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SE
COMBATIÓ DURANTE UNA SEMANA, HASTA QUE NICARAGUA DERROTÓ A HONDURAS Y EL
SALVADOR.
17 al 23 de Marzo 1907: La Batalla de Namasigüe.

Ramón Montoya
Acevedo 1893-19075 |

El Gral. José Santos Zelaya López, autóctono managüense de la familia
«López Piura», gobernó como Presidente de la República de 1893 a 1909. |

. |

La Academia Militar Politécnica de Nicaragua, fundada por el Gral. José
Santos Zelaya, fue la primera escuela militar profesional para la
formación de oficiales. Un militar alemán, el Cnel. Karl Uebersesig fue
su Director y estableció la disciplina prusiana y los uniformes de la
época del Canciller Otto von Bismarck. Al caer Zelaya en 1909 la
Academia fue cerrada y los edificios abandonados. Posteriormente se
usaron para un asilo de ancianos y en 1931 los US Marines los volvieron
a utilizar para la efímera Academia Militar que formó oficiales para la
Guardia Nacional de Nicaragua y se volvió a cerrar en 1932 al retirarse
las tropas norteamericanas. Entonces se instaló en los edificios el
Hospital Militar de la Guardia Nacional. Finalmente en 1950 en esos
terrenos que se llamaron La Momotombo, se construyó el Granero Nacional
del INCEI, rebautizado Enabás en 1979. El oficial de gran tamaño que se
ve en la foto es el Ing. Camilo Castellón, Ministro de la Guerra y el
oficial que le sigue a la derecha, es el Cnel. Uebersesig. |

Oficiales de la Academia Militar Politécnica de Nicaragua en traje de
Gala. Fundada por el Gral. Zelaya, la Politéctica fue clausurada en 1909 |

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Esta Foto Histórica de La Estrella de Nicaragua,
tomada en la comarca fronteriza de Los Portillos, cerca de Namasigüe,
aparecen las tropas victoriosas con sus jefes, identificados con el #1
el Cnel. José Andrés Anduray. #2 el Gral. Roberto González, jefe
expedicionario y hombre clave para la victoria, llamado desde entonces
«El león de Namasigüe». #3 el Cnel. César Baldizón y con el #4 el Sgto.
Esteban Alvarado que demostró valor y heroísmo en la batalla. |

Gral. Alfonso Valle Candía Héroe de la Guerra de 1907
Ingeniero de profesión, fue el militar que planificó varias batallas que
condujeron a la victoria en Namasigüe, como la de Las Grietas y El
Corpus. Fue además un aguerrido combatiente. |

El Gral. e Ing. Alfonso Valle Candía, planificó
varias batallas y combates en la Guerra de 1907 que le valieron el
ascenso a General de Brigada, era nieto de otro connotado militar, el
Gral. José María «El Chelón» Valle y padre de cuatro altos oficiales de
la Guardia Nacional de Nicaragua. |

El Dr. y Gral. G.N. Nicolás Valle Salinas muestra la
guerrera de su padre, el también Gral. Alfonso Valle Candía, que utilizó
en la Guerra de 1907, y es la misma guerrera que viste en la foto
contigua. Padre, hijo y hermanos fueron originarios de la ciudad de
León. |

El Gral. Nicasio Vásquez, Jefe Expedicionario del
Ejército de Nicaragua, posa en Choluteca con sus oficiales y armas
capturadas a los Ejércitos de Honduras y El Salvador. |

A la izquierda el Dr. Rodolfo Espinosa Ramírez, que
participó en la Batalla de Namasigüe y en la Guerra de 1907 en su
calidad de médico de campaña, años después fue Vicepresidente de
Nicaragua. A la derecha el Héroe Nacional, Dr. y Gral. Benjamín Zeledón
Rodríguez, que combatió en Namasigüe en tal forma que fue ascendido a
Coronel. Esta foto fue tomada poco después de la Batalla, al finalizar
la guerra de 1907. Derrocado Zelaya por el poderío norteamericano, el
Gral. Zeledón levantó el pabellón nacional de Nicaragua para rescatar la
dignidad y combatir la ocupación militar extranjera. Murió en Octubre de
1912 tras la batalla de El Coyotepe en circunstancias históricas que aún
se discuten. |

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Gral. Terencio Sierra. |
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La tercera semana
de Marzo del 2007 se
cumplió --pero no se
conmemoró--, el primer
centenario de La Batalla
de Namasigüe que se
combatió
encarnizadamente del 17
al 23 de Marzo de 1907.
En el año 2000, el Lic.
Nicolás López Maltez,
fundador y director de
La Estrella de Nicaragua
hizo la investigación de
todos los pormenores y
la publicó el estudio de
La Batalla de Namasigüe,
en La Estrella de
Nicaragua, trabajo que
ha servido de base a
todos los historiadores
para subsecuentes
publicaciones tanto en
medios militares como
civiles. En ocasión
del centenario de esta
batalla, ampliamos la
información histórica
con nuevos e importantes
elementos y documentos
que han permanecido
ignorados durante más de
cien años. Namasigüe
es una pequeña localidad
hondureña ubicada al
Este de la ciudad de
Choluteca, por ello
algunos escritores
políticos --de claras
intenciones mezquinas--
más interesados en
menguar los méritos del
Gral. José Santos Zelaya
que en conocer la verdad
histórica, arguyeron que
«Namasigüe era una
batalla de fábula,
puesto que no existe tal
nombre en la geografía
de Nicaragua». Y tenían
razón, porque
acostumbrados a que en
Nicaragua so-lamente se
generan guerras civiles
fratricidas, asumieron
que Namasigüe era otra
guerra civil más, y no
un capítulo bélico entre
la coalición de los
ejércitos oficiales de
las repúblicas de
Honduras y El Salvador,
en guerra contra el
ejército de Nicaragua.
Y esa es la
trascendencia de La
Batalla de Namasigüe:
fue la batalla
fundamental y culminante
de la principal guerra
internacional que ha
sostenido Nicaragua en
toda su historia.
Namasigüe, y toda la
guerra de 1907, fue la
segunda guerra en que
Nicaragua defendió su
soberanía. La primera
defensa fue en San
Jacinto y La Guerra
Nacional contra los
filibusteros. La tercera
defensa fue la guerra
del Gral. Benjamín
Zeledón contra la
invasión norteamericana.
Y la cuarta --y
última--defensa de la
soberanía fue la guerra
del Gral. Augusto C.
Sandino contra la
ocupación
norteamericana. Todas
las demás guerran han
sido fratricidios
civiles, matanza entre
nicaragüenses para
sostener o derrocar a un
régimen en beneficio de
otro. Caudillos y
dictadores compulsando
guerras entre
nicaragüenses para
satisfacer apetitos de
poder y codicioso
enriquecimiento ilegal e
ilícito. En dos
ocasiones el gobierno
del Gral. José Santos
Zelaya López se
involucró en guerras
centroamericanas, que
fueron fratricidas en el
sentido regional. La
primera en 1894 contra
Honduras, derrocó al
Presidente Domingo
Vásquez Toruño,
instalando en la
presidencia de Honduras
al Dr. Policarpo
Bonilla. La segunda en
1907 contra Honduras y
El Salvador unidos
contra Nicaragua, que
culminó con la Batalla
de Namasigüe, depuso a
Manuel Bonilla y
entronizó a Miguel E.
