La fiesta de La Gritería en honor a la Virgen Inmaculada Concepción surgió
en el siglo XVIII en
Nicaragua y llegó a
Honduras en 1980.
Las
primeras detonaciones de
los cohetes de vara a las
7:00 de la noche
anunciaron la fiesta.
Las calles de las colonias
Río Grande Sur y Loarque
se convirtieron en un
alegre carnaval donde
prevaleció el fervor y la
devoción por la Virgen
María bajo la advocación
de la Inmaculada
Concepción o Purísima.
¿Quién causa tanta alegría? ¡La Concepción de María! Con esta porra gritada
a todo pulmón al son de
las matracas hizo su
arribo la tradicional
Gritería, la noche del
lunes, previo a la
solemnidad de la
Inmaculada Concepción que
celebra su día el 8 de
diciembre.
Esta festividad Mariana representa un intercambio cultural entre dos
pueblos hermanos:
Nicaragua y Honduras,
motivados por mantener
viva la devoción a la
Virgen.
La alegría se sentía a cada paso, pues como cada año no faltaron los juegos
pirotécnicos como el toro
fuego, la mojigangas
gigantonas, los enanos
cabezones, los pepes y la
música amenizada por Los
Chicheros, procedentes de
Chinandega.
Sumado a ello la algarabía de los presentes, quienes a viva voz rindieron
honores a la Inmaculada
Concepción de María.
En ambos sectores fueron colocados 70 altares, que con devoción cobijan la
imagen de la virgen
concebida sin pecado
original.
Viva tradición
Si hablamos de la expresión de las fiestas religiosas populares, La
Gritería ocupa el primer
lugar.
Esta conmemoración surgió a inicios del siglo XVIII en la ciudad de León,
Nicaragua, como una
antesala a la fiesta de La
Purísima -así llaman a la
Inmaculada los
nicaragüenses- que
acontece cada 8 de
diciembre.
En Honduras, y particularmente en las colonias Río Grande y Loarque, se
cumplen 29 años de
mantenerse esta tradición.
Bayardo Urcuyo, originario de León, Nicaragua, es quien difundió esta
fiesta, que cada vez más
se caracteriza por la
hermandad, la unidad
familiar y sobre todo el
fervor sin límite
demostrado a la madre de
Jesucristo, a quien le
cantan, rezan y elevan
plegarias.
Con propiedad se puede decir que cada año esta celebración se vuelve más
catracha, ya que acuden
devotos de varios puntos
de la capital.
La Gritería contagia a niños, jóvenes y adultos, quienes recorren los
altares, y se les invita a
degustar platillos,
bebidas y dulces
tradicionales de ambos
países, entre estos yuca
con chicharrón, tamales de
cambray, tacos, buñuelos,
ayote en miel, dulces a
base de pinol y refresco
de cacao con leche, entre
otros.
"Cuando yo llegué aquí a Loarque, invité a mis vecinos a celebrar a mi
Purísima, hoy esta fiesta
es ya una tradición y con
ella celebramos la
hermandad de dos países
que son hermanos y que
necesitan vivir en paz",
declaró Bayardo Urcuyo.
Jocosidad
La fiesta de La Gritería y La Purísima no tendría ese sabor especial sin la
presencia de la gigantona
y los enanos cabezones.
Se trata de un baile popular, de características jocosas, que va acompañado
con música de viento.
Este baile era muy utilizado en tiempos de la época de la colonia, cuando
España perseguía con
interés someter a los
indígenas.
Los enanos cabezones, en el afán de hacer notar su inteligencia, por medio
de la danza se burlaban de
la mujer española, de
larga cabellera, ataviada
con sombreros coloridos y
enaguas despampanantes.
Mientras la gigantona daba
vueltas y vueltas los
cabezones le recitaban
coplas.
En diciembre de 2010, esta festividad cumplirá 30 años de haber llegado al
país y de mantener unidos
a través de la devoción a
la Virgen María los lazos
fraternales entre Honduras
y Nicaragua.
Para entonces las comunidades de Río Grande y Loarque se preparan para
unirse nuevamente en el
fervor, apegarse al amparo
maternal de la Inmaculada
Concepción y difundir una
tradición que cada año se
vuelve más catracha.