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Por: Silvio
Avilez
Email:
Email:
silvi@avilez.cl
Especial para
La Estrella de
Nicaragua |
ESTEBANA RAMOS
I
Era realmente
hermosa, de ojos
rasgados, negros, de
cabellos muy lacios
que flotaban al viento
cuando descalza y ágil
bajada de los montes
con el canasto a tuto
para vender sus siembros.
Lampaceaba caminos
con sus callosas
plantas, pues era muy
robusta como las de
su raza, mujer de
ojos profundos y de
sonrisa tenue, de
piel curtida y fina
como laja de río.
Iba siempre ataviada
con su tapado al pecho
y un ramo de resedas
perfumaba su pelo.
¡Era guapa y coqueta
cuando se pavoneaba
entre los almidones
de sus enaguas nuevas!
Amaba con ternura
todo lo de su tierra:
la tortilla palmeada,
la chicha bruja, el
chingue, la
chanfaina, el ayote,
el indio viejo, el bajo,
el vigorón, el tiste,
sin faltar los domingos
un buen nacatamal.
Cuando bajada al
templo entraba de
puntillas y sin alzar
la vista se hincaba
muy devota a decir su
oración, a pedirle a
los santos un sinfín
de favores a cambio
de promesas ya fuera
a San Antonio, al
Cristo de Esquipulas
o a la Virgen del
Carmen.
II
Mas llegaron los
tiempos en que vino
la guerra y se fueron
perdiendo los
encantos de antaño.
En lugar de marimbas,
se oía el tableteo
que sembraba la muerte,
y en vez de los cohetes,
las bombas de contacto
abrían sus racimos en
las tiernas entrañas
de jóvenes imberbes.
Su “marido”, el
guardita, ya no
llegaba a casa porque
andaba en combate
allá por Matagalpa en
la montaña densa.
Su chavalo lloraba
porque tenía miedo;
entonces la Estebana
le contaba historietas,
le cantaba tonadas,
aunque en su pecho,
adentro, estaba
preocupada, inquieta,
pensativa.
III
Cuando llegó el
invierno le dieron
otro golpe: sin
decirle palabra su
Güicho, de doce años,
melindroso y sumiso,
se fue con los
“muchachos” a la
guerrilla urbana. Su
corazón de madre
trató de ser muy fuerte
creyendo vanamente
que era sólo un
capricho. Pasaron
varios meses de
zozobra y angustia,
de espera interminable
con el credo en la boca,
pegada al transistor,
con el pavor inmenso
de escuchar la noticia
que no quería oír…
Poco a poco su pelo
del color de la noche
fue adquiriendo reflejos
de la luna de abril.
Su rostro de aceituna
se fue tornando opaco
y aparecieron grietas
como en el sonsocuite
cuando le pega el sol.
No hubo más alegrías,
ni cantos, ni guitarras;
un pesado silencio
cubrió todo su hogar,
y bajo los crujientes
repliegues de su enagua
se fueron escurriendo
sus frondosas caderas.
IV
Un buen
día de julio un
bullicio tremendo
sacudió la modorra de
la mañana tibia. Al
ruido de las bombas
se enteró la Estebana
del final de la guerra,
y al momento se abrieron
las hendijas oblicuas
de sus ojos dormidos.
Lavó su pelo mustio
con el jabón de encina,
se vistió alborozada
temblando de emoción,
pues de seguro Güicho
regresaría ahora, y
en el bus de las siete
se fue para Managua
cuando ya ardía el sol.
No escuchó los
discursos ni sintió
los calores
sofocantes y negros
del desierto de asfalto.
Más parecía un árbol
mecido por el viento,
hurgando el horizonte
sin descansar jamás.
Buscaba la Estebana a
su Güicho, a su ”niño”,
mas fue pasando el
tiempo y la plaza
festiva fue quedando
vacía. Empero la
Estebana no abandonó
su puesto, y sin
beber siquiera agua
helada o cacao,
siguió esperando sola
rodeada de basura,
cartelones, papeles,
hasta que su figura
fue tomando el contorno
del fresco anochecer.
Con la mirada turbia
se fue para su pueblo
desconsolada y triste,
estrujando en sus manos
el sencillo rosario
de cuentas ya gastadas
a fuerza de rezar.
V
Se ha
desgranado el tiempo
desde aquella mañana.
Dicen que en la montaña,
allá por Matagalpa,
quedaron muchos guardias
dormidos en la tierra,
entre verdes pinares
que velan en silencio
su trágico final. Su
hombre está entre
aquéllos, así se lo
dijeron testigos que
lo vieron tendido
cara al sol. De su
Güicho… ni rastro,
nadie le dio noticias.
Recorrió el vía crucis
de la cruel burocracia.
Fue a la radio, a “La
Prensa”, ¡dónde no
fue la pobre! Su
corazón cansado de
tanta desventura tuvo
que resignarse a la
triste verdad.
VI
En la misa de cinco
del Día de Finados
notó el cura la ausencia
de la Estebana Ramos,
que a diario, con el
alba, acudía a la
iglesia. -Tal vez
venga más tarde, pues
hace mucho frío para
la pobre vieja- pensó
el cura en silencio.