Dávila. En ambas
guerras el ejército de
Nicaragua entró
victorioso en
Tegucigalpa, la capital
hondureña, y en ambos
casos depuso al gobierno
e instaló a presidentes
afines a la política e
intereses de Zelaya.
De cualquier manera que
se evalúen estos hechos,
se trata de importantes
capítulos de la historia
de Nicaragua que no
solamente son ignorados,
sino que no se estudian
en las escuelas,
colegios ni
universidades
nicaragüenses.
Deliberadamente se han
ocultado a varias
generaciones del pueblo
de Nicaragua por
mezquinas razones de
política partidaria o
servilismo a Estados
Unidos, borrándo estas
realidades de la
conciencia nacional
desde 1909, cuando el
gobierno de J. Santos
Zelaya fue derrocado por
Estados Unidos mediante
el uso de renegados
nicaragüenses armados
con fusiles
norteamericanos,
propagan-da
internacional y dólares.
Los regímenes
conservadores que
ostentaron el poder
desde 1911 a 1928,
impuestos por EE.UU.
tras la caída de Zelaya,
y los regímenes
liberales de 1928 a
1979, igualmente
impuestos a Nicaragua
por el poder de Estados
Unidos, estuvieron
marcados por la
intervención militar
directa de tropas
norteamericanas, y/o por
una permamente
injerencia y control
políticos de los
gobiernos de EE.UU.; por
complacencia o
instrucciones
específicas de esta
potencia, fueron
eliminados estos
capítulos de la historia
de Nicaragua, hasta el
punto de que en el
presente se ignoran casi
totalmente. Ignorancia
que es más lamentable en
la juventud, que está
supuesta a ser estudiosa
e investigadora de la
verdad histórica de
Nicaragua, y no aceptar
propaganda ni consignas,
ni creer en textos
políticos como actos de
fe, y menos repetir
todas las fasedades que
inventan los intereses
creados. El joven
estudiante nicaragüense
está obligado, para
beneficio de su propia
inteligencia y su
libertad, a investigar y
comprobar todo lo que se
pretenda enseñarle.
Para una gran mayoría de
nicaragüenses, conocer
estos hechos históricos,
acontecidos en su propia
tierra, se convierten en
sorprendentes noticias y
revelaciones, más de un
siglo después. Esa es
la misión que nos hemos
impuesto: redescubrir
las zonas ocultadas de
la historia de Nicaragua
y aclarar las que han
sido distorsionadas por
los intereses de los
políticos criollos. Y en
este caso han coincidido
los enemigos
ideo-lógicos del Gral.
Zelaya con los supuestos
liberales que desde 1928
hasta el 2010 se han
interesado más en no
ofender al poderío
norteamericano que en
preservar, cultivar y
difundir los hechos y
valores de la historia
patria. Como Estados
Unidos fue enemigo
declarado de Zelaya,
todos los regímenes
nicaragüenses, durante
un siglo, han
despotricado contra su
compatriota Zelaya o
--al menos--, callaron
sus hechos históricos
positivos, y por ello en
los textos escolares de
cualquier nivel, no
aparecen los hechos,
aciertos ni si-quiera
los errores de ese
gobierno liberal que
gobernó durante los 17
años más trascendentales
de la vida nacional, que
por derecho pertenecen a
la memoria y patrimonio
del pueblo nicaragüense,
quedando únicamente como
material esotérico para
investigadores de alto
nivel, pero escondidos
para los jóvenes
estudiantes durante todo
el siglo XX y lo que va
del siglo XXI.
Expuesto lo anterior,
entremos en materia:
La Guerra de 1907
Honduras y El Salvador
contra Nicaragua La
Batalla de Namasigüe fue
el principal choque de
armas de la guerra de
1907 y sin duda la más
célebre. Namasigüe no
fue la guerra completa,
sino la batalla clave
donde las fuerzas
armadas nicaragüenses
lograron la victoria
principal, derrotando a
los ejércitos combinados
y aliados de Honduras y
El Salvador. La
percepción internacional
fundamentada en las
«noticias» divulgadas
por las agencias
norteamericanas, y
servilmente respaldadas
por los gobiernos
centroamericanos de la
época, que en su
totalidad adversaban a
Zelaya, fue que el
Presidente de Nicaragua
era un «pendenciero
agresor» y así lo
presen-taba la
maquinaria de prensa de
Estados Unidos.
Simplemente Zelaya no se
sometió ni se alineó con
los intereses de Estados
Unidos y su gobierno; y
eso lo convirtió en
«peligroso enemigo» de
la política continental
norteamericana. Sin
embargo, los hechos y
los documentos
evidencian sin lugar a
dudas que la iniciativa
de esa guerra fue de
Honduras y
particularmente del
entonces presidente
hondureño Gral. Manuel
Bonilla, y un extraño
contubernio con el
gobierno de El Salvador,
que constituyen indicios
que fueron
instrumentalizados por
un poder superior,
puesto que ni Honduras
ni El Salvador tenían
motivo para agredir a
Nicaragua, mucho menos
para coaligarse
militarmente para
iniciar y desatar una
guerra. Esta es --en
resumen-- la historia de
la guerra de 1907
debidamente comprobada:
Los Calpules A
finales de Diciembre de
1906 surgió un
movimiento armado
insurreccional en la
República de Honduras.
Los rebeldes hondureños
intentaban derrocar al
gobierno del presidente
Gral. Manuel Bonilla, o
al menos eso se quiso
hacer creer.
Los
insurrectos ocuparon la
plaza hondureña de El
Carrizal, cercano a la
frontera con Nicaragua
por el departamento de
Chinandega. Tenía lógica
la toma de El Carrizal,
porque si fracasaba el
movimiento armado, los
rebeldes se internarían
en Nicaragua buscando
refugio y solicitar
asilo político. Ante
el levantamiento armado
en Honduras, el Gral.
Zelaya, Presidente de
Nicaragua, ordenó la
reconcentración de los
exiliados hondureños
residentes en los
departamentos
fronterizos de Nicaragua
con Honduras, para
evitar que se
involucrasen en el
conflicto y lo
relacionaran con su
gobierno. El
presidente hondureño,
Gral. Bonilla le expresó
su satisfacción y
agradecimiento al Gral.
Zelaya por la precaución
de reconcentrar a los
emigrados hondureños en
Nicaragua. En años
anteriores, Bonilla
había sido refugiado
político en Nicaragua,
al amparo del gobierno
de Zelaya. El
gobierno de Bonilla
envió una considerable
fuerza militar a atacar
a los rebeldes
hondureños a El
Carrizal. Por su parte
Zelaya mandó a reforzar
la frontera con Honduras
para evitar que el
conflicto interno
hondureño afectase al
territorio nicaragüense,
dada la proximidad de El
Carrizal con la frontera
nica. Y especial-mente
envió refuerzos
militares al pueblito
nicaragüense de Los
Calpules, que era el más
cercano al punto
hondureño del conflicto.
Manuel Bonilla, además
de Presidente, era
también General en Jefe
del ejército hondureño,
y le hizo una petición
insólita y absurda al
Gral. Zelaya, Presidente
de Nicaragua,
solicitándole
autorización para que el
ejército de Honduras
penetrara al territorio
nicaragüense para
sorprender a los
rebeldes hondureños y
atacarles por la
retaguardia, evitando
que escaparan huyendo
hacia Nicaragua, lo cual
involucraba al gobierno
de Zelaya en el
conflicto doméstico
hondureño en detrimento
de la soberanía nacional
nicaragüense. Zelaya
rechazó enérgicamente
tan absurda petición,
invocando la neutralidad
y la capacidad de
Nicaragua para desarmar
y concentrar a los
vencidos que lograran
internarse en territorio
nicaragüense, de
cualquier bando que
fuesen.
