Descaradamente, como siempre suele ser, confesó sin
rubor en su cara, que él apoyaba la lucha, pero no salía a las
calles porque…..y aquí viene el traspaso de poder, la rendición
final, la entrega incondicional del liberalismo ……”porque allí está
Eduardo y si está Eduardo, están todos los liberales.” El camino
está despejado. El Dr. Alemán se encargó de hacerlo y si había duda
en quien debe ser el líder en esta lucha a favor de la democracia,
se despejó con las declaraciones del caudillo de El Chile: EDUARDO
MONTEALEGRE.
La
matriz constitucional y la madre de la
dictadura.
Por: Dr.
Julio Icaza
Gallard
dgardo_0514@hotmail.com |
Habiendo tomado la decisión de reelegirse
a cualquier costo, ante la imposibilidad de obtener los votos
necesarios para reformar parcialmente la Constitución, era claro que
el presidente Ortega recurriría al Poder Judicial para tratar de
eliminar los obstáculos a su perpetuación. Tras el rechazo al
proyecto de reforma a la Ley Orgánica, sus operadores políticos en
la Corte Suprema empezaron a maquinar la forma de declarar
inconstitucionales las reformas de 1995, que introdujeron el doble
candado de la no reelección sucesiva y por más de dos períodos. Lo
inesperado fue la manera tan atropellada y burda en que actuaron sus
magistrados, el remedo de sentencia que ha pasado a ocupar un lugar
destacado en la historia universal de la infamia jurídica.
Inesperada fue también la precipitación de la maniobra, algo que los
analistas políticos han atribuido a los conflictos intestinos
despertados por la incertidumbre de la sucesión entre los seguidores
de Ortega, en los que amagaban las armas. A ese factor es necesario
añadir otros dos, no menos importantes: la presión de Hugo Chávez,
por la pérdida de Honduras y la necesidad de garantizar un enclave
para su proyecto “bolivariano” en Centroamérica, y la falta de
certeza respecto de la futura composición del Consejo Supremo
Electoral, hoy bajo control absoluto, pero con los días contados
hasta marzo del próximo año. Este último factor lo confirma la
velocidad con que Roberto Rivas y el resto de miembros de ese Poder
del Estado se apresuraron a extender el certificado que habilita a
Ortega para ser candidato en las próximas elecciones presidenciales.
Además, Ortega siempre ha buscado como telón de fondo de las crisis
por él genera-das el horizonte de las fiestas navideñas, apostando a
la apatía y el olvido ciudadanos.
Construida sobre un
conjunto de supuestas antinomias o falsas contradicciones en la ley,
el remedo de sentencia es expresión de una ideología jurídica
totalitaria, que busca hacer del Poder Judicial el pi-lar
fundamental de la nueva dictadura. Primera contradicción: la falsa
oposición entre soberanía popular y no reelección. Segunda: entre
principio de igualdad ciudadana incondicional, consagrada como un
derecho humano, y limitaciones al sufragio pasivo. Tercera: entre
Constituyente originario y Constituyente derivado. Cuarta y última
contradicción, en la que aparentemente se resumen todas: entre
“matriz” y resto de la Constitución.
Ninguna de estas
antinomias existe en nuestro sistema jurídico, desde el momento en
que el constituyente originario de 1987 renun-ciara a establecer
diferencias sustantivas entre reforma total y refor-ma parcial y, en
correspondencia, la Ley de Amparo dispusiera con claridad meridiana
que “no procede el recurso de inconstitucionali-dad contra la
Constitución y sus reformas”. En un claro abuso de po-der, los seis
magistrados se han arrogado la facultad de determinar la
“constitucionalidad” de cualquier reforma parcial, pasada o futura.
Buscan de esta manera retroceder, en lo que les interesa, a la
Consti-tución de 1987, un traje de corte absolutista hecho a la
medida del en-tonces también presidente Ortega, cuyo genio y figura
parecen no al-terarse con el paso del tiempo y cuya incapacidad para
gobernar con apego al Estado de Derecho parece, en cambio,
agigantarse.
La apoteosis antinómica se produce, finalmente,
con la supuesta oposición entre preámbulo y parte dogmática, por un
lado, y el resto de la Constitución, por el otro. De acuerdo a los
magistrados firmantes existe una “matriz” constitucional, “vientre
de los derechos ordinarios y extraordinarios”; que encierra “la
Soberanía como Principio Supremo de la Nación” y una serie de
valores pétreos e inderogables, representativos de la voluntad y
memoria de los héroes y mártires, que no pueden ser limitados por
ninguna norma ni contradichos por ningún otro precepto
constitucional. Corresponde de manera exclusiva, por supuesto, a los
sumos sacerdotes magistrados, la interpretación del contenido y
aplicación de esa “matriz” o “vientre”; el arcano poder de anular
cualquier parte de la Constitución que parezca contradecirla. La
“matriz” se constituye, en otras palabras, en la “madre” de la
Constitución y en la “madre”, a su vez, de todas las violaciones
constitucionales. Es decir, en la “madre” de la dictadura. Al final
del mamotreto jurídico todo el Derecho queda reducido a instrumento
maleable, subordinado por entero a la voluntad del poder.
Frente a una institucionalidad pervertida y corrupta, las vías
legales parecieran no servir sino para el expediente y la memoria
histórica. Sin perjuicio de la efectividad final de otras
iniciativas, sólo la movilización ciudadana frente al abuso de poder
hará retroceder la estrategia militar del régimen de Ortega. El
momento decisivo está aún por venir, cuando la Asamblea Nacional
elija a los nuevos magistrados del Poder Electoral. Sobre los
hombros de los actuales diputados, que se dicen demócratas, y de los
ciudadanos que ellos elijan, caerá la responsabilidad de decidir el
valor que pueda tener una sentencia notoriamente ilegal, no sólo por
los graves vicios de forma y por la incompetencia de quienes la
firmaron, sino también por los peligrosos sofismas en que pretende
fundamentarse. A ellos tocará decidir qué valor puede tener un
certificado emitido por unos magistrados electorales venales,
responsables del fraude electoral mejor documentado de la historia
de Nicaragua. A ellos, y a una ciudadanía capaz de exigir en las
calles respeto a la Constitución y las leyes, firmemente decidida a
no dejarse arrebatar la libertad.
El autor es jurista y
catedrático universitario Miembro del Comité Ejecutivo del MpN
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