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       Año XVI, Edición 412           Fundada el 1 de Mayo de 1986        12 páginas         Miami-Dade, FL, Agosto,  2010
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ESTEBANA RAMOS: Era realmente hermosa,
de ojos rasgados, negros,
de cabellos muy lacios
que flotaban al viento
cuando descalza y ágil...
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SINDROME PRESIDENTITIS ATACA A NICARAGUA.   En medicina se conoce con el nombre de síndrome a un conjunto de síntomas y signos que integran un cuadro clínico específico, que se presenta en el ser....Continuar La Choza de los Politicos.   Como un Quijote voy a veces por los caminos de mi aldea, visitando viejos correligionarios con el pretexto de no olvidar a los amigos, pero en verdad tratando de disimular mi desempleo....Continuar


 

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Por:
Silvio Avilez
Email:
Email:
silvi@avilez.cl
Especial para
La Estrella de Nicaragua

ESTEBANA RAMOS
 

 

 

I

Era realmente hermosa,
de ojos rasgados, negros,
de cabellos muy lacios
que flotaban al viento
cuando descalza y ágil
bajada de los montes
con el canasto a tuto
para vender sus siembros.
Lampaceaba caminos
con sus callosas plantas,
pues era muy robusta
como las de su raza,
mujer de ojos profundos
y de sonrisa tenue,
de piel curtida y fina
como laja de río.

Iba siempre ataviada
con su tapado al pecho
y un ramo de resedas
perfumaba su pelo.
¡Era guapa y coqueta
cuando se pavoneaba
entre los almidones
de sus enaguas nuevas!
Amaba con ternura
todo lo de su tierra:
la tortilla palmeada,
la chicha bruja, el chingue,
la chanfaina, el ayote,
el indio viejo, el bajo,
el vigorón, el tiste,
sin faltar los domingos
un buen nacatamal.

Cuando bajada al templo
entraba de puntillas
y sin alzar la vista
se hincaba muy devota
a decir su oración,
a pedirle a los santos
un sinfín de favores
a cambio de promesas
ya fuera a San Antonio,
al Cristo de Esquipulas
o a la Virgen del Carmen.

II

Mas llegaron los tiempos
en que vino la guerra
y se fueron perdiendo
los encantos de antaño.
En lugar de marimbas,
se oía el tableteo
que sembraba la muerte,
y en vez de los cohetes,
las bombas de contacto
abrían sus racimos
en las tiernas entrañas
de jóvenes imberbes.
Su “marido”, el guardita,
ya no llegaba a casa
porque andaba en combate
allá por Matagalpa
en la montaña densa.

Su chavalo lloraba
porque tenía miedo;
entonces la Estebana
le contaba historietas,
le cantaba tonadas,
aunque en su pecho,
adentro, estaba preocupada,
inquieta, pensativa.

III

Cuando llegó el invierno
le dieron otro golpe:
sin decirle palabra
su Güicho, de doce años,
melindroso y sumiso,
se fue con los “muchachos”
a la guerrilla urbana.
Su corazón de madre
trató de ser muy fuerte
creyendo vanamente
que era sólo un capricho.
Pasaron varios meses
de zozobra y angustia,
de espera interminable
con el credo en la boca,
pegada al transistor,
con el pavor inmenso
de escuchar la noticia
que no quería oír…

Poco a poco su pelo
del color de la noche
fue adquiriendo reflejos
de la luna de abril.
Su rostro de aceituna
se fue tornando opaco
y aparecieron grietas
como en el sonsocuite
cuando le pega el sol.
No hubo más alegrías,
ni cantos, ni guitarras;
un pesado silencio
cubrió todo su hogar,
y bajo los crujientes
repliegues de su enagua
se fueron escurriendo
sus frondosas caderas.