Sorpresivamente, el 9 de
Enero de 1907, una bien
armada fuerza del
ejército hondureño, bajo
el mando del Gral.
Teófilo Cárcamo, en vez
de atacar a sus
insurrectos hondureños
en El Carrizal, atacó el
resguardo militar
nicaragüense en Los
Calpules, dentro del
territorio nicaragüense.
Posiblemente la decisión
de este alevoso ataque
no fue ordenado por el
Gral. Bonilla, sino por
alguno de sus
exacerbados
lugartenientes, de motu
propio o «aconsejado»
por algun poder
interesado en provocar a
Zelaya. Los soldados
nicaragüenses de Los
Calpules, creyendo que
se trataba de un error,
hicieron señales a las
tropas hondureñas
intentándoles hacerles
entender que no estaban
en Honduras sino en
Nicaragua. Por toda
respuesta, las fuerzas
hondureñas, muy
superiores en número y
armamento al pequeño
resguardo fronterizo
nica, atropellaron todo
lo que encontraron a su
paso en Los Calpules,
incendiaron el poblado,
saquearon incluso los
caseríos inmediatos y
fusilaron a dos soldados
nicaragüenses que habían
tomado como prisioneros.
Sin ninguna duda se
trataba de un acto de
provocación premeditado.
El Gobierno de Zelaya
reaccionó exigiendo
explicaciones y
reparaciones al gobierno
del Gral. Manuel
Bonilla, quien confesó y
aceptó los hechos, pero
lejos de explicar y
reparar la ofensa a
Nicaragua, propuso
acogerse al arbitraje
centroamericano al tenor
del Pacto de Corinto de
1902, firmado en ese
puerto de Nica-ragua.
El Pacto de Arbitraje
Centroamericano de
Corinto era una creación
del Gral. Zelaya que él
mismo había promovido y
patrocinado en el área
centroamericana para
resolver pacíficamente
los conflictos
regionales.
A la
luz del tiempo
transcurrido, todo
parece indicar que esas
provocaciones eran parte
de una conspiración
centroamericana, o al
menos de Honduras y El
Salvador, y muy
posiblemente inspirada y
estimulada por la
política norteamericana,
que al parecer esperaban
que una guerra contra
Nicaragua combinando las
fuerzas militares de El
Salvador y Honduras,
destruiría el régimen de
Zelaya. Enmedio de la
indignación nacional de
Nicaragua, y no obstante
la presión popular de
reaccionar con firmeza y
fuerza, Zelaya aceptó el
arbitraje
centroamericano que se
organizó en San Salvador
en 1 de Febrero de 1907,
con representantes de
Nicaragua, Costa Rica y
Honduras.
Correspondiendo dictar
laudo a Costa Rica y El
Salvador. Este
tribunal
displicentemente pidió,
como paso previo a
cualquier negociación,
que fuesen desarmados y
licenciados los
ejércitos de Honduras y
Nicaragua, lo cual no
era contemplado en el
Pacto de Corinto de
1902, y ponía a
Nicaragua --que no tenia
aliados en
Centroamérica--, en
clara posición de
desventaja. Así lo hizo
saber el Gral. Zelaya al
tribunal
centroamericano.
Honduras en cambio
aceptó la exigencia en
la letra, pero en la
acción subió de tono su
agresividad contra
Nicaragua con arrogantes
y amenazantes notas de
Cancillería, la prensa
hondureña lanzaba
ofensas contra
Nicaragua, y se
multiplicaron las Actas
Municipales atacando con
insolencia a Nicaragua,
actas que el Gobierno de
Honduras acogía,
inspiraba y mandaba a
publicar.
Simultáneamente el
Tribunal Arbitral
Centroamericano, tomando
como pretexto la
negativa de Nicaragua a
desarmarse y liquidar su
ejército, se auto
declaró disuelto y
proclamó la terminación
del Pacto. Esto abona
más a la tesis de la
provocación premeditada
y a la injerencia tras
bastidores de Estados
Unidos. El Presidente
de Estados Unidos
Theodore Roosevelt, el
Presidente de México
Porfirio Díaz, el de
Guatemala Rafael Estrada
Cabrera, el de Costa
Rica Cleto González
Víquez y el de El
Salvador Fernando
Figueroa, ofrecieron una
mediación amistosa. El
presidente Roosevelt es
el mismo que dos años
más tarde ordenó, armó y
financió el
derrocamiento de Zelaya.
Tapacales Iniciándose
estaban estas
«mediaciones amistosas»,
cuando bruscamente el
ejército de Honduras
--en una rápida acción
militar que pretendió
ser sorpresiva--,
intentó invadir
nuevamente a Nicaragua,
atacando la guarnición
fronteriza de Tapacales,
Nueva Segovia, pero las
tropas hondureñas fueron
rechazadas por los
sol-dados nicaragüenses
que ya estaban
preparados para evitar
otra alevosa sorpresa
como había ocurrido en
Los Calpules.
Encabezando una de las
columnas de los
invasores hondureños y
con rango de General de
Honduras, venía un
nicaragüense, enemigo
político de Zelaya y
aliado de Estados Unidos
de nombre Emiliano
Chamorro Vargas, el
mismo que años después
--hecho Canciller de
Nicaragua-- firmó el
denigrante Tratado
Chamorro-Bryan, a favor
de Estado Unidos.
(De la firma de este
tratado se derivó que
Rubén Darío, de
pensamiento liberal y
amigo del Presidente
Zelaya, apodó a Emiliano
Chamorro con el
cognomento de «vendepatria»).
Las fuerzas hondureñas
sufrieron un total
descalabro en Tapacales
a manos de las tropas
nicaragüenses y los
sobrevivientes tuvieron
que regresar derrotados
a Honduras. Zelaya
pasó la ofensiva
convencido de que se le
estaba imponiendo una
guerra desde Honduras.
El Ejército de Nicaragua
preparó las acciones,
organizó tres cuerpos de
combate e inició la
invasión al territorio
de Honduras.
Un
cuerpo de ejército por
el Sur, saliendo por el
departamento de
Chinandega, penetró con
dirección a Choluteca,
comandada por el Gral.
Aurelio Estrada Morales.
La columna del centro
penetró por Nueva
Segovia, bajo el comando
del Gral. Emiliano J.
Herrera, reporto casi
inmediatamente la toma
definitiva de San Marcos
de Colón, que los
hondureños consideraban
inexpugnable, llamándole
«El Puerto Arturo
hondureño». Ya tomada
San Marcos de Colón se
instaló un Gobierno
Provisional de Honduras
que inmediatamente fue
reconocido por el
go-bierno del Gral.
Zelaya. La tercera
fuerza salió de la Costa
Atlántica por mar y
penetró a Honduras por
su costa norte, bajo el
comando del Gral. Juan
José Estrada Morales. La
flota salió de
Bluefields y se tomó las
ciudades de Trujillo y
Puerto Cortés, puntos
donde abastecía de
recursos y elementos de
guerra al Ejército
hondureño. El Gral. Juan
José Estrada Morales, es
el mismo que dos años
más tarde fue
instrumentalizado por
los norteamericanos para
traicionar al Presidente
Zelaya, a cambio de un
año como presidente de
Nicaragua. Namasigüe
La Columna del Sur cruzó
el fronterizo Río Negro,
internándose en el
Departamento de
Choluteca y victoria
tras victoria llegó
hasta Namasigüe, al
Sur-Oeste de la ciudad
de Choluteca, cerca del
actual paso fronterizo
El Guasaule. En
Namasigüe esperaba a los
soldados nicaragüenses
una fuerza combinada de
los ejércitos de
Honduras y El Salvador.