Dieron las diez y
nada: la puerta de su
choza seguía bien
cerrada. Cuando al
fin penetraron en la
vivienda oscura, un
silencio profundo
flotaba en el ambiente.
Al abrir la ventana
que daba luz al cuarto,
allí, sobre el tapesco,
vieron a la Estebana.
En sus manos, ya frías,
sostenía el rosario
y sus mejillas magras
mostraban trazas secas
de lágrimas calladas.
Un gesto de tristeza
le envolvía la cara y
en la boca entreabierta,
marchitada y reseca,
se advertía imborrable
el paso de la muerte
con su huella final.
VII
En un
lote sin nombre del
viejo cementerio de
su pueblo natal, a la
sombra frondosa de un
recio mango en flor,
descansa la Estebana,
la de los ojos negros,
la que en un tiempo
fuera orgullo de su
raza, imagen de su
tierra. Murió sola y
de pena como mueren
las rosas, al final
de la tarde, cuando
pierden su aroma…
San José, Costa
Rica, 24 de noviembre de
1980.
La Choza
de los políticos
Por: Marcos
Orozco Rayo
Email:
romapoet@hotmail.com |
Como un Quijote voy a veces por los
caminos de mi aldea, visitando viejos correligionarios con el
pretexto de no olvidar a los amigos, pero en verdad tratando de
disimular mi desempleo.
Allá arriba, casi por el ombligo
árido de un cerro llamado La Calavera, me encontré un día de
estos. De lejos cualquier vecino juraría que en esos lares nadie
existe, el asunto es que si, allí viven muchos hermanos
nicaragüenses. No sé si en el último Censo fueron registrados o
si alguien se acuerda de ellos, lo que me consta es que son
visitados en tiempos de elecciones y han votado muchas veces.
Llegue a la casa de Jesús, el apellido no importa, al fin no
es ni Ortega, ni Alemán, menos mal. ¿Casa dije?, donde Jesús y
su familia viven, todo es lóbrego y tosco, sobre unas tablas un
cuero sirve de cama, varas rusticas hacen de paredes, techo de
plástico por donde la lluvia se cuela sin esfuerzo, piso de
tierra que en el verano es polvo y en el invierno es lodo, una
cocina, donde parece que desde hace días no se cocina nada
nutritivo… No me pareció casa aquel armatoste, considero que
puede ser más acertado llamarle choza.
No me senté al
llegar, no porque sus moradores no me lo pi-dieran, no lo
hicieron, no por falta de cortesía, sencillamente no había en
que. Pero que de raro o notable tiene esta experiencia que les
refiero, si en mi país la mayoría de los pobres viven así en el
campo y la ciudad?.
Bueno, aquello que me pareció una
choza, no era una choza sin algo de aristocracia, no, había en
ella elementos elegantes que hablaban de esperanza, de cambios,
de amistad, de progreso, brillaban esos elementos, se veía que
tenían poder y buena posición social, estaban allí ha-ce quizás
más de una década, dormían en aquel croquis de vivienda con
Jesús, su mujer y su prole. Les sonreían al acostarse, al
levantarse y les hablaban de lo mismo, a veces me dijo Jesús, me
parece que esa risa es una mueca, o una burla, pero en fin no
los he querido quitar, porque es lo único que brilla en mi casa,
esas fotografías.
¿Quienés son los personajes que
engalanan el espacio pobre, casi miserable, candidato a
paupérrimo de Jesús?, Son Maximino Rodríguez, Arnoldo Alemán,
Enrique Bolaños, José Rizo y otros, en una colección de afiches
de todas las campañas pasadas. En persona nunca lo visitaron y
quienes lo hicieron se olvidaron pronto de que también el sueña
con un futuro mejor para sus hijos. Milagro no te han traído uno
del Presidente, le dije, ni quiera Dios- me contesto. Tal vez
ahora, le exprese, ya vienen las elecciones- me con-testo viendo
de perfil a su mujer, “hoy tengo menos esperanzas, nunca se
unieron y si no hay unidad yo no voy a votar, a ellos que les
importa si siempre quedan en algún puesto ganando bien, los
tontos somos nosotros que les creemos a los políticos”. No le
dije nada, “le mire con una profunda mirada y partí con lágrimas
y con des-consuelos” de la casa de Jesús, más apropiadamente, de
la choza de los políticos.
SINDROME
PRESIDENTITIS ATACA A NICARAGUA
Por: Dr.