IV

Un buen día de julio
un bullicio tremendo
sacudió la modorra
de la mañana tibia.
Al ruido de las bombas
se enteró la Estebana
del final de la guerra,
y al momento se abrieron
las hendijas oblicuas
de sus ojos dormidos.
Lavó su pelo mustio
con el jabón de encina,
se vistió alborozada
temblando de emoción,
pues de seguro Güicho
regresaría ahora,
y en el bus de las siete
se fue para Managua
cuando ya ardía el sol.

No escuchó los discursos
ni sintió los calores
sofocantes y negros
del desierto de asfalto.
Más parecía un árbol
mecido por el viento,
hurgando el horizonte
sin descansar jamás.
Buscaba la Estebana
a su Güicho, a su ”niño”,
mas fue pasando el tiempo
y la plaza festiva
fue quedando vacía.
Empero la Estebana
no abandonó su puesto,
y sin beber siquiera
agua helada o cacao,
siguió esperando sola
rodeada de basura,
cartelones, papeles,
hasta que su figura
fue tomando el contorno
del fresco anochecer.

Con la mirada turbia
se fue para su pueblo
desconsolada y triste,
estrujando en sus manos
el sencillo rosario
de cuentas ya gastadas
a fuerza de rezar.

V

Se ha desgranado el tiempo
desde aquella mañana.
Dicen que en la montaña,
allá por Matagalpa,
quedaron muchos guardias
dormidos en la tierra,
entre verdes pinares
que velan en silencio
su trágico final.
Su hombre está entre aquéllos,
así se lo dijeron
testigos que lo vieron
tendido cara al sol.
De su Güicho… ni rastro,
nadie le dio noticias.
Recorrió el vía crucis
de la cruel burocracia.
Fue a la radio, a “La Prensa”,
¡dónde no fue la pobre!
Su corazón cansado
de tanta desventura
tuvo que resignarse
a la triste verdad.

VI

En la misa de cinco
del Día de Finados
notó el cura la ausencia
de la Estebana Ramos,
que a diario, con el alba,
acudía a la iglesia.
-Tal vez venga más tarde,
pues hace mucho frío
para la pobre vieja-
pensó el cura en silencio.

Dieron las diez y nada:
la puerta de su choza
seguía bien cerrada.
Cuando al fin penetraron
en la vivienda oscura,
un silencio profundo
flotaba en el ambiente.
Al abrir la ventana
que daba luz al cuarto,
allí, sobre el tapesco,
vieron a la Estebana.
En sus manos, ya frías,
sostenía el rosario
y sus mejillas magras
mostraban trazas secas
de lágrimas calladas.
Un gesto de tristeza
le envolvía la cara
y en la boca entreabierta,
marchitada y reseca,
se advertía imborrable
el paso de la muerte
con su huella final.

VII

En un lote sin nombre
del viejo cementerio
de su pueblo natal,
a la sombra frondosa
de un recio mango en flor,
descansa la Estebana,
la de los ojos negros,
la que en un tiempo fuera
orgullo de su raza,
imagen de su tierra.
Murió sola y de pena
como mueren las rosas,
al final de la tarde,
cuando pierden su aroma…

San José, Costa Rica, 24 de noviembre de 1980.



La Choza de los políticos



Por:
Marcos Orozco Rayo
Email: romapoet@hotmail.com
  Como un Quijote voy a veces por los caminos de mi aldea, visitando viejos correligionarios con el pretexto de no olvidar a los amigos, pero en verdad tratando de disimular mi desempleo.

Allá arriba, casi por el ombligo árido de un cerro llamado La Calavera, me encontré un día de estos. De lejos cualquier vecino juraría que en esos lares nadie existe, el asunto es que si, allí viven muchos hermanos nicaragüenses. No sé si en el último Censo fueron registrados o si alguien se acuerda de ellos, lo que me consta es que son visitados en tiempos de elecciones y han votado muchas veces.