Esta era la sorpresa que
los arquitectos de la
guerra contra Nicaragua
tenían preparada. La
agresividad del
Presidente Manuel
Bonilla y de los
hondureños en Los
Calpules y en Tapacales,
estaba insuflada porque
ya se tenía asegurada la
participación militar
salvadoreña para
apoyarles contra
Nicaragua. En Namasigüe
se encontraban los dos
ejércitos esperando
enfrentarse al Ejército
de Nicaragua y
derrotarle fácilmente.
Reforzando a los
hondureños, estaban
cuatro mil soldados
salvadoreños bajo el
mando del General José
Dolores Preza, quien al
salir de San Salvador,
dijo:
--«Me
amarré las botas en el
Cuartel de El Zapote en
San Salvador, y hoy a
las cinco de la tarde me
las voy a desamarrar en
el Campo Marte de
Managua». Pocos días
antes estos salvadoreños
se habían ofrecido como
«mediadores». La
Batalla de Namasigue
duró siete días, del 17
al 23 de Marzo de 1907.
Los soldados
nicaragüenses
combatieron en
desventaja de número, en
proporción de un
nicaragüense contra
cuatro
hondurosalvadoreños.
En Namasigue pelearon
mujeres mercaderas
--vivanderas-- y
muchachos adolescentes,
impúberes, alentando al
ejército de Nicaragua
con su ejemplo, sus
canciones y combatiendo
con el fusil Mauser en
la mano. La historia
encarnó en esos imberbes
soldados nicas en uno de
ellos: Ramón Montoya
Acevedo, de 14 años, que
cayo muerto en Namasigue,
mientras alentaba a sus
compañeros a salir de
las trincheras para la
ofensiva final contra
los ejércitos enemigos,
cuando cayó casi
llegando a la cumbre de
la Loma de El Grito.
El General en Jefe del
Ejército de Nicaragua
era el Gral. Aurelio
Estrada Morales,
autóctono ciudadano de
Managua. El jefe
Expedicionario de la
Columna Sur del Ejercito
de Nicaragua, a quien le
correspondió dirigir la
Batalla de Namasigüe,
fue el Gral. Nicasio
Vázquez, originario de
Niquinohomo.
El
Ejército del Sur, desde
el inicio de las
operaciones, combatió
con determinación, se
tomaron y ocuparon una
serie de comarcas y
caseríos hondureños,
entre ellos Las Lajas,
Concepción de María, San
Bernardo, El Banco y El
Triunfo. El Gral.
Vásquez decidió dividir
el Ejército del Sur en
dos columnas antes de
penetrar a Namasigüe.
Una bajo las órdenes
del Gral. Juan Bautista
Sáenz, ocupó el poblado
de Namasigüe, y la otra
columna bajo las órdenes
del mismo Gral. Vásquez,
atacó y ocupó la plaza
El Corpus, con el apoyo
de su Jefe de Estado
Mayor, Cnel. Alfonso
Valle Candía. En esos
días se desconocía donde
atacarían las fuerzas
enemigas y el Estado
Mayor del Gral. Nicasio
Vásquez tomaba todas las
precauciones y hacían
todos los cálculos de
las intenciones de alto
mando honduro-salvadoreño.
Las fuerzas
nicaragüenses que
ocuparon Namasigüe
estaban conformadas por
dos batallones de
infantería, una sección
de artillería y un
cuerpo de Oficiales
encabezados por el Cnel.
Adán Espinoza,
comandados por el Mayor
General del Ejército
Juan Bautista Sáenz y su
segundo Jefe, Gral.
Rodolfo Portocarrero.
El día Viernes 8 de
Marzo de 1907 fue
enviado a reforzar el
campamento de Namasigüe
una columna de 500
soldados al mando del
Gral. Roberto González,
conocido después de la
batalla como «El León de
Namasigüe». Con la
llegada de estos
refuerzos, el
contingente militar
nicaragüense en esa
plaza aumentó a 1,400
soldados. El Sábado
16 de Marzo de 1907, día
anterior al inicio de la
batalla, el Ejército del
Sur se preparaba en
varios frentes para la
acometida contra las
fuerzas combi-nadas de
El Salvador y Honduras,
de cuya organización e
intenciones había
información. En
Somotillo y San Bernardo
se preparó la defensa de
las plazas bajo las
órdenes del Gral.
Nicasio Vásquez con su
Estado Mayor. Un
batallón bajo el mando
del Gral. Concepción
Flores, una célebre
compañía denominada «La
Mancha Brava», un
regimiento de caballería
y las tropas acantonadas
en San Bernardo, a la
que fue incorporado el
Mayor General Juan
Bautista Sáenz, a quién
se ordenó trasladarse de
Namasigüe a San
Bernardo, con todo y su
Estado Mayor, una
brigada al mando del
Gral. Fonseca, con
abastos de alimentos,
materiales de guerra y
una batería de
artillería con su
dotación de municiones.
En Namasigüe estaban
preparados en este
frente 1,400 hombres
bajo el mando del Gral.
Roberto Gonzales y el
Gral. Rodolfo
Portocarrero. En la
plaza Concepción de
María quedo acantonada
una compañía y en El
Triunfo se instaló otra
compañía que además
tenía la misión de
controlar los caminos
donde merodeaban los
bandoleros que en
aquellas guerras surgían
para asaltar y saquear a
los campesinos y
hacendados, por el
oportunismo que les
brindaba la anarquía
(«en río revuelto...»).
El Gral. Nicasio Vásquez
organizó con su Estado
Mayor, cuatro batallones
de infantería, un
pelotón de artillería y
una brigada de
caballería al mando del
Cnel. Demetrio Vergara.
Todas estas posiciones
del Ejército de
Nicaragua, se
establecieron en
ubicaciones estratégicas
rodeando la ciudad de
Choluteca, donde se
estaba produciendo la
unificación y
coordinación de los
Ejércitos de El Salvador
y Honduras. Los
salvadoreños comandados
por el Gral. José
Dolores Preza y los
hondureños bajo el mando
del propio Gral. Manuel
Bonilla, Presidente de
Honduras. Ambos
ejércitos, con su fuerza
formidable que superaba
en número a los
nicaragüenses en
proporción de cuatro a
uno, preparaban una
fuerte ofensiva contra
el Ejército de
Nicaragua, que a esa
altura de la guerra no
había experimentado ni
una sola derrota. Los
nicaragüenses no sabían
el punto exacto donde
los aliados honduro-salvadoreños
arremeterían con su
ofensiva.
Domingo
17 de Marzo-1907 El
Domingo 17 de Marzo de
1907 en horas tempranas
de mañana, los
observadores adelantados
del Ejército de
Nicaragua que vigilaban
los movimientos desde
los alrrededores de
Choluteca, llegaron al
campamento de los
Generales González y
Portocarrero a dar el
aviso que las columnas
enemigas se dirigían
directamente a Namasigüe.
Antes del medio día las
fuerzas enemigas estaban
frente a frente en el
accidentado terreno de
esa zona. Los
nicaragüenses estaban
preparados para el
combate. El Gral.
Roberto Gonzáles situó
su columna en el centro
y a la vanguardia, en el
punto más avanzado de la
línea de fuego, junto
con un batallón al mando
del Tnte. Cnel. Onofre
Silva, ocupando el punto
llamado Los Portillos de
Namasigüe. En el ala
izquierda se ubicaron
para el combate los tres
batallones al mando
respectivo de los
Coroneles Isidro
Ramírez, Adán Espinosa y
José de Jesus Uriza.
El ala derecha fue
ocupada por el batallón
del Tnte. Cnel. Ubaldo
Chávez. En la fuerza
del centro del enemigo,
venían los batallones
salvadoreños bajo el
mando del Gral. José
Dolores Preza y su
segundo, el Gral.
Alejandro Gómez. Su
flanco derecho venía al
mando del Gral. Avelar,
el Gral. Licona y el
Cnel. Pilar Martínez.
Por la derecha avanzaban
los batallones
comandados por los
Generales liberales
nicaragüenses
(incorporados al
Ejército de El Salvador)
Paulino Godoy y Benito
Chavarría, los dos
habían sido jefes del
levantamiento en León el
11 de Julio-1893, ahora
convertidos en enemigos
del Gral. Zelaya, a
quien trataban de
derrocar. Mientras
tanto se enviaron
muchachos mensajeros a
los otros comandos,
llevando la noticia que
el enemigo había
decidido atacar en
Namasigüe,
presumiblemente por ser
la ruta a San Marcos de
Colón, donde se había
establecido el Gobierno
Provisional
Revolucionario de
Honduras reconocido y
protegido por los
nicaragüenses.
Hondureños y
salvadoreños presentaron
combate con cinco mil
soldados, mientras los
nicaragüenses defendían
Namasigüe con 1,400
combatientes, antes de
la llegada de los
refuerzos. Se dispuso la
firme determinación de
sostener las posiciones
y combatir conteniendo
al enemigo hasta que
llegaran más tropas de
refuerzo. El mismo
domingo 17 de
Marzo-1907, el enemigo
--que tenía información
del escaso número de
nicaragüenses en
Namasigüe se apresuró a
tomar posiciones,
emplazar sus baterías de
cañones, y comenzaron a
bombardear las
posiciones nicaragüenses
sin causar daños
considerables. Los
nicaragüenses igualmente
respondieron con fuego
de artillería. Era el
primer saludo entre los
contendientes. Lunes
18 de Marzo-1907
Informado en Somotillo
el Gral. Aurelio Estrada
Morales del ataque a
Namasigüe, se trasladó a
marcha forzada con todo
su tren de guerra,
logrando llegar a San
Bernardo en la madrugada
del 18 de Marzo. A
las seis de la mañana
del Lunes 18, el enemigo
inició el fuego de
artillería con mucha más
fuerza y lanzó sus
tropas de infantería
contra las posiciones
nicaragüenses, con el
objetivo de romper las
defensas.
La
información de este
nutrido fuego y ataque
lo recibio el Gral.
Aurelio Estrada, cuando
ya estaba en marcha
acelerada hacia
Namasigüe, llegando al
campo de batalla a las
12 de medio día, en
momentos en que el
enemigo hacia un
tremendo empuje. El
Gral. Estrada llegó con
su tren de guerra en un
momento oportuno. Su
llegada con tropas y
pertrechos levantó el
coraje y la moral de los
soldados y oficiales
nicaragüenses. Una vez
impuesto de la
situación, evaluó la
superioridad numérica
del enemigo y pidió más
refuerzos al campamento
de San Bernardo. El
fragor del combate se
mantuvo fuerte durante
todo el día, aumentando
su intensidad en horas
de la tarde hasta las
siete y media de la
noche. Las bajas eran
considerables en ambos
bandos. Durante la
tarde llegaron mas
refuerzos desde San
Bernardo al mando del
Gral. Fonseca y del Tnte.
Cnel. Alejandro Caracas.
El enemigo logró
desalojar a los
nicaraguenses de una
loma que estaba
defendida por un
contingente de 15
hombres al mando del
Tnte. Cnel. Cornelio
Aráuz, que agotaron las
municiones. Cuando los
desalojados fueron
apertrechados de
elementos, resueltamente
lucharon por recuperar
la pequeña loma.
Tuvieron exito, pero el
Cnel. Aráuz recibio una
herida de bala en la
pierna. Ese día 18 de
Marzo fue el más intenso
y duro para los
nicaragüenses porque el
enemigo hizo una
ofensiva fuerte tratando
de penetrar las líneas
nicas antes que llegaran
más refuerzos. Pero los
nicaragüenses lograron
conservar todas las
posiciones. Informado
el Gral. Zelaya de las
acciones, ordenó al
Gral. Nicasio Vásquez
que se dirigiera con
todo su tren de guerra a
reforzar Namasigüe,
acompañado del Gral.
Terencio Sierria
(hondureño aliado de los
nicaragüenses) y del
Gral. Francisco Altschul
(instructor alemán de la
Escuela Militar
Politecnica de
Nicaragua). Vásquez
se incorporó a la lucha
con fuerzas
significativas: Dos
batallones al mando de
los coroneles Rafael
César Medina y Saturnino
Cuadra. Tres compañías
del batallón comandado
por el Tnte. Cnel.
Julián Corea. Una
brigada de caballería
bajo el mando del Cnel.
Demetrio Vergara y un
pelotón de artillería
con cañones Paret, una
pieza Hotchkisa y
ametralladoras Catlín y
Maxim. Resguardando
el campamento de El
Corpus quedó un
contingente al mando del
Ing. y Cnel. Alfonso
Valle Candía, Jefe del
Estado Mayor del Gral.
Vásquez, formado por el
batallón del Cnel.
Ascención Flores R., una
compañía al mando del
Tnet. Cnel. Julián Corea
y una pieza de
artillería. Martes
19 de Marzo-1907 El
Martes 19 de Marzo a las
10 de la mañana, el tren
de guerra del Gral.
Nicasio Vásquez llegó a
Namasigüe y se incorporó
a la batalla, enmedio
del júbilo de los
soldados y oficiales que
estaban combatiendo
desde el domingo 17. El
fuego estaba intenso
desde la madrugada y
continuaba nutrido.
Las tropas recién
llegadas, no obstante
que venían cansadas por
la marcha forzada y por
el desvelo,
inmediatamente fueron
distribuidas para
reforzar las posiciones
de los combatientes que
estaban aún más cansados
y desvelados. Se
distribuyeron municiones
y se emplazaron las
piezas de artillería.
De San Bernardo
llegaron más refuerzos:
Dos compañías de la
brigada del Cnel.
Ascención Flores al
mando del Tnte. Cnel.
Juan Doña y dos piezas
de artillería al mando
del Cnel. Barriga y del
Mayor Pascasio Bermúdez.
Las tropas honduro-salvadoreñas
habían sido contenidas
por la tenaz resistencia
de los nicaragüenses,
pero quedaba en clara
evidencia que el éxito
se debía al heroísmo de
las tropas de
vanguardia, la columna
central comandada por el
Gral. Roberto González,
que en ese momento fue
declarado por todos los
soldados como «El León
de Namasigüe». Junto al
Gral. González estaba
otro héroe: el Tnte.
Cnel. Onofre Silva
(alias «Chorizo») y sus
soldados. Esta
columna de vanguardia
estaba ubicada en Los
Portillos de Namasigüe
sobre el camino real que
venía de Choluteca.