Ramón Maldonado
García
Email:
r_maldonadog@yahoo.com |
En medicina se conoce con el nombre de
síndrome a un conjunto de síntomas y signos que integran un cuadro
clínico específico, que se presenta en el ser humano. Por la
forma de presentación puede ser agudo o crónico, y cuando pasa a
esta ultima fase puede volverse incurable. Pero no sólo en
medicina puede verse esta entidad patológica, también en el campo
político se está presentando con mucha frecuencia e intensidad,
provocando desequilibrio en la sociedad donde se desarrolla este
síndrome. En Nicaragua estamos a más de una año de la contienda
electoral, y desde hace varios meses, esta enfermedad se ha
manifestado en los grupos políticos y partidarios que ya pasaron la
etapa de incubación y ahora ya manifiestan los síntomas y signos
propios de esta patología. Desde la caída de la dictadura del
último Somoza en 1979, ocurrieron diversas manifestaciones
enfermizas en los grupos políticos, y que contagiaron al pueblo, que
mas tarde se inmunizó contra todas las enfermedades en los campos
político, económico, educativo, sanitario y otros. Sucesivamente
el pueblo padeció de alegría cuando cayó el dictador A Somoza
Debayle, luego siguió un período agudo de un síndrome de adaptación,
que no duró mucho dado que este se volvió crónico, debido a que una
gran mayoría del pueblo comenzó a manifestar tristeza, oposición,
represión, sometimiento, desesperación, descontento y desencanto,
que terminó en un gran éxodo y exilio. Así se llegó al año 1990,
en medio de una lucha armada protagonizada por un grupo de
campesinos nicaragüenses que se rebelaron contra el sistema de un
gobierno totalitario y que obligaron a realizar elecciones, libres,
vigiladas y transparentes que dieron al traste con el régimen
marxistoide que se trató de implantar en Nicaragua. El tiempo
siguió su curso y comenzaron las manifestaciones de protestas de los
perdedores que querían continuar en el poder. Desataron protestas de
toda índole y la presidentitis del señor Daniel Ortega S se expresó
en asonadas, marchas, boicot a todas las acciones del gobierno de la
UNO encabezado por doña Violeta Barrios de Chamorro. No había
semana en que no hubiera manifestaciones de la presidentitis del
señor Ortega: en todas las instituciones del gobierno se
obstaculizaba la labor de los nuevos funcionarios públicos, a pesar
de que se había firmado un Protocolo de Transición entre el gobierno
saliente y el entrante. Pero el gobierno de turno no se amedrentó
y siguió su programa de, al extremo de que cuando terminó, el país
ya mostraba otra cara, deuda externa disminuida, inversión
extranjera y nacional con importante crecimiento. Sin embargo, la
presidentitis en los del gobierno perdedor se iba haciendo crónica,
y así continuó hasta el final del periodo de la presidenta Chamorro.
Pero el camino de la democracia ya estaba hecho, y doña Violeta
entregó el poder el abogado Arnoldo Alemán Lacayo, que ganó las
elecciones encabezando una alianza partidaria de ideología liberal.
Pero la presidentitis crónica continuó su curso y el representante
del partido FSLN, con sus mismas manifestaciones obligó al nuevo
gobierno a realizar un pacto que es la fecha y no ha desaparecido,
aumentando de esta manera la enfermedad, hasta alcanzar hoy el grado
de epidemia. En Nicaragua en estos momentos existe una
efervescencia en el campo político. Los que han sido funcionarios
por mucho tiempo, los que están en las instituciones de gobierno,
Asamblea Nacional, Contraloría, Corte Suprema de Justicia, etc.,
están padeciendo de esta enfermedad. Diariamente las emisoras,
programas televisivos, periódicos, etc., son visitados por los
políticos que padecen del síndrome presidencial y quieren de
cualquier manera llegar a ocupar la silla de la casa de gobierno. No
importa como, su objetivo es llegar. En cada programa de opinión
donde se expresan estos ambiciosos de poder, atacan a sus
adversarios, y ellos se presentan como mansas palomitas que llevan
el olivo de la paz a su pueblo. Cuando la gente del pueblo participa
en estos programas y les dicen la verdad, muchos se enojan y ofenden
al que llama al invitado al programa. En dichas audiencias
prometen hasta construir un puente donde ni siquiera hay rio, y si
les hacen ver eso, dicen que también construirán el río. El
problema en Nicaragua es que los que padecen de este síndrome solo
hablan de cómo llegar al poder. Desde hace unos cuatro meses algunos
hablan de elecciones primarias y ni siquiera han pasado el kínder.
Otros están en contra de estas elecciones y prefieren el método de
elección de los candidatos mediante la voz y el dedo del jefe del
partido que participará en la contienda electoral. Lo cierto es
que la mayoría del pueblo nicaragüense está cansada desde que
derrocaron a Somoza, de ver las mismas caras, de escuchar los mismos
discursos y promesas, sin cumplir lo que ofrecen en la campaña
preelectoral. No dan oportunidad a nuevos valores, no toman en
cuenta a la juventud en la participación como candidatos a
funcionarios de algunas instituciones. A los jóvenes los utilizan
únicamente para que depositen su voto. Después no se acuerdan de los
jóvenes. Creen que sólo los políticos viejos de estar en los
mismos cargos, pueden desempeñarse como tales. Y los jóvenes siempre
han sido los que han derrocado a dictadores. Por consiguiente, la
juventud debe abrir bien los ojos, y cuando alcancen algún cargo
público no se contaminen, no se perennicen en esos puestos, no
padezcan el síndrome de presidentitis aguda o crónica. Actúen como
estadistas: piensen en las próximas generaciones y no en las
próximas elecciones.
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