Llegue a la casa de Jesús, el apellido no importa, al fin no es ni Ortega, ni Alemán, menos mal. ¿Casa dije?, donde Jesús y su familia viven, todo es lóbrego y tosco, sobre unas tablas un cuero sirve de cama, varas rusticas hacen de paredes, techo de plástico por donde la lluvia se cuela sin esfuerzo, piso de tierra que en el verano es polvo y en el invierno es lodo, una cocina, donde parece que desde hace días no se cocina nada nutritivo… No me pareció casa aquel armatoste, considero que puede ser más acertado llamarle choza.

No me senté al llegar, no porque sus moradores no me lo pi-dieran, no lo hicieron, no por falta de cortesía, sencillamente no había en que. Pero que de raro o notable tiene esta experiencia que les refiero, si en mi país la mayoría de los pobres viven así en el campo y la ciudad?.

Bueno, aquello que me pareció una choza, no era una choza sin algo de aristocracia, no, había en ella elementos elegantes que hablaban de esperanza, de cambios, de amistad, de progreso, brillaban esos elementos, se veía que tenían poder y buena posición social, estaban allí ha-ce quizás más de una década, dormían en aquel croquis de vivienda con Jesús, su mujer y su prole. Les sonreían al acostarse, al levantarse y les hablaban de lo mismo, a veces me dijo Jesús, me parece que esa risa es una mueca, o una burla, pero en fin no los he querido quitar, porque es lo único que brilla en mi casa, esas fotografías.

¿Quienés son los personajes que engalanan el espacio pobre, casi miserable, candidato a paupérrimo de Jesús?, Son Maximino Rodríguez, Arnoldo Alemán, Enrique Bolaños, José Rizo y otros, en una colección de afiches de todas las campañas pasadas. En persona nunca lo visitaron y quienes lo hicieron se olvidaron pronto de que también el sueña con un futuro mejor para sus hijos. Milagro no te han traído uno del Presidente, le dije, ni quiera Dios- me contesto.
Tal vez ahora, le exprese, ya vienen las elecciones- me con-testo viendo de perfil a su mujer, “hoy tengo menos esperanzas, nunca se unieron y si no hay unidad yo no voy a votar, a ellos que les importa si siempre quedan en algún puesto ganando bien, los tontos somos nosotros que les creemos a los políticos”. No le dije nada, “le mire con una profunda mirada y partí con lágrimas y con des-consuelos” de la casa de Jesús, más apropiadamente, de la choza de los políticos.