Otro importantísimo
elemento que se hizo
evidente, no solamente
en la guerra de 1907
sino en todas las
intervenciones
internacionales del
Ejército de Nicaragua,
fue alta calidad
técnico-militar de los
Oficiales nicaragüenses
graduados en la
excelencia educativa e
instructiva de la
Escuela Militar
Politécnica de
Nicaragua, creada por el
Gral. José Santos
Zelaya, con instructores
alemanes y disciplina
teutónica, que hablaban
español, pues llegaron
contratados desde Chile.
Los combates
continuaron y se hizo
sentir que el enemigo
estaba atacando con más
fuerza por el flanco
izquierdo y en la noche
del 19 de Marzo, se
acordó en una reunión de
los jefes militares, que
el Gral. Vásquez
efectuase la operación
de ata-car al enemigo
por el ala izquierda.
Miercoles 20 de
Marzo-1907 El
Miercoles 20 de Marzo el
Gral. Nicasio Vásquez
ejecutó la operación
envolvente saliendo por
el ala izquierda,
correspondiente a la
derecha del enemigo, a
fin de acosarles. Se
sabía que en el ala
derecha del enemigo
había sufrido serios
daños. Vásquez salió
en su misión al frente
de 400 soldados y al
trote la caballería del
Cnel. Vergara y se
dirigieron a la hacienda
San Pedro, propiedad del
nicaragüense don Pedro
E. Díaz, que estaba
ocupada por el enemigo.
La caballería tuvo el
primer encuentro con el
enemigo, y como
resultado fueron
capturados 16 montados
nicaragüenses. La
infantería salió en
apoyo y logró desalojar
al enemigo de la
hacienda San Pedro,
rescató a los 16
prisioneros, coronando
la victoria de ese
encuentro con la huida
de los hondureños que
dejaron abandonados en
la hacienda numerosos
materiales de guerra que
tomaron las tropas
nicaragüenses. En
este encuentro
participaron --además de
los militares--, los
voluntarios civiles
Roberto Bone, Octavio
Eva y el Tnte. Cnel.
Francisco B. Cabezas.
El Gral. Nicasio Vásquez
dejó en San Pedro un
batallón al mando del
Cnel. Saturnino Cabezas
y como su segundo, al
Tnte. Cnel. Cipriano
Joya con una pieza de
artillería; y regresó a
Namasigüe. El resto
del día 20 de Marzo,
continuó el intercambio
de fuego de artillería y
fusilería.
Naturalmente el Gral.
Vásquez en el Parte de
Guerra de La Batalla de
Namasigüe enfatiza que
su acción el la hacienda
San Pedro, fue
determinante para
liberar la presión del
enemigo en el ala
izquierda del Ejército
de Nicaragua. Jueves
21 de Marzo-1907 El
Jueves 21 de Marzo las
fuerzas honduro-salvadoreñas
agresivamente ejecutaron
un movimiento de
flanqueo a la columna
del centro defendido por
el Gral. Roberto
González, que era la que
más estragos les
causaba. Ocuparon
una loma llamada El
Grito, que por sus
abundantes matorrales
les beneficiaba para su
ocultamiento. Y también
otra loma más alta,
donde instalaron un
cañón de 75 mm abriendo
certero fuego, que
inmediatamente fué
respondido con
artillería nica en
contrataque. Se
estableció un intenso
duelo de artillería,
mientras sus rifleros
hostigaban a las tropas
nicas de vanguardia
situadas en Los
Portillos. Se ordenó
repeler el fuego con el
emplazamiento de una
ametralladora Maxim, que
era una novedad bélica
en Centroamérica,
haciendo retroceder al
enemigo en cada descarga
y causándoles numerosas
bajas. Por la noche
hubo una reunión del
Estado Mayor para
analizar y planificar.
Viernes 22 de
Marzo-1907 Por la
noche del Jueves 21, se
planificó en el Estado
Mayor, ejecutar al día
siguiente 22 de Marzo
una maniobra para que,
saliendo por la
retaguardia
nicaragüense, hacer un
movimiento envolvente
para caer sobre las dos
alturas ocupadas por el
enemigo. La operación
se encargó al Gral.
Terencio Sierra que
cumplió cabalmente con
la misión, comandando un
batallón armado con una
ametralladora Maxim
operada por una escuadra
bajo el mando del Cnel.
Emilio Castillo
Chamorro, logrando
sorprender al anemigo
después de rodearles
durante la noche del 22
de Marzo, en el más
absoluto silencio.
Sábado 23 de
Marzo-1907 Las
fuerzas aliadas del
enemigo fueron
sorprendidas por las
tropas nicaragüenses la
mañana del sábado 23 de
Marzo, cuando recibieron
un intenso fuego de
fusiles y de la pieza
automática Maxim. El
Gral. Nicasio Vásquez
sabía que esa maniobra
era sumamente audaz, y
para realizarla escogió
al Gral. Terencio
Sierra, y con un
batallón al mando del
Cnel. Emilio Castillo
Chamorro y los
artilleros con la
ametralladora Maxim,
salieron la tarde del
viernes 22 de Marzo.
El batallón se desplazó
por veredas durante la
noche, abriéndose camino
en la oscuridad y con
mucho sigilo. En la
mañana del 23 de Marzo
tomaron posiciones
instalaron la
ametralladora Maxim y
abrieron fuego contra el
enemigo que estaba como
a trecientos metros,
sorprendiendo al
adversario e
impresionándoles con la
precisión de tiro y el
poder de fuego de la
fusilería y la
ametralladora. Temprano
en la mañana lograron
concluir la operación
con éxito. En esta
expedición participaron
tres personajes que
merecieron elogios en
los partes oficiales.
Ellos eran los doctores
Zenón R. Rivera,
Benjamín Francisco
Zeledón Rodríguez y
Roberto Bone quienes se
comportaron con
inteligencia y valor en
sus respectivos puestos
de combate, sin ser
soldados profesionales.
Benjamín Zeledón, que
era un joven abogado de
28 años en esta batalla,
ganó por su valor e
inteligencia en combate,
el rango de Coronel del
Ejército de Nicaragua.
Al finalizar el
enfrentamiento
confirmaron los
expedicionarios nicas
que las fuerzas enemigas
en esa posición estaban
comandadas por los
generales nicaragüenses
Paulino Godoy, Benito
Chavarría y Hernández,
quienes no lograron
reponerse del sorpresivo
ataque, abandonaron la
posición y se retiraron
dispersos encauzándose
por el fondo de una
cañada, tomando rumbo
hacia la ciudad de
Choluteca, cuando apenas
eran las 8:30 de la
mañana del sábado 23 de
Marzo. A misma hora
el Gral. Nicasio Vásquez
destacó al Teniente
Coronel Alejandro
Caracas, ordenándole
desalojar al enemigo de
la loma El Grito, lo que
consiguió después de
cruda refriega. El
General Roberto González
que observaba desde sus
posiciones todos
aquellos movimientos,
envió un informe
señalando: --«observo en
el enemigo síntomas de
fuga, pues están
enganchando las piezas
de artillería». Con
este reporte el Gral.
Nicasio Vásquez ordenó
de inmediato generalizar
el ataque y arrollar al
enemigo, con el fin de
capturar todo su tren de
guerra antes de que se
reorganizara. El
Gral. González,
acompañado por el
Coronel Rafaél César
Medina, salió por el
centro persiguiendo al
enemigo cerca de una
legua. El enemigo
huyó despavorido
dirigiéndose a la ciudad
de Choluteca buscando
protección, cuando
llegaron quedó
manifiesta una intensa
desmoralización, que los
soldados derrotados
expresaban con
deserciones,
insubordinación y
cometiendo grandes
desórdenes y abusos.
El Ejército de Nicaragua
dedicó la noche del 23
de Marzo a
reorganizarse, evaluar
las bajas de ambos
bandos y dar reposo a
las tropas después de
siete días de fatiga por
la tensión del combate,
el esfuerzo de la lucha
y los desvelos. En la
mañana del 24 de Marzo,
cuando se preparaba la
marcha sobre Choluteca,
aparecieron dos
parlamentarios portando
banderas blancas. A
cierta distancia se
creyó que eran
mensajeros del enemigo,
pero resulto que eran
don Rafaél Bonilla y don
Isaac Reyes, dos
enviados de don José
Dolores Portocarrero,
nicaragüense residente
de Choluteca, que
enviaba una nota
dirigida al Gral.
Vásquez, informándole
que las tropas
hondureñas y
salvadoreñas, después de
ser derrota-das en
Namasigüe, huían hacia
la frontera salvadoreña;
que el General Manuel
Bonilla y los jefes
principales de su
disuelto ejército,
tambien habían huido; y
que la plaza de
Choluteca estaba
completamente
desmantelada y
desocupada. El Gral.
Vásquez ordenó preparar
una vanguardia al mando
del Gral. Porto-carrero
para que avanzara de
forma inmediata sobre
Choluteca, mientras se
reorganizaban las tropas
nicaragüenses. Por su
parte el Gral. Aurelio
Estrada, Comandante en
Jefe del Ejército de
Nicaragua, ordenó el
avance sobre Choluteca
de las fuerzas que
estaban en Los Prados,
lo mismo que las recién
llegadas tropas al mando
del Gral. Dionisio
Estrada, que el día
anterior había ocupado
el Valle de San José.
Pocas horas después
salió el Gral. Vásquez,
acompañado del General
Roberto González y parte
del ejército
nicaragüense hacia
Choluteca. El ingreso
de las tropas
victoriosas a Choluteca
se realizó el Domingo 24
de Marzo de 1907 a las
2:00 de la tarde. En
el campo de batalla de
Namasigüe, quedó un
contingente nicaragüense
al mando de los
Generales Terencio
Sierra y Francisco
Altschul, encargados de
ex-plorar el campo y
enviar a Choluteca el
tren de guerra y
artillería. Ocupada
la ciudad de Choluteca,
se organizaron los
batallones para la
persecución de las
fuerzas honduro-salvadoreñas,
a fin de no darles
tiempo ni oportunidad de
reorganizarse. Esta
fuerza nicaragüense se
tomó los pueblos de
Nacaome y San Lorenzo,
de donde el enemigo
salió huyendo en
dirección de la frontera
salvadoreña. En el
camino el enemigo iba
dejando abandonadas las
piezas de artillería que
les estorbaban para la
huida. El Gral. Vásquez
dijo: --«Se
capturaron elementos de
guerra, como una
excelente pieza de
artillería de siete y
medio de fabricación
inglesa, muy moderna, de
considerable fuerza
destructora y de mucho
alcance y con bastante
parque (munición). En el
campamento de Apazarú,
que había utilizado el
enemigo durante la
acción, se encontraron
otros dos cañones,
aunque faltándoles
piezas importantes. Se
recogieron también
numerosos rifles y
parque (municiones) de
varias clases». Con
la victoria del Ejército
de Nicaragua en
Namasigüe, prácticamente
ter-minaba la guerra de
1907, que se inició por
las provocaciones del
Presidente de Honduras,
Gral. Manuel Bonilla,
empujado y comprometido
por fuerzas ex-ternas
que le garantizaron una
total victoria con la
participación del
Ejército de El Salvador,
pero ni los dos
ejércitos unidos
lograron derrocar al
Presidente Gral. José
Santos Zelaya, que era
el verdadero objetivo de
la potencia que provocó
la guerra con ese fin.
Pero Namasigüe no
fue la última batalla.
Las tropas del Ejército
de Nicaragua dieron
persecución a las tropas
adversarias que huían.
Los salvadoreños, con su
jefe el Gral. José
Dolores Preza, el hombre
que se iba a quitar sus
botas en el Campo de
Marte de Managua,
cruzaron la frontera
honduro-salvadoreña y
penetraron en su
territorio en busca de
refugio. Las columnas
nicaragüenses
persiguieron a las
tropas hondureñas que se
dirigían a Tegucigalpa
en forma desordenada y
en busca de protección.
Poco antes de llegar a
Tegucigalpa les dieron
alcance y les forzaron a
combatir en un lugar
llamado Maraíta. La
Batalla de Maraíta
El ejército hondureño se
reorganizó lo mejor que
pudo en Maraíta, cerca
de Tegucigalpa, al mando
del Gral. Sótero
Barahona, Ministro de
Guerra de Honduras. El
combate en Maríta fue
intenso y duró tres
días. El Gral. Emiliano
J. Herrera, que
comandaba la
persecución, y sus
soldados nicaragüenses
sabían que este era el
último reducto hondureño
antes de Tegucigalpa.
Sótero Barahona fue
derrotado por las tropas
nicas bajo el mando del
estratega nicaragüense
Gral. Emiliano J.
Herrera. La Batalla de
Maraíta fue la
culminación y
consumación de la guerra
de 1907. Capitulación
de Tegucigalpa y
rendición del Gral.
Bonilla El Presidente
Manuel Bonilla salió
huyendo a refugiarse en
la isla de Amapala en el
Golfo de Fonseca.
Después de Maraíta,
Tegucigalpa capituló y
las tropas nicaragüenses
entraron, a la ciudad,
tomando posesión de la
capital de Honduras.
Los nicaragüenses no
habían sufrido ni una
sóla derrota en ningún
combate. En cada campo
de batalla el Ejército
de Nicaragua escribió
una victoria. Por el
Atlántico las fuerzas
nicaragüenses ya habían
penetrado en territorio
hondureño y
profundizaron la marcha,
hasta capturar la plaza
de Comayagua, antigua
capital de Honduras.
En todo el territorio de
Honduras, solamente
quedaba el reducto de la
pequeña isla de Amapala
en el Golfo de Fonseca,
donde estaba refugiado
el Presidente hondureño
Gral. Manuel Bonilla.
Una flota de tres
vapores medianos bajo el
comando del Gral. Julián
Irías, inició la
ofensiva final sobre
Amapala. Tropas
comandadas por el
General hondureño
Terencio Sierra (aliado
de Nica-ragua, como
Emiliano Chamorro,
Benito Chavarría y Godoy
eran aliados de los
hondureños),
desembarcaron con
artillería en las islas
vecinas, y tanto desde
las islas como desde los
vapores, se inició el
bombardeo sobre Amapala,
interrum-pido varias
veces a causa de las
mediaciones diplomáticas
y consulares
espacial-mente de
Estados Unidos que
pedían al Gral. José
Santos Zelaya, se
respetara la vida del
Presidente de Honduras.
El Gral. Bonilla se
rindió y se le permitió
marcharse pacíficamente
al extranjero, previa
entrega de todo el
armamento que le quedaba
en su último refugio de
Amapala. El Gobierno
del Gral. José Santos
Zelaya impuso en
Honduras como
presi-dente, provisional
al Gral. Terencio
Sierra, que a su vez
depositó la presidencia
en la persona de don
Miguel E. Dávila, que
gobernó de 1907 a 1911.
El Gral. Terencio Sierra
era un hondureño casado
con la dama nicaragüense
doña Carmen de Sierra,
de Granada. El Gral.