SINDROME PRESIDENTITIS ATACA A NICARAGUA



Por:
Dr. Ramón Maldonado García
Email: r_maldonadog@yahoo.com
  En medicina se conoce con el nombre de síndrome a un conjunto de síntomas y signos que integran un cuadro clínico específico, que se presenta en el ser humano.
Por la forma de presentación puede ser agudo o crónico, y cuando pasa a esta ultima fase puede volverse incurable.
Pero no sólo en medicina puede verse esta entidad patológica, también en el campo político se está presentando con mucha frecuencia e intensidad, provocando desequilibrio en la sociedad donde se desarrolla este síndrome.
En Nicaragua estamos a más de una año de la contienda electoral, y desde hace varios meses, esta enfermedad se ha manifestado en los grupos políticos y partidarios que ya pasaron la etapa de incubación y ahora ya manifiestan los síntomas y signos propios de esta patología.
Desde la caída de la dictadura del último Somoza en 1979, ocurrieron diversas manifestaciones enfermizas en los grupos políticos, y que contagiaron al pueblo, que mas tarde se inmunizó contra todas las enfermedades en los campos político, económico, educativo, sanitario y otros.
Sucesivamente el pueblo padeció de alegría cuando cayó el dictador A Somoza Debayle, luego siguió un período agudo de un síndrome de adaptación, que no duró mucho dado que este se volvió crónico, debido a que una gran mayoría del pueblo comenzó a manifestar tristeza, oposición, represión, sometimiento, desesperación, descontento y desencanto, que terminó en un gran éxodo y exilio.
Así se llegó al año 1990, en medio de una lucha armada protagonizada por un grupo de campesinos nicaragüenses que se rebelaron contra el sistema de un gobierno totalitario y que obligaron a realizar elecciones, libres, vigiladas y transparentes que dieron al traste con el régimen marxistoide que se trató de implantar en Nicaragua.
El tiempo siguió su curso y comenzaron las manifestaciones de protestas de los perdedores que querían continuar en el poder. Desataron protestas de toda índole y la presidentitis del señor Daniel Ortega S se expresó en asonadas, marchas, boicot a todas las acciones del gobierno de la UNO encabezado por doña Violeta Barrios de Chamorro.
No había semana en que no hubiera manifestaciones de la presidentitis del señor Ortega: en todas las instituciones del gobierno se obstaculizaba la labor de los nuevos funcionarios públicos, a pesar de que se había firmado un Protocolo de Transición entre el gobierno saliente y el entrante.
Pero el gobierno de turno no se amedrentó y siguió su programa de, al extremo de que cuando terminó, el país ya mostraba otra cara, deuda externa disminuida, inversión extranjera y nacional con importante crecimiento.
Sin embargo, la presidentitis en los del gobierno perdedor se iba haciendo crónica, y así continuó hasta el final del periodo de la presidenta Chamorro. Pero el camino de la democracia ya estaba hecho, y doña Violeta entregó el poder el abogado Arnoldo Alemán Lacayo, que ganó las elecciones encabezando una alianza partidaria de ideología liberal.
Pero la presidentitis crónica continuó su curso y el representante del partido FSLN, con sus mismas manifestaciones obligó al nuevo gobierno a realizar un pacto que es la fecha y no ha desaparecido, aumentando de esta manera la enfermedad, hasta alcanzar hoy el grado de epidemia.
En Nicaragua en estos momentos existe una efervescencia en el campo político. Los que han sido funcionarios por mucho tiempo, los que están en las instituciones de gobierno, Asamblea Nacional, Contraloría, Corte Suprema de Justicia, etc., están padeciendo de esta enfermedad. Diariamente las emisoras, programas televisivos, periódicos, etc., son visitados por los políticos que padecen del síndrome presidencial y quieren de cualquier manera llegar a ocupar la silla de la casa de gobierno. No importa como, su objetivo es llegar.
En cada programa de opinión donde se expresan estos ambiciosos de poder, atacan a sus adversarios, y ellos se presentan como mansas palomitas que llevan el olivo de la paz a su pueblo. Cuando la gente del pueblo participa en estos programas y les dicen la verdad, muchos se enojan y ofenden al que llama al invitado al programa.
En dichas audiencias prometen hasta construir un puente donde ni siquiera hay rio, y si les hacen ver eso, dicen que también construirán el río.
El problema en Nicaragua es que los que padecen de este síndrome solo hablan de cómo llegar al poder. Desde hace unos cuatro meses algunos hablan de elecciones primarias y ni siquiera han pasado el kínder. Otros están en contra de estas elecciones y prefieren el método de elección de los candidatos mediante la voz y el dedo del jefe del partido que participará en la contienda electoral.
Lo cierto es que la mayoría del pueblo nicaragüense está cansada desde que derrocaron a Somoza, de ver las mismas caras, de escuchar los mismos discursos y promesas, sin cumplir lo que ofrecen en la campaña preelectoral.
No dan oportunidad a nuevos valores, no toman en cuenta a la juventud en la participación como candidatos a funcionarios de algunas instituciones. A los jóvenes los utilizan únicamente para que depositen su voto. Después no se acuerdan de los jóvenes.
Creen que sólo los políticos viejos de estar en los mismos cargos, pueden desempeñarse como tales. Y los jóvenes siempre han sido los que han derrocado a dictadores.
Por consiguiente, la juventud debe abrir bien los ojos, y cuando alcancen algún cargo público no se contaminen, no se perennicen en esos puestos, no padezcan el síndrome de presidentitis aguda o crónica. Actúen como estadistas: piensen en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.
 

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