Terencio Sierra había
sido Presidente de
Honduras de 1900 a 1903.
Sin embargo el Gral.
Sierra prefirió vivir
sus últimos días en
Nicaragua y sus restos
descansan en el
cementerio de Granada.
Dos años después de la
Guerra de 1907 (y de
Namasigüe), en una
conspiración y rebelión
creada, armada y
financiada por Estados
Unidos, que culminó con
la comunicación oficial
del gobierno
norteamericano, la
indignante Nota Knox,
derrocó al Presidente
Zelaya, acusándole de
«guerrerista e
imperialista», títulos
exclusivamente
reservados para las
potencias, y de
«perturbador de la paz
en Centro América».
Cinco años después,
en 1912, tropas de la
infantería de Marina de
Estados Unidos, ocuparon
militarmente Nicaragua,
y se quedaron hasta el
primero de Ene-ro de
1933. El único
recuerdo que queda de
aquellas batallas
libradas y ganadas por
las tropas nicaragüenses
en suelo extranjero, es
el olvidado monumento
que reza: «Homenaje
al Soldado
Nicaragüense», que la
gente solamente sabe que
se llama «La estatua de
Montoyita», sin saber de
qué se trata. En el
año 2007, un siglo
después de Namasigüe,
ese monumento está en
total abandono, sucio,
manchado con papeletas y
consignas pintadas por
grupos políticos que
jamás han defendido la
soberanía de Nicaragua.
Sobre la cabeza de Ramón
Montoya Acevedo, pasan
los cables eléctricos, a
la vista paciencia e
ignorancia de gobiernos
liberales,
conservadores,
sandinistas y del pueblo
nicaragüense ignorante
de sus glorias. En el
parte oficial de la
Batalla de Namasigüe, el
Gral. Nicasio Vásquez
informa: --«Merece
especial mención por sus
actos distinguidos de
valor, el General don
Roberto González, que se
mantuvo durante los
siete días del combate
en la línea de fuego,
sin abandonarla ni un
momento, animando con el
ejemplo a sus sol-dados
e identificándose con
ellos en la privación,
el sufrimiento y el
coraje». De la misma
forma se destaca al
jovencito Ramón Montoya,
de 14 años, que murió en
la batalla saliendo de
las trincheras al frente
de su patrullas
«mientras señalabas las
posiciones del enemigo y
avanzaba sobre ellos».
La lista oficial de
héroes es extensa y la
damos a conocer porque
en la actualidad viven
miles de descendientes
que seguramente
reconocerán a sus
antepasados y
confirmarán las
historias y leyendas
familiares transmitidas
de generación en
generación; e incluso
muchos aún conservan
documentos y fotografías
de los oficiales,
soldados y civiles,
calificados como héroes
de la guerra de 1907:
Coroneles: Isidro
Ramírez Adán Espinoza
José de Jesús Uriza
Rafaél César Medina
Emilio Castillo Chamorro
Demetrio Vergara
Alfonso Valle Candía
Tenientes Coroneles:
Onofre Silva
Alejandro Caracas
Cornelio Aráuz César
Baldizón Sargentos
Mayores: Marcelo
Castañeda Leonidas
Alvarado Carlos
Castillo Capitanes:
Lisandro Mairena
Leandro Juárez
Evaristo Urcuyo
Tenientes: Tomás
Lagos Antonio Ramírez
Juan Herrera Moya
Lisandro Lacayo
Filiberto Morales
Juan J. Jerez José
María Sobalvarro Sub
Tenientes: José
Dávila R. Victoriano
López Manuel Alejos
Guillermo Esquivel
Antonio Huelvas Angel
Rodríguez (abanderado)
Cadetes: Salvador
Sobalvarro José
Dolores Alonso
ARTILLEROS
Sargento Mayor
Sebastián Solórzano
Capitanes: Desiderio
López Manuel Solís
Alonso J. Martínez
Tenientes: Ramon Ruíz
Francisco Sánchez
Manuel Arróliga
Abelardo Tijerino
Juan Pablo Pacheco
Coronel Retirado:
Gabriel Uriarte
Medicos de Campaña:
Dr. Pedro González
Dr. Rodolfo Espinoza R.
Dr. Juan F. Gutiérrez
Dr. Heliodoro Robleto
Dr. Jorge Gutiérrez
Civiles: Don Enrique
Cerda Don Fernando
Saballos Dr. Juan
Carlos Serrano De
acuerdo con el informe
oficial del Gral.
Nicasio Vásquez, el
número de bajas
nicaragüenses fue
establecida en ochenta
(80) muertos y
doscientos veinte (220)
heridos y contusos.
El mismo Parte de
Guerra evaluó que las
cifras de las bajas del
enemigo ascendieron a
mil (1,000) entre
muertos y heridos. Un
mes después de la
guerra, el Ministro
(Embajador)
norteaméricano en
Honduras Philip Brown,
solicitaba al Gral.
Zelaya en nombre del
Gobierno de El Salvador,
que se organizara una
conferencia entre los
dos países para firmar
la paz. En El
Salvador se temía que
Zelaya --con el dominio
sobre Honduras y
Nicaragua-- invadiera a
El Salvador en castigo
por su inesperada e
injustificada
participación en la
guerra de agresión
contra Nicaragua.
Pero Zelaya conocía el
interés de Estados
Unidos por evitar un
acción contra El
Salvador y concedió lo
que se llamó
Conferencias de Amapala,
que se ralizo en la
misma isla del Golfo de
Fonseca que había
servido de último
refugio al presidente
Bonilla. A las
Conferencias de Amapala
concurrieron los
Ministros de Relaciones
Exteriores de Nicaragua
y El Salvador,
finalizando con la firma
de un Tratado de Paz,
Amistad y Comercio, con
lo que quedaron
restablecidas las buenas
relaciones entre ambos
países, olvidando
rencores. El 10 de
Mayo de 1907 en su
informe al Congreso
Nacional, el Presidente
de Nicargua el Gral.
José Santos Zelaya López
definió así el Tratado
con El Salvador:
--«...Reestablecimos
relaciones sin
reminiscencias que
pudieron lastimar y en
condiciones tan
generosas como las que
correspondían a pueblos
hermanos y amigos, que
han vivido siempre en la
mejor armonía». Con
Honduras no era
necesario ningún Tratado
porque el Gobierno
impuesto por Zelaya,
estaba totalmente de
acuerdo con el
gobernante nicaragüense.
En 1922 murió el General
en Jefe del Ejército de
Nicaragua, Gral. Aurelio
Estrada Morales en su
finca de Motastepe,
junto al cerro arenoso
del mismo nombre, a
siete kilómetros del
centro de Managua. El
gobierno conservador le
tributó honores de jefe
de estado rendidos por
un pelotón militar de
protocolo. Sus restos
yacen olvidados en el
cementerio del caserío
de Motastepe, como
ocurre con muchas
grandes y gloriosas
figuras de la
desconocida historia de
Nicaragua. Nuestras
investigaciones sobre La
Guerra de 1907 y La
Batalla de Namasigüe
continúan, lo mismo que
investigaciones sobre
otras batallas
históricas de Nicaragua.
Ampliaremos este informe
en la medida que
concluyamos capitulos o
segmentos de estos
temas. Nicolás López
Maltez Miembro de
Número de la
Academia de Geografía e
Historia de Nicaragua
y Miembro
Correspondiente de
la Academia de Geografía
e Historia de Guatemala